jueves, 16 de julio de 2015

Playas de interior. El "Charco del Aceite" o "de la Pringue" en VILLANUEVA DEL ARZOBISPO


Vista general del Charco "del Aceite" o "de la Pringue"
(foto: archivo propio)


Localización: NE de la Provincia de Jaén
Comarca: Las Villas
Municipio: Villanueva del Arzobispo
Tipo: piscina natural
Río: Guadalquivir
Acceso: JH-7048 Villanueva del Arzobispo - Presa del Tranco.
Distancia: a 19 km. de Villanueva del Arzobispo.

El Charco del Aceite en Otoño
(foto: archivo propio)

¿CÓMO LLEGAR?

El Charco del Aceite se encuentra en plena Sierra de Las Villas, dentro de los límites del Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas. Para llegar a este paraíso natural hay que tomar la carretera JH-7048 que conecta Villanueva del Arzobispo con la presa del Pantano del Tranco. Si accedemos desde Villanueva hay que salirse de la N-322 en el punto kilométrico 190 (Villanueva del Arzobispo - El Tranco). Si, por el contrario, accedemos desde el interior del Parque, abandonaremos la carretera A-319 en el punto kilométrico 74 en la aldea del Tranco, junto a la presa. Una vez que circulemos por la referida JH-7048, a la altura del punto kilométrico 18 encontraremos un desvío, un camino asfaltado de aproximadamente 1 kilómetro de longitud que desciende hasta el mismo Charco del Aceite.

EL CHARCO "DEL ACEITE" O "DE LA PRINGUE"

Se dice que este charco sobre el Guadalquivir se denomina así por los pellejos de aceite que transportaba un borrico que, al caer éste y rodar aquéllos ladera abajo, fueron a parar al río donde derramaron el oro líquido, dejando pringada el agua cristalina.
En cualquier caso, el origen de esta piscina se remonta a los años 70 del siglo XX, concretamente al año 1973, cuando a instancias de Blas Ruiz Robles se crea este charco con la construcción de una pequeña presa para contener el agua, eligiéndose para ello un entorno de enorme belleza natural decorado además por unas singulares formaciones rocosas.
Se trata de un magnífico atractivo turístico del Parque Natural de las sierras de Cazorla, Segura y las Villas, situado en esta última, la más desconocida y salvaje.

Valle del Guadalquivir, una vez que el río abandona el pantano del Tranco y se encajona
entre la Sierra de las Villas, a la izquierda, y la de Segura, a la derecha.
(foto: archivo propio)

Aunque al principio hemos apuntado que el Charco del Aceite pertenece a Villanueva del Arzobispo, en realidad su titularidad es compartida, pues el Guadalquivir hace aquí de frontera entre dos términos municipales, por lo que para ser justos, medio Charco sería de Villanueva y el otro medio de Sorihuela del Guadalimar. Límites administrativos aparte, el núcleo urbano más cercano es Villanueva del Arzobispo, a 19 km., de donde parte la carretera que conduce hasta la presa del pantano del Tranco, una carretera de monataña de buen firme pero abundantes curvas, aunque este último inconveniente se solventa fácilmente contemplando el abrupto paisaje que nos ofrece aquí la Sierra de Las Villas, con un hermoso valle por donde se encajona brioso un Guadalquivir que se apresta a abandonar el macizo montañoso que le vio nacer.
El Charco del Aceite está bien señalizado. En el referido punto kilométrico 18 tomamos una pequeña carretera asfaltada, la llamada carretera de la Sierra de Las Villas, que desciende hasta el curso del río. Antes dejamos a la derecha el bar del Charco del Aceite -antigua venta de los Agustines-. Aquí podremos comer y beber si no hemos optado por traernos las viandas de casa. También se pueden comprar bebidas frías. Unos metros más abajo hay una bifurcación. A la derecha continúa la mencionada carretera, que cruza el río por el también llamado Puente de los Agustines y que nos conducirá, entre impresionantes paisajes, hasta el pantano del Aguascebas y, más allá, Mogón y Villacarrillo. Nosotros continuamos al frente y a 200 metros nos topamos con el Charco.

UN BUEN BAÑO EN PLENA NATURALEZA

Bañistas disfrutando del agua fresquita del Charco del Aceite
(foto: archivo propio)

El Charco del Aceite es una de las mejores opciones para pasar cualquier caluroso día a los que nos tiene acostumbrados el estío jaenero. Las aguas, recién salidas del pantano del Tranco -unos centenares de metros más arriba-, son aquí muy frías y hay que pensarse dos veces el sumergir el cuerpo por completo. Superada la prueba, el baño resulta muy agradable. Hay una zona en la que se hace pie, y otra, pegada a las rocas, en la que no.
En torno al charco hay habilitadas zonas de mesas y asientos de piedra para comer  y disfrutar de un día en familia o con los amigos. Hay también servicios, alojados en un barracón de madera, y contenedores para arrojar la basura.
Junto al charco hay un pequeño sendero por el que se sube a un mirador para contemplar el paraje de un solo vistazo y comprobar desde arriba cómo las aguas remansadas reflejan el verdor de los densos pinares circundantes. 
Si tenemos suerte, podremos incluso advertir el majestuoso vuelo de alguna rapaz, como el buitre leonado, sobre nuestras cabezas. En cualquier otra época del año, en la que el bullicio de los bañistas queda silenciado, será fácil avistar algún ciervo, jabalí o cabra montés.
La fauna acuática tiene como protagonista a la trucha común, existiendo también barbos, bogas e incluso nutrias.
El rey de la vegetación es el pino, aunque la exuberante vegetación de ribera nos ofrece adelfas, mimbreras, fresnos y durillos.
Es posible realizar senderismo en el entorno a través de rutas cortas por el sendero que discurre paralelo al río. A unos 200 m. aguas abajo en la margen izquierda se encuentra la embocadura del túnel de desagüe del pantano del Tranco, por donde sale el agua de manera turbulenta. Algo más abajo, pasado ya el puente de los Agustines, comienza un coto de pesca sin muerte de trucha común que hará las delicias de los que gusten practicar la pesca.
En fin... Un pequeño paraíso terrenal.

El Charco del Aceite y su pequeña presa
(foto: archivo propio)

Vista parcial del Charco rodeado de pinares y roquedo
(foto: archivo propio)

Un pequeño puente cruza el río Guadalquivir y da acceso al otro lado del Charco.
(foto: archivo propio)