Castillos de Jaén. El Castillo de Bélmez (BÉLMEZ DE LA MORALEDA)


Vista del castillo de Bélmez desde el Este
(foto: archivo propio)

Cuando escuchamos el nombre de Bélmez de la Moraleda, es inevitable que venga a nuestra mente el asunto de "las caras". Pero este pueblecito del Sur de la Provincia de Jaén es algo más que este famoso fenómeno paranormal. En este artículo nos ocuparemos hoy de uno de los bienes patrimoniales más importantes de la localidad: su Castillo.
A 3 kilómetros al norte del casco urbano de Bélmez de la Moraleda se encuentra la aldea de Bélmez, recostada en la ladera Este de Sierra Mágina, donde hallaremos el castillo dominando el curso alto del río Jandulilla, a 1.000 m. de altitud, en una posición preeminente sobre este angosto valle con disposición Norte-Sur.
Dicho valle ha supuesto un importante paso que ha comunicado a lo largo de los siglos el valle alto del Guadalquivir con las altiplanicies del septentrión granadino. Los musulmanes construyeron aquí un castillo que posteriormente se convertiría en un punto clave de control de la frontera entre el reino nazarí de Granada y el cristiano de Castilla.
Con este artículo no sólo se pretende mostrar la importancia histórico-artística de este preciado monumento, sino también dar la voz de alarma sobre el delicado estado de conservación del mismo, que requiere una intervención de urgencia. Largas y profundas grietas recorren los muros de este castillo. Pero lo peor es que la construcción ha sufrido derrumbes en los últimos años como demuestran las siguientes fotografías. Sería crucial que las autoridades competentes tomaran conciencia de la precariedad del estado del castillo de Bélmez y se decidieran a actuar ya.


 



















A la izquierda, la Torre del Homenaje en una fotografía de 2003. Aún se aprecia en el segundo piso un gran ventanal con bóveda de cañón en ladrillo.
A la derecha, fotografía de la torre en 2014. Se puede observar que la parte superior se ha derrumbado y el mencionado arco ya no existe



UN POCO DE HISTORIA


Vista de la aldea de Bélmez y su castillo
(foto: archivo propio)

De origen musulmán, posiblemente del siglo XIII, este castillo servía para controlar el paso por el mencionado valle del río Jandulilla, además de proporcionar refugio a la población de los asentamientos circundantes.
Cuando Fernando III conquista el valle alto del Guadalquivir, esta zona del Este de la serranía de Mágina iba a ser entregada a Baeza e incluida en su alfoz (término de una villa). Pero el pacto al que llegan Fernando III y Alhamar tras la conquista en 1246 de la ciudad de Jaén por el primero deja el castillo de Bélmez en territorio musulmán. Así, la fortaleza adoptará el papel en esta zona de último bastión del reino nazarí de Granada frente al reino de Castilla.
A finales de julio de 1316 el infante de Castilla don Pedro tomó la fortaleza después de 21 días de asedio, aunque fue recuperada nuevamente por los musulmanes en 1368, que aprovecharon la guerra civil que había en Castilla por el poder entre las grandes familias nobiliarias.
En 1431 y 1436 Andrés González de Santisteban, regidor de Baeza, intentó reconquistar esta plaza sin éxito, pues era punto de origen de razias que causaban graves perjuicios en territorio cristiano. Será en 1448 cuando se tome definitivamente el castillo, conquistado por hombres del concejo de Baeza mandados por Enrique Fernando de Villafañe.
La fortaleza pasa entonces al señorío de los Carvajales y se verá envuelta inevitablemente en la guerra civil castellana, con repetidos asedios en la segunda mitad del siglo XV por parte de los partidarios de ambos bandos, el real y el de la nobleza rebelde, dependiendo de en qué manos estuviera en esos momentos el castillo. Estos asedios se producen en 1464, por parte del infante Don Alfonso, en 1465 por Don Juan de Vera, y finalmente en 1476 por parte de Don Juan de la Cueva, segundo vizconde de Huelma y comendador de Bedmar y Albanchez.
En 1501 los Reyes Católicos donan el castillo de Bélmez y sus términos al concejo de Granada, a cambio de una compensación económica que dicho concejo tenía que pagar a Alonso de Carvajal, que a la sazón es nombrado alcaide vitalicio de la fortaleza. Pero esta decisión causará conflictos y en 1513 Bélmez vuelve al señorío de los Carvajales, que pagarán en este caso un censo a la ciudad de Granada.
Es en esta centuria, concretamente a partir de 1534, cuando lo que hoy es la aldea de Bélmez comienza su declive, pues se funda a unos tres kilómetros un nuevo asentamiento, el actual núcleo de Bélmez de la Moraleda, debido al arrendamiento que realiza Don Diego de Carvajal de nuevas tierras roturadas en el entorno del manantial de la Moraleda, junto al cual los campesinos repobladores comienzan a construir sus casas. El castillo se abandona, perdida ya su función, y comienza su ruina, pues las Relaciones Topográficas de Felipe II del año 1578 nos dicen que el castillo "está muy maltratado".
El castillo de Bélmez es declarado Bien de Interés Cultural en el año 1985.


EL CASTILLO DE BÉLMEZ

Ya hemos hablado al principio sobre la localización geográfica de este castillo, estratégicamente situado en el valle para el control del mismo. Pero el hecho de que se levanten grandes macizos montañosos a su alrededor, hizo que la fortificación se complementara con el apoyo de otras construcciones menores, también situadas estratégicamente sobre esta compleja orografía. Entre las más importantes están las atalayas del Sol, hacia el SE, y del Lucero, hacia el SO, ambas ya de factura cristiana. Además, Bélmez tenía comunicación visual directa con el castillo de Solera, al otro lado del valle en el cerro Morón, al SE. Este sistema militar de apoyo permitía un control más efectivo del territorio.

El castillo de Bélmez visto desde el Norte y su relación visual con otras fortificaciones cercanas
(foto: archivo propio)

Nuestro castillo se erige sobre un promontorio rocoso ligeramente amesetado de manera artificial cuando fue contruido. Se distinguen tres recintos bien diferenciados: la torre del homenaje, el alcazarejo y la albacara.

Plano del castillo de Bélmez
(Juan Eslava Galán)

La torre del homenaje es, a pesar de su estado ruinoso, el elemento mejor conservado. Se trata de una potente construcción de planta rectangular (18,5 x 14,80 m.) con muros de 3 m. de anchura. Hueca en su interior, se adivina no obstante que tuvo hasta tres niveles. El inferior lo constituye un amplio sótano, evidente teniendo en cuenta la altura a la que queda hoy por el interior la puerta principal de entrada a la torre. Probablemente tuviera un aljibe este sótano, aunque es difícil saberlo por la cantidad de material de relleno que existe y la abundante vegetación. El primer piso (nivel de suelo) es una sala alargada, originalmente cubierta con bóveda (quizás dos) como demuestran los arcos, ligeramente apuntados, que aún pueden verse en los muros perimetrales sur y este, y que la reforzaban. La sala tiene cinco huecos correspondientes a la puerta y cuatro saeteras ampliamente derramadas.
Al segundo piso se accedería por una escalera de dos tramos que ya no existe.
La obra es de mampostería regular con gruesos muros rellenos de ripio. Se empleó sillería regular para las esquinas y algunos vanos y puertas. En el interior, la mampostería es más menuda, utilizándose aquí además el ladrillo y el yeso.

Vista de la fachada de la torre del homenaje donde se abre la puerta principal de acceso
(foto: archivo propio)

Puerta de entrada a la torre del homenaje desde el interior de la propia torre
(foto: archivo propio)

 Interior de la torre del homenaje. Trompa o bovedilla, elemento que seguramente sostenía parte de la escalera que daba acceso al segundo piso.
(foto: archivo propio)

Interior de la torre del homenaje. Arcos en uno de sus muros
(foto: archivo propio)

El alcazarejo se construyó excavando parcialmente la cima del promontorio y, después de levantados los muros, rellenando interiormente el espacio para que el nivel del suelo intramuros quedase a la altura del adarve. Este recinto, presidido por la torre del homenaje, tiene forma rectangular. Existen además otros cinco torreones de menor tamaño. Cuatro de ellos son de planta cuadrada y 3,5 m. de lado. El quinto, de mayores dimensiones, es rectangular (8 x 5 m.).

Vista del Castillo por el NO. En primer plano, torreón rectangular -el de mayores dimensiones que se conserva tras la torre del homenaje- y parte del recinto del alcazarejo, en el que se aprecia, junto al torreón, una poterna. La gran torre del homenaje preside el conjunto.
(foto: archivo propio)

El tercer recinto del castillo es una extensa albacara, que ocupa un nivel inferior del cerro. De los muros de este recinto quedan escasos vestigios, no más del 5% del total, que apenas nos permitirían adivinar su trazado de no ser porque el fuerte talud que los precedía lo hace evidente. Los muros son de mampostería regular, rellenos de piedra y tierra.

Vista del castillo de Bélmez por el Sur. Rodeado con un círculo, un resto del recinto de la albacara
(foto: archivo propio)

Mientras que los recintos del alcazarejo y la albacara son de época musulmana, quizás del siglo XIII como se ha apuntado anteriormente, la torre del homenaje, sin embargo, es obra cristiana, del siglo XIV. Debió construirse concretamente entre 1316 y 1368 años en los que la fortaleza estuvo en manos cristianas antes de ser recuperada de nuevo por los nazaríes. 


Bibliografía:

- Eslava Galán, Juan. Castillo y Atalayas del Reino de Jaén. 1999
- Navidad Jiménez, Nicolás. Bélmez cristiano: siglos XV y XVI. Sumuntán, nº 9.
- VVAA. Jaén, Pueblos y Ciudades. Jaén, 1997.



En los fogones de Jaén. TARTA DE MANZANA

Hoy algo dulce, "Tarta de manzana". Esta tarta lleva también un puñado de pasas, como algo especial, pero es opcional.


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Fotos: Mª Cristina Gimeno Ramos



INGREDIENTES:

-  Un yogourt natural o de sabor limón.

-  Tres huevos.

-  Dos vasos de azúcar (el vaso del yogourt servirá de medida).

-  Medio vaso de aceite de oliva.

-  El zumo de medio limón.

-  Un sobre de levadura Royal.

-  Tres vasos de harina.

-  Cuatro piezas de manzanas.


MODO DE HACERLO:

Se baten los huevos en un bol y se le añade el yogourt, el aceite, la levadura, el zumo del limón y por último la harina. Vamos mezclando y cuando esté todo bien ligado lo echamos en un recipiente para tartas (de los que se desmoldan). Opcionalmente podemos añadir unas pasas, que previamente habremos macerado en coñac.
A este recipiente se le pone un poco de aceite y se le restriega con papel de cocina, luego se le pone harina, que se reparte por todo el recipiente y sacudimos lo que sobre. Todo ello para que la tarta no se pegue.
Vertemos la mitad de la masa en el recipiente. Con anterioridad habremos pelado las manzanas a gajos y el horno lo estaremos precalentando en la opción pastel.
Colocamos una capa de manzana, luego se cubre con el resto de la masa y se vuelve a colocar otra lámina de manzanas, ahora en sentido contrario a la anterior.
Para terminar se le añade por encima una cucharada de miel, bien repartida en círculos y un poco de azúcar.
Se mete en el horno, ya precalentado, unos treinta minutos aproximadamente.
De vez en cuando se mira para ver si está dorada y se pincha con un tenedor para comprobar que está cocida la masa. Cuando el tenedor salga limpio la tarta estará lista. Dejar en el horno para que repose y se desmolda una vez fría.

Buen Provecho



 

Iglesias de Jaén. Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación de CASTELLAR



Aspecto exterior y fachada principal de la iglesia de la Encarnación de Castellar
(foto: archivo propio)

De las villas que componen El Condado, comarca situada al Norte de la Provincia de Jaén, es Castellar la que aglutina una mayor cantidad de elementos de patrimonio histórico-artístico. En su amplio catálogo monumental figura uno de los templos más antiguos de la provincia, la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación.


UN POCO DE HISTORIA

El primitivo núcleo de Castellar se encuentra localizado en la zona norte del actual casco urbano, justo en el borde de una meseta con ligera pendiente hacia dicha dirección, lo que supuso durante muchos siglos una discreta defensa natural por ese flanco. En el solar donde hoy se levanta la iglesia objeto de nuestro estudio hubo un castillo, del que por cierto tomó su nombre la población, que remonta su historia hasta la lejana época visigoda, siglos VI-VII d.C. Efectivamente, la presencia visigoda en Castellar está más que probada, como atestiguan algunos elementos materiales encontrados y que pertenecieron sin lugar a dudas al primigenio núcleo urbano y su fortificación, que más tarde sería conquistada por los musulmanes en el siglo VIII y, finalmente, pasaría a manos cristianas ya en el siglo XIII.
Las tropas de Fernando III "el Santo" conquistan estas tierras de la actual comarca del Condado en torno a 1225. El procedimiento habitual consistía en remodelar y ampliar el antiguo recinto fortificado musulmán, si lo hubiera, o construir uno nuevo. Por otra parte, también era habitual el hecho de reconvertir alguna estructura anterior en templo en tanto se efectuaba el control y pacificación del territorio, para, más tarde, construir ex novo una estructura de mayor solidez una vez que las circunstancias políticas así lo aconsejaran. Pero todo esto no ocurrió en Castellar hasta más tarde, ya en el siglo XIV. En las crónicas de la reconquista se menciona “El Castillo” (más tarde Castellar) como una de las plazas arrebatadas a los musulmanes, pero la aldea islámica debió quedar abandonada durante algún tiempo después de su conquista como lo demuestra un documento de 1235 en el que se insta a la villa matriz, Santisteban, a poblar todo aquel territorio que cayó bajo su jurisdicción.

Torre campanario de la Iglesia de la Encarnación de Castellar.
Detrás se aprecia la nave sobreelevada del crucero
(foto: archivo propio)

En 1371 Enrique II castiga a Santisteban por su apoyo a Pedro I, entregándola en señorío, junto a todas sus aldeas, a Men Rodríguez de Biedma. Éste iniciaría en estas fechas la construcción de un nuevo recinto defensivo, un centenar de metros hacia el sur y en posición más elevada que el antiguo. Pero este último no se abandonó. Sus viejas estructuras se reaprovecharon y se levantó aquí una iglesia en la segunda mitad del siglo XIV. La situación geográfica del Condado hizo que, una vez conquistado el valle del Gudalquivir, esta zona quedara ya desde los primeros momentos en una cómoda retaguardia, protegida de incursiones musulmanas por las plazas fuertes de Úbeda y Baeza. Ello explica la proliferación en este territorio del Norte de Jaén de templos cristianos de factura temprana, protogóticos, como son Santa María del Collado de Santisteban del Puerto, el Santuario de Nuestra Señora de la Estrella en Navas de San Juan y éste de la Encarnación de Castellar.
Durante el siglo XVII la iglesia es reformada, afectando dichas modificaciones al crucero y la sacristía, donde en esta última podemos advertir la presencia del escudo del obispo Don Baltasar Moscoso y Sandoval, que ocupó la cátedra jiennense entre 1619 y 1646, periodo en el cual debieron efectuarse las obras mencionadas. También es en estos momentos cuando se realiza la portada principal, situada en el lado de la Epístola. 
En 1942 el templo es cerrado al culto por amenazar ruina. Diez años después comienzan las obras de restauración, que consistieron en la sustitución total de las antiguas cubiertas, remodelación de las fachadas norte y oeste, recrecimiento de los muros, especialmente en la zona de la cabecera, nueva solería y remate de la torre-campanario. En 1956 es abierta de nuevo al culto.
Fue declarada Bien de Interés Cultural (B.I.C), con la categoría de monumento, en el año 1993.


LA IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ENCARNACIÓN

Interior de la Iglesia de la Encarnación
(foto: archivo propio)

El edificio tiene planta basilical, con tres naves -la central más ancha y alta- separadas por hileras de arcos formeros ojivales que presenta cada uno un óculo sobre sus vértices. Estos arcos góticos apoyan sobre pilares de sección cuadrada con las esquinas achaflanadas. Los capiteles presentan diversas formas y rica labra, especialmente los cuatro que se sitúan en los pies del templo, con elementos vegetales y antropomorfos fundamentalmente.

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Interesantes capiteles protogóticos en la iglesia de la Encarnación
(foto: archivo propio)

La cubierta de la nave central es plana, formada por cerchas cuyas vigas de madera apean sobre canes. El mismo planteamiento se repite en las naves laterales, aunque éstas se encuentran inclinadas hacia los muros perimetrales siguiendo la forma del tejado a dos aguas.
El presbiterio, de testero plano, queda enlazado a la planta basilical a través de tres arcadas de medio punto apoyadas en potentes pilares de piedra de sección cuadrada, cuyo vano central ofrece mayor altura y luz que los laterales. Destaca el sagrario manifestador, posiblemente último vestigio de lo que debió ser un hermoso retablo mayor. Es de estilo barroco, en madera sobredorada, colocado en el año 1703.

Retablo Mayor de estilo barroco. Iglesia de la Encarnación. Castellar
(foto: archivo propio)

Paralela a la zona presbiteral se sitúa la Sacristía cubierta por bóveda de cañón con cuatro lunetos y en la que se conserva el mencionado escudo del Obispo Moscoso y Sandoval.
En el lado del Evangelio se abren las dos únicas capillas del templo, a las que se accede mediante sencillo arco de medio punto.
En el exterior destacan dos elementos. 
En primer lugar, la torre campanario, de planta cuadrada, adosada a los pies del templo. Consta de dos cuerpos. El superior o cuerpo de campanas es un añadido contemporáneo. Sin embargo, la base del primer cuerpo es el elemento arquitectónico de mayor antigüedad de la localidad, pues se trata de un reaprovechamiento de la primitiva fortificación que, como antes se ha indicado, hunde sus raíces en la época visigoda y tiene su continuación en las épocas musulmana y cristiana. Precisamente junto a la torre, en el muro oeste, hay integrada en el mismo una poterna del antiguo castillo, posiblemente cristiana, conformada por una arco de medio punto de amplias dovelas, enmarcado por alfiz.

Poterna integrada en el muro de la iglesia.
A la izquierda se aprecia también una pequeña saetera cegada
(foto: archivo propio)


En la fachada principal, lado Sur o de la Epístola, se abre una portada barroca con arco de medio punto sobre pilastras cajeadas y ménsula en la clave. A los lados la flanquean dos columnas toscanas exentas sobre plintos ornados por punta de diamante. Estas columnas sostienen un entablamento retranqueado de triglifos y metopas. Se remata por un frontón triangular quebrado cuyos vértices se coronan por pináculos con bolas.

Portada principal de la Iglesia de la Encarnación de Castellar
(foto: archivo propio)




Bibliografía:

- González Carral, Juan de Dios. Datos Geográficos e Históricos de Castellar del Condado. 1967.
- VVAA. Jaén, Pueblos y Ciudades. Jaén, 1997.



En los fogones de jaén. CROQUETAS DE LANGOSTINOS Y PUERROS.

Hoy os propongo un plato para degustar en cualquier momento, como aperitivo o como un segundo plato: "croquetas de langostinos y puerros". Esta receta me la enseñó mi amiga Lina Lasaga, que es una excelente cocinera, y con su permiso me permito ponerla en este blog para que vosotr@s la hagáis.

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 Fotos: Mª Cristina Gimeno Ramos



Ingredientes:

- 15 langostinos.
- Un puerro.
- Tres o cuatro cucharadas grandes de harina, aproximadamente.
- Medio vaso de leche.
- Medio vaso de caldo de haber cocido las cabezas de los langostinos.
- Sal o una pastilla de caldo de pescado.
- Aceite de oliva virgen.
- Nuez moscada.
- Pimienta molida.
- Tres huevos.
- Pan rallado.


Modo de hacerlo:

Pelamos los langostinos y las cabezas las cocemos.
En una sartén ponemos un poco de aceite, tres o cuatro cucharadas, y pochamos el puerro, previamente picado. 
Troceamos los langostinos y sofreímos junto con el puerro. Añadimos la harina y removemos para que no se pegue. Vamos echando la leche y el caldo de cocer las cabezas, previamente colado. Cocemos hasta hacer la bechamel y le añadimos un huevo crudo, nuez moscada, pimienta molida y la sal o la pastilla de caldo de pescado, cuidado de no salar demasiado. Retiramos del fuego y pasamos la batidora.
La textura de la masa, ni muy blanda ni demasiado dura, que se pueda trabajar para hacer las croquetas.
Una vez que la masa esté fría, armamos las croquetas y las pasamos por huevo y pan rallado. Freímos en abundante aceite.
Podéis congelar las que no vayáis a consumir, antes de freírlas.


Buen provecho.