jueves, 23 de enero de 2014

Arquitectura Civil en Jaén. Real Pósito de Labradores y Diezmo de CARBONEROS

 
Fachada del Real Pósito de Labradores y Diezmo de Carboneros
(foto: archivo propio)

Carboneros es una pequeña localidad situada al Norte de la Provincia de Jaén, en la orilla de la N-IV Madrid-Cádiz y pertenece al grupo de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, mandadas fundar por el rey Carlos III en la segunda mitad del siglo XVIII. El impulsor del proyecto fue el intendente Pablo de Olavide, que dio especial importancia a la institutción agraria del Pósito, que en estas poblaciones fue mucho más que un simple almacén de grano, no sólo desde el punto de vista social y político, por su función y utilidad, sino también urbanístico -quizás reflejo de las anteriores-, pues estos edificios ocupaban un lugar preeminente en el entramado urbano de estas villas.
Tuve la suerte de contar con un guía de excepción en mi visita al Pósito de Carboneros, reconvertido hace pocas semanas en un nuevo centro de interpretación sobre la historia de la población. Don Domingo Bonillo, alcalde de Carboneros, me acompañó gustoso en un recorrido por el interior de este edificio, que como centro de interpretación está dando ahora sus primeros pasos y dándose a conocer y para el que nuestro alcalde tiene grandes planes. 
Mil gracias a Don Domingo, por su simpatía y por su tiempo.

EL EDIFICIO

El Pósito de Carboneros fue levantado entre 1771 y 1774. Se sitúa justo enfrente de la Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción (poder civil y poder religioso mano a mano). Es un edificio sobrio y funcional. Está hecho en piedra, dispuesta en hiladas regulares, finamente tallada en la puerta de acceso y en los pilares del interior que sostienen la estructura, aunque la construcción está encalada en su mayor parte.

Interior del Pósito
(foto: archivo propio)

Artesonado de madera del techo
(foto: archivo propio)
  
Responde a una tipología habitual en todas las nuevas poblaciones de la Sierra Morena jiennense: una gran nave de planta rectangular dividida longitudinalmente por una doble arquería de medio punto que descansa sobre fuertes pilares de sección cuadrada en sillería. Se cubre con tejado a dos aguas, dejando a la vista en el interior un interesante artesonado de madera. En los extremos, dos naves más pequeñas también rectangulares se disponen perpendicularmente a la principal. El conjunto, por tanto, dibuja una planta en forma de "U", con un amplio patio trasero.

Planta del Pósito de Carboneros

Al exterior, el pósito presenta una estructura horizontal, una larga fachada apaisada de una sola planta que tiene en la puerta principal adintelada su eje de simetría, a la que se llega mediate una escalera de doble tramo en los laterales (en realidad escalones en uno y rampa en el otro). Esta puerta, hecha de sillares, queda flanqueada por dos ventanales rectangulares a cada lado, mientras que sobre ella se sitúa un pequeño óculo.
El caso de Carboneros cuenta con la peculiaridad de ser el único pósito de las Nuevas Poblaciones, junto al de Montizón, que posee un sótano que ocupa toda la planta del edificio.

SU FUNCIÓN A LO LARGO DE LA HISTORIA

La finalidad de este tipo de edificios en las Nuevas Poblaciones no era sólo, como decíamos anteriormente, la de almacenar el grano. También se prestaba grano a los colonos agricultores para la siembra. De ahí que entre finales de la época invernal y durante la primavera apenas hubiera grano almacenado, que se reponía en junio o julio. Las cantidades prestadas se reintegraban incrementadas con las "creces", que solían ser de medio celemín por fanega (una fanega contenía doce celemines). En época de escarda (arranque de las malas hierbas) o barbecho, se podía prestar a los agricultores trigo o dinero. También se facilitaba pan cuando éste escaseaba o su precio era elevado. Las autoridades pretendían con ello paliar los efectos sobre la población de los años de malas cosechas.
De esta manera, el pósito cumplía una importante función social, potenciada por los ilustrados desde el mismo momento de la fundación de estas nuevas poblaciones. Además, en el propio edificio los ilustrados enseñaban a los colonos técnicas para mejorar sus cosechas. La superintendencia tenía el control de lo que se sembraba y daba instrucciones a las Juntas de Pósito de cómo debían distribuir los granos.
Este pósito fue utilizado también como polvorín por el ejército francés en la Guerra de Independencia (1808-1814). Posteriormente funcionó como escuela y durante la Guerra Civil se usó como cárcel. Fue cine del pueblo e incluso se celebraron bodas aquí. Biblioteca y centro cultural más recientemente, en definitiva ha sido y es un edificio muy ligado a la historia de las gentes de Carboneros.

.
Panel explicativo y uno de los objetos expuestos en el nuevo centro de interpretación,
ubicado en el Real Pósito de Carboneros
(foto: archivo propio)

En Agosto de 2013, la Diputación de Jaén firma un convenio con el Ayuntamiento de Carboneros para la conversión del Real Pósito en un centro de interpretación sobre el pasado de la villa en el marco de las Nuevas Poblaciones. La inauguración tiene lugar en Diciembre de 2013. La exposición se apoya en paneles explicativos que se alternan con aperos y útiles de labranza que ayudan a ilustrar el desarrollo de los contenidos, que giran en torno a la Historia de Carboneros, la agricultura, función del pósito y tradiciones de la localidad. La intención del alcalde, Don Domingo Bonillo, es la de seguir dotando al centro de interpretación de objetos y fotografías antiguas que enriquezcan la exposición, así como celebrar actos de interés para el municipio y la comarca en este renovado espacio.


Enlaces de interés:

Ayuntamiento de Carboneros
Noticia de la inauguración del centro de interpretación (16-12-2013). Diputación de Jaén



 

domingo, 19 de enero de 2014

En los fogones de Jaén. BACALAO AL HORNO CON BECHAMEL

Hoy una receta, sabrosa y muy sana, con bacalao fresco como ingrediente principal. El bacalao es un pescado blanco y, por tanto, posee un bajo contenido graso. Su carne es rica en proteinas y en vitaminas y minerales. En relación con los minerales, destaca la presencia de potasio y fósforo. El potasio es un mineral necesario para el buen funcionamiento del sistema nervioso y la actividad muscular e interviene en el equilibrio de agua dentro y fuera de la célula, mientras que el fósforo está presente en huesos y dientes, interviene en el sistema nervioso y en la actividad muscular y participa en procesos de obtención de energía. Por todo ello es fundamental en la dieta, sobre todo de niños y adolescentes.
Esta receta es gentileza de mi cuñada Jose, a la que le gusta tambien experimentar en la cocina.




 Fotos: Mª Cristina Gimeno Ramos

Ingredientes:

- Un kilo de bacalao fresco.
- Un bote de tomate frito casero.
- Queso rallado para gratinar.
- Aceite de oliva virgen.
- Harina.
- Sal.

   - Para la bechamel:

   - Cuatro cucharadas de aceite de oliva virgen.
   - Medio litro de leche.
   - Dos cucharadas de harina o de Maizena.
   - Sal.
   - Nuez moscada.


Modo de hacerlo:

Troceamos el bacalao, lo secamos bien y lo salamos a gusto. En una sarten ponemos un poco de aceite y, una vez enharinado, freimos el bacalao (sellamos). Empezamos a freir por la parte de la piel, para que no se nos deshaga. Reservamos.

Hacemos la bechamel de la siguiente manera: Calentamos el aceite, echamos la harina y removemos, tostando un poco la harina. Añadimos la leche, poco a poco, sin dejar de remover. Añadimos sal y nuez moscada. Cocemos durante diez minutos, aproximadamente, para que no sepa a cruda. La bechamel debe ser ligera. Si no nos queremos complicar, podemos comprarla ya hecha.

En una fuente grande para hornear, o bien en una cazuela de barro, ponemos el tomate frito casero, haciendo una cama para depositar el bacalao ya sellado. Vertemos la bechamel sobre el bacalao y por último el queso rallado.
Precalentamos el horno, colocamos la fuente y gratinamos.


Buen provecho.

 


viernes, 10 de enero de 2014

El Molino-Museo de Santa Ana en VALDEPEÑAS DE JAÉN


.


Vista exterior del molino-museo de Santa Ana en Valdepeñas de Jaén
(foto: archivo propio)

¿CÓMO LLEGAR?

Plano de situación del Molino-Museo de Santa Ana en Valdepeñas de Jaén

Municipio: Valdepeñas de Jaén
Localización: SO de la Provincia de Jaén
Comarca: Sierra Sur
Distancia a la capital: 36 km.
Acceso: carretera A-6050
Dirección: C/ Santa Ana, 29
Teléfonos de contacto: 953310044 / 953310798 / 953310111

El molino-museo de Santa Ana se encuentra en la localidad de Valdepeñas de Jaén, situada en la comarca de la Sierra Sur, a 36 km. de la capital por la carretera A-6050.
El edificio se localiza en el Oeste del casco urbano de la población, en la Calle Santa Ana, casi en la salida ya por la estrecha carretera que conduce a la ermita del Cristo de Chircales, patrón de Valdepeñas de Jaén, y muy cerca del cauce del río de la Ranera.

ORIGEN DEL MOLINO ALTO DE SANTA ANA

Valdepeñas de Jaén fue fundada en 1539 como una nueva población dentro del proyecto de colonización y repoblación de las sierras situadas al Sur de Jaén emprendido en 1508, tras la normalización y definitiva integración del reino de Granada. Desde 1539 fue trazándose y construyéndose el urbanismo en damero de la naciente población, según los principios urbanísticos renacentistas. Hacia 1550 el núcleo estaba constituido plenamente, aunque como lugar dependiente de la jurisdicción de Jaén. La pujanza e incipiente actividad económica y social del lugar de Valdepeñas originó la petición hecha al rey Felipe II, por parte del Cabildo municipal, de la concesión de jurisdicción propia, alcanzando el estatus de villa independiente en el año 1558.
En los documentos fundacionales de Valdepeñas (1539) se preveía la construcción de molinos señalando lugares para tal fin, concretamente en la Torrentera de los Osarios, usando las aguas del Vadillo de los Berros y la fuente de los Chorros. Se concedieron estos lugares a censo en pública subasta, recayendo en el vecino Juanín LeClerque. El beneficiario tendría que pagar un canon anual consistente en el pago de 70 fanegas de trigo anuales al Concejo de la villa a cambio de esta cesión perpetua o por largo tiempo. Además, el contrato establecía el monopolio de la construcción de molinos, por lo que Valdepeñas contó con dos molinos hasta el siglo XIX: el Alto de Santa Ana y el Bajo de Santa Ana.

EL MOLINO ALTO DE SANTA ANA
MÁS DE CUATRO SIGLOS DE HISTORIA

El molino Alto de Santa Ana fue el primero en funcionar en Valdepeñas, comenzando a moler el día el 15 de agosto de 1540 y contaba con dos piedras de molienda. Su dueño, Juanín LeClerque, construyó más adelante un segundo molino, llamado el Bajo de Santa Ana, que también disponía de dos piedras. Este último no se conserva en la actualidad.
LeClerque, natural de Flandes, fue un criado del Emperador Carlos I, que llegó a Valdepeñas durante la repoblación en 1539. Su hijo, Diego LeClerque vendió los molinos a Agustín de Arceo, su padrastro, tras casarse con la viuda de Juanín LeClerque.
Desde finales del siglo XVI hasta el siglo XX, los molinos se engloban dentro del Mayorazgo de los Arceo. Este Mayorazgo fue fundado por el mencionado Agustín de Arceo en 1576 con los bienes que poseía en Valdepeñas. El Mayorazgo fue heredado por numerosos descendientes, llegando incluso a perderse el apellido de los Arceo, que fue sustituido por el de los Gamboa, cuando Manuel Gamboa y Hurtado de Mendoza, oidor de la Real Chancillería de Granada, casa con Josefa de Aguilera Miranda‑Arceo.
En el siglo XVIII hubo de ponerse en práctica la claúsula del contrato que establecía el monopolio de los molinos. En 1787, el batán de la localidad, que había sido construido por doña Catalina González de Medina, y que se había utilizado hasta entonces para escardar lana, fue transformado en molino. Los Arceo pusieron entonces unos pleitos pues se había atentado contra el derecho único que el Mayorazgo tenía sobre las aguas y los molinos de Valdepeñas, al convertir en molino el batán. Éste había pasado en propiedad al Marqués de Navasequilla, quien finalmente perdió estos pleitos en 1815 y hubo de entregar al Mayorazgo de Arceo la propiedad del batán, en pago de las costas. El Mayorazgo poseía, de esta manera, tres molinos en Valdepeñas a partir de este momento.
Una vez que se suprimen los mayorazgos se puso fin también al monopolio que sobre los molinos poseía el Mayorazgo de los Arceo. Es en esta época (último tercio del siglo XIX) cuando se construyen un buen número de molinos en Valdepeñas, llegando a existir hasta nueve molinos de harina. Entre ellos se encontraban los molinos del Estanquillo, Fuente de los Chorros, Molinillo, Veredón y Chircales. Buena parte de estos molinos se fueron perdiendo con el tiempo, la mayoría anegados por el agua.

 Piedras del molino
(foto: archivo propio)

 Uno de los rodeznos hidráulicos que movían las piedras de moler
(foto: archivo propio)

Desde 1904 el Molino Alto de Santa Ana pertenece a descendientes de los Marqueses de Navasequilla, naturales y vecinos de Valdepeñas, hasta que en 1931 el molino es vendido a Jacinto Parra Martínez, vecino también de Valdepeñas y molinero. Es la primera vez que el molinero pasa a ser propietario del molino. Hasta la fecha los propietarios del molino se limitaban a explotarlo y a arrendarlo a quienes trabajaban en él. En 1979 y debido a su bajo rendimiento, es cerrado después de más de cuatro siglos de actividad. En la actualidad, el molino, reconvertido en museo, sigue perteneciendo a la familia Parra, concretamente a los hermanos Serafín y José Parra Delgado.
En 1998 es declarado Bien Cultural por la Junta de Andalucía. En 1999 se crea la Asociación Cultural "Molino Alto de Santa Ana", que se ocupará de la restauración del inmueble y la creación del museo, con la participación de fondos europeos. La inauguración del edificio tiene lugar en verano de 2001.

LA ESTRUCTURA DEL MOLINO-MUSEO

El edificio que alberga el molino ha sufrido numerosas reformas desde su creación. En la actualidad podemos encontrar una edificación de tres plantas, de forma irregular. La construcción se encuentra en bancadas, adaptándose a la falda de una ladera. La entrada al edificio se hace por un amplio zaguán en el que hay expuestos infinidad de objetos relacionados con oficios tradicionales, así como otros domésticos o decorativos, pero sin perder ese toque costumbrista y sabor de antaño. 

Zaguán de entrada del edificio
(foto: archivo propio)

De aquí se pasa a una pequeña estancia, la "cocina", en la que se muestran, de nuevo, todos esos cacharros y enseres que muchos hemos visto en casa de la abuela.

La "cocina"
(foto: archivo propio)

La cocina está contigua al patio. Podemos contemplar en él dos grandes piedras del molino para moler el trigo y un pequeño lavadero techado. De aquí parte una escalera que asciende hasta una pila que recibe el agua que, canalizada a partir de este punto, es la responsable del funcionamiento del molino, moviendo los rodeznos. Hasta 1985 se conservó la alberca original.


Pila recptora del agua que mueve los rodeznos
(foto: archivo propio) 
  
La zona más interesante del molino es precisamente la que alberga la maquinaria que permitía su funcionamiento. En este ala, la planta baja, semisubterránea, está ocupada por dos cárcavos, huecos en la roca donde giran los rodeznos. Probablemente sea la única parte del edificio que no ha sufrido modificaciones desde su creación. Está construida con sillares, con un acabado muy tosco. Las bóvedas de los cárcavos son desiguales; una alcanza 1,8 metros de altura y la otra 1,95 metros.

 
Funcionamiento de los rodeznos
(vídeo: archivo propio)


Encima de los cárcavos se encuentra la sala de molienda. Dos poyetes de obra soportaban las piedras de molienda. En la actualidad sólo permanece una, pues en lugar de la segunda piedra encontraremos un conjunto de transmisiones.

 
Sala de molienda
(foto: archivo propio)

 
Sala de molienda
(vídeo: archivo propio)

Por una escalera se accede a la segunda planta, o sala de limpia, donde podremos observar la maquinaria específica de limpia y lavado del grano, y de obtención de la harina.

 
Sala de limpia
(vídeo: archivo propio)

La fuerza motriz para accionar todas las máquinas la proporcionan los dos rodeznos. El movimiento de la maquinaria se encuentra dividido en dos cadenas cinemáticas, o conjuntos de máquinas enlazadas y sincronizadas entre sí, que corresponden a su vez con las dos fases de la fabricación de la harina: limpieza del grano y molienda‑cernido de harinas. Cada una de estas cadenas está accionada por uno de los dos rodeznos.

EL TRABAJO EN EL MOLINO

El trabajo en el molino se repartía entre tres personas. El molinero, que ejercía como capataz y maestro, realizando los contratos y llevando la contabilidad. El ayudante del molinero era el que controlaba todo el proceso y conocía a la perfección el funcionamiento de la maquinaria. El repartidor o peón arriero se encargaba de repartir, ayudado de una caballería que cargaba los costales, la harina molida por las casas que habían llevado su trigo al molino.
En  cuanto a la retribución del molinero, el trueque fue el método más común. En principio se cobraba la maquila, un porcentaje en especie -generalmente harina- sobre lo molido. Durante la posguerra, se pierde este sistema de la maquila en Valdepeñas y el Molino Alto de Santa Ana pasa entonces a producir pan a cambio de vales.
Ser molinero era una profesión que permitía vivir, si bien no enriquecía. No obstante, el Molino Alto, el más importante porque abastecía de harina a todo el pueblo y el más rentable, ya que no le faltaba el agua y, por tanto, podía estar funcionando constantemente, ofreció a sus propietarios posibilidades y recursos fuera del alcance de muchos de los vecinos del municipio.
El Molino Alto de Santa Ana estuvo funcionando todos los días del año durante las 24 horas del día desde su creación en 1540. Como mínimo, molía las 12 horas de la noche. Tan sólo detenía su labor el Viernes Santo.


Enlace de Interés: