Playas de interior. La Peña del Olivar en SILES


Área recreativa de la Peña del Olivar en Siles
(foto: archivo propio)

Localización: NE de la Provincia de Jaén
Comarca: Sierra de Segura
Municipio: Siles
Tipo: piscina natural (presa)
Río: Arroyo de los Molinos
Distancia: 2 km. a Siles
Acceso: JF-7012 desde la A-310 Puente de Génave - Siles.

¿CÓMO LLEGAR?

El acceso a la Peña del Olivar es fácil. En el punto kilométrico 22 de la A-310 Puente de Génave - Siles (dirección a esta última localidad y apenas 500 m. antes de llegar a la misma) sale a la derecha una pequeña carretera -la JF-7012- que nos llevará hasta este bello paraje de la Sierra de Segura. La Peña del Olivar se encuentra a 1,5 km. de la A-310 y a 2 km. del núcleo urbano de Siles.

Mapa de situación de la Peña del Olivar
(sobre mapa de ed. Alpina)

La Peña del Olivar, junto a la carretera y entre pinares
(foto: archivo propio)

LA PEÑA DEL OLIVAR

El municipio de Siles, al Nordeste de la provincia de Jaén, lindando ya con la vecina de Albacete, nos ofrece una amplia gama de atractivos turísticos, entre los que sobresalen, sin duda, los relacionados con el medio ambiente. No en vano, prácticamente todo su término municipal se halla inmerso en el Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas.
Entre los cerros de Bucentaina (1395 m.) y el Puntal de la Ajedrea (1507 m.) se encuentra el Barranco de los Tejos -llamado así por la presencia en el mismo de ancianos ejemplares de esta singular especie-, uno de los rincones con más encanto de la Sierra de Segura. Por él discurre el arroyo homónimo, que cambia su nombre por Arroyo de los Molinos en el curso medio y bajo debido a la existencia de estas estructuras hidráulicas en su ribera.

Arroyo de los Molinos justo después de desbordar la presa de la Peña del Olivar
(foto: archivo propio)

En el punto señalado con anterioridad, junto al borde de la pequeña carretera, el arroyo se remansa mediante una presa formando una piscina natural de mediano tamaño a la que tradicionalmente los sileños y gentes de otros pueblos aledaños han acudido para darse un buen remojón en época estival. El frescor del lugar, a lo que contribuye las características físicas del entorno y los altos pinos que conforman una densa arboleda, hace que sea agradable incluso en los días más calurosos del verano.
El agua está fría, desde luego, pero al quedar momentáneamente remansada -dado que rebosa la presa y el arroyo continúa aguas abajo-, su temperatura es más soportable que en otros lugares de la sierra y hace más grato y llevadero el baño.

La Peña del Olivar en una tarjeta postal de finales de los años 70
(tarjeta postal ed. Fotocolor San Antonio, Cazorla)

La Peña del Olivar por la mañana temprano,
con sus aguas de río transparentes antes de la llegada de los bañistas
(foto: archivo propio)

RECURSOS TURÍSTICOS DE LA PEÑA DEL OLIVAR

Junto a la Peña del Olivar hay una zona de esparcimiento con merenderos, barbacoa y fuente. También dispone de área infantil y un bar-restaurante con buena cocina serrana.
El acceso a la piscina natural es posible para minusválidos. Hay unos vestidores junto a ella para cambiarse. Está prohibido bañar a los perros en la piscina.
A unos pocos metros de la Peña del Olivar existe un pequeño jardín botánico que merece la pena visitar, con más de cien especies propias del parque natural, algunas con un excepcional valor ecológico por ser raros endemismos. 
Si de alto valor ecológico hablamos, no podemos olvidar la mencionada tejeda con ejemplares antiguos y de gran porte. Ascendiendo por la carretera de la Peña del Olivar hacia el interior de la sierra descubriremos otro tesoro ecológico: "Las Acebeas" (como se le conoce en la Sierra de Segura). Se trata del bosque de acebos más meridional de Europa, posible aquí gracias a la alta pluviometría de este recóndito rincón de alta montaña.
La práctica de deportes como el senderismo o el cicloturismo es muy recomendable en el entorno de la Peña del Olivar, habiendo rutas señaladas a tal efecto. Podemos mencionar la que parte y acaba en la misma piscina natural. Esta ruta circular nos llevará por las laderas del cerro Bucentaina y pasa por el área recreativa de la Fuente de la Almoteja, situada aguas arriba de la Peña del Olivar.
La oferta hotelera de Siles comprende un hostal rural en el núcleo urbano, dos camping, varias casas rurales y una residencia de tiempo libre dependiente de la Junta de Andalucía.

Área recreativa de la Peña del Olivar con fuente, merenderos, zona infantil y bar-restaurante.
(foto: archivo propio)


El Arroyo de los Molinos remansa sus aguas en la Peña del Olivar
(foto: archivo propio)





El antiguo Convento de Nuestra Señora de la Esperanza de la Orden de San Basilio en Cazalla (CARCHELEJO). El origen de la advocación de la popular Macarena de Sevilla


Restos del antiguo Convento de Cazalla en Carchelejo
(foto: archivo propio)

¿CÓMO LLEGAR?

Para acceder al paraje donde se ecuentra el antiguo Convento de Cazalla hay que tener un poco de paciencia y escasa prisa. La carretera, aunque asfaltada, es muy estrecha y con curvas.
Una vez que abandonamos la Autovía A-44 por la salida 64 (Carchelejo/Arbuniel) tomamos la carretera JA-3206 dirección Carchelejo. A 1,8 km., antes de llegar al pueblo, sale una estrecha carretera asfaltada a la izquierda que nos llevará al convento después de recorrer 4,6 km. Está indicado mediante carteles.

LOCALIZACIÓN Y ENTORNO

Cárcheles es un municipio situado al sur de la Provincia de Jaén, cerca del límite con la vecina Provincia de Granada. En la zona sur de su término municipal se encuentra el denominado Barranco de Cazalla o del Monasterio, una zona agreste y de difícil acceso en las laderas orientales de la Sierra de Alta Coloma. Aquí, a unos 900 m. de altitud, se levantó en el siglo XV un monasterio de agustinos que, un siglo más tarde, pasó a ser de la Orden de San Basilio. Abandonado en el siglo XIX, es hoy una cortijada habitada.
Una de las razones que llevaron a los monjes a establecerse en este lugar fue la abundancia de agua gracias a un conjunto de manantiales asociados, a diferentes alturas en la ladera, que posibilitaron el desarrollo de huertas, olivar, frutales y viñas en la zona. El más importante es el manantial del Convento, junto al muro meridional de la cortijada, del que siempre mana agua. Esta fuente alimenta hoy varias albercas que sirven para el riego del olivar, que es el cultivo predominante en la actualidad, además de mantener un ecosistema húmedo en su entorno. Es un abrevadero histórico de los rebaños de ganado y de la fauna salvaje de la zona.
El pino y la encina son las otras especies vegetales protagonistas del ecosistema de la zona.

Cortijada del Convento
(foto: archivo propio)

Manantial del Convento, fuente catalagoda por la Junta de Andalucía
(foto: archivo propio)


UN POCO DE HISTORIA

La historia del monasterio de Cazalla se remonta a la primera mitad del siglo XVI cuando, en fecha indeterminada, se funda en este lugar un cenobio agustino, el primero en tierras jiennenses, cuyos monjes tenían la intención de llevar una vida eremítica. El paraje invitaba a ello: un barranco escondido en los pliegues de la sierra, zona boscosa y abundante en agua. Existían en las inmediaciones un cortijo y un antiguo castillo de época musulmana, del cual tomará su nombre el lugar (Cazalla), y cuyos restos son aún visibles. La primera noticia histórica que tenemos de este monasterio data del año 1541, cuando es mencionado por primera vez en el Capítulo Provincial de la Orden de San Agustín celebrado en Dueñas (Palencia). En dicho Capítulo se aludía a este monasterio como el "convento de Jaén" (no confundir con el convento de San Agustín de la ciudad de Jaén, que no sería fundado hasta 1587). La advocación de "Nuestra Señora de la Esperanza" que le dieron los agustinos a su nuevo convento no aparecerá en los documentos hasta 1573.
Cazalla y los cortijos de Cárchel y Carchelejo quedaban dentro de la jurisdicción de la ciudad de Jaén, situación que cambia en 1558 cuando pasan a pertenecer al recién creado concejo de la villa de Cambil.
En 1573, Doña Isabel Vázquez, vecina de Huelma, dona a los frailes de San Agustín del monasterio de Cazalla las casas donde vivía para que fundaran allí un nuevo monasterio bajo la advocación de Santa Isabel. Los padres aceptan y se trasladan, arrendando las tierras de labor del monasterio de Cazalla a labriegos de Cárchel por un plazo de seis años.
En el lugar conocido como Mata Bejid (término de Cambil), junto al nacimiento del río Oviedo -un paraje de excepcional belleza en plena Sierra Mágina-, existía uno de los primeros monasterios que la Orden de San Basilio había fundado en España (concretamente en 1540). Los monjes basilios de Santa María de Oviedo compraron en diciembre de 1577 el convento y tierras de Cazalla a los hermanos agustinos, ya instalados en Huelma, para fundar allí un segundo cenobio de la Orden Basilia, respetando la advocación de "Nuestra Señora de la Esperanza" que le habían dado sus anteriores moradores.

Imagen de San Basilio Magno en la portada del convento de Cazalla
(foto: archivo propio)

Años más tarde, en 1593, se fundaría en Sevilla el Convento o Colegio de San Basilio, siendo su primer prior fray Bernardo de la Cruz, que anteriormente lo había sido del Convento de Santa María de Oviedo. Acompañaron en dicha fundación a fray Bernardo otros hermanos de Mata Bejid, siendo los responsables en 1595 de la fundación en el seno del convento sevillano de una cofradía de penitencia cuya titular mariana recibió la advocación de Nuestra Señora de la Esperanza, de la cual eran muy devotos por ser también la advocación del convento de Cazalla que los basilios habían ocupado unos años antes. A partir de 1653, cuando cofradía e imagen se trasladen a la parroquia de San Gil, en el barrio de la Macarena, la Virgen comenzará a conocerse con este nombre, siendo hoy universal.

Imagen de Nuestra Señora de la Esperanza Macarena de Sevilla
Fotografía de 1920    

El monasterio basilio de Nuestra Señora de la Esperanza de Cazalla, partiendo de la primitiva casa agustina y de la huerta y las 150 fanegas de tierra que se incluyeron en la venta, fue poco a poco engrandeciendo su patrimonio durante los siglos XVII y XVIII. Así, en el Catastro de Ensenada (1749) los monjes declaran poseer 423 fanegas y 6 celemines de tierra, con olivas, viñas y siembras, además de un molino aceitero, un ventorrillo (casa de comidas) en la Puerta de Arenas y unas 500 cabezas de ganado. Todo esto se había logrado gracias a las donaciones de particulares, estipendios de misas, limosnas y las propias compras de los monjes.
A finales del siglo XVIII la Orden de los basilios en España entra en crisis, lo que supuso la elaboración de proyectos de reducción de cenobios y agrupación en otros pocos. Tanto el monasterio de Cazalla como el de Santa María de Oviedo esquivaron esta situación, aunque sólo por un tiempo. La era de las desamortizaciones estaba en ciernes y los monjes, conscientes de la situación, comenzaron un lento proceso de venta de bienes, convirtiéndolos en dinero líquido, para que no pudiera apropiarse de ellos la Real Hacienda.
Los basilios de Cazalla no se equivocaban. En 1810, reinando José I, el monasterio es desamortizado, siendo los monjes los arrendatarios de sus desposeidos bienes. Tan sólo vivían en el convento 6 monjes. En 1813 fueron obligados a reagruparse con los hermanos de Santa María de Oviedo en este último convento. No obstante, el golpe de Estado de Fernando VII (mayo de 1814) y el regreso del absolutismo dejaron sin efecto la obra legislativa de las Cortes de Cádiz. Los bienes desamortizados fueron repuestos a sus dueños, aunque es probable que los monjes ya se huebieran reagrupado en el convento vecino. De no ser así, la desamortización puesta en marcha durante el Trienio Liberal (1820-1823) sí acabó definitivamente con los más de tres siglos de historia de este convento, primero agustino y luego basilio, enclavado en la sierra profunda, en el barranco de Cazalla o Almonester.

Azulejo conmemorativo de la presencia de los monjes basilios en Cazalla 
a la entrada de la cortijada.
(foto: archivo propio)
 
EL ANTIGUO CONVENTO DE CAZALLA

Del antiguo convento hoy no quedan sino unos maltrechos restos integrados en la fachada oriental del cortijo. Se trata de dos portadas.
La de la izquierda es la de la antigua iglesia del convento y se conserva parcialmente. Responde a un esquema renacentista con arco de medio punto sobre impostas enmarcado por pilastras dóricas lisas, incompleta la de la derecha, rematada por un jarrón ornado la de la izquierda. Sobre la puerta un friso, también incompleto, con alternancia de triglifos y metopas. En estas últimas aparecen relieves de bucráneos en las del centro, y elementos vegetales en las restantes. Se remata el conjunto con una pequeña hornacina donde se sitúa la escultura del titular de la Orden, San Basilio Magno, representado con la iconografía propia: vestiduras de obispo y portando una pluma en la mano derecha y una pequeña maqueta de una iglesia en la izquierda, en alusión a su condición como uno de los cuatro Padres de la Iglesia Griega u Ortodoxa, aunque también es santo y doctor de la Iglesia Católica.
La puerta de la derecha es muy simple. Se abre en arco de medio punto y tiene restos de policromía. Aún se advierte sobre el arco una sencilla representación del Calvario (tres cruces inscritas en un círculo).
Se desconoce, de momento, la autoría, aunque podemos apuntar a la persona de Francisco del Castillo "el Viejo", dada la buena relación que tenía con los agustinos de Cazalla en el periodo en que dirige las obras de la iglesia parroquial de Huelma (1547-1568). Teniendo en cuenta dicha relación y atendiendo a los detalles manieristas de la portada (posiblemente aprendidos de su propio hijo, Francisco del Castillo "el Mozo", a su regreso de Italia -1554-) podría atribuirse a la mano de este ilustre cantero del primer renacimiento español. El vínculo de los agustinos con la familia Castillo es evidente pues, cuando aquéllos se trasladan a Huelma, confían a Francisco del Castillo "el Mozo" las trazas de la capilla mayor de la iglesia de su nuevo convento de Santa Isabel. 

Restos de la portada principal del convento de Cazalla
(foto: archivo propio)

Detalle de los restos de policromía en la portada de la derecha y representación del Calvario
(foto: archivo propio)


Bibliografía:

- Galiano Puy, Rafael. Del Monasterio de Ntra. Sra. de la Esperanza, en el barranco de Cazalla, al Convento de Santa Isabel de Huelma, ambos de la Orden de San Agustín. B.I.E.G. nº 176. 2000.
- González Cano, Jorge. Algunas notas sobre la supresión del monasterio de Nuestra Señora de la Esperanza, Orden de San Basilio Magno. IV Jornadas de Estudios de Sierra Mágina. 1987.
- Jimena Jurado, Martín. Catálogo de los Obispos de las Iglesias Catedrales de Jaén y Anales Eclesiásticos de este Obispado. Madrid, 1654.
- Ortega y Sagrista, Rafael. El monasterio de Nuestra Señora de la Esperanza, en el barranco de Cazalla, perteneciente a la Orden de San Basilio Magno. B.I.E.G. nº 50. 1971.
- VVAA. Jaén, Pueblos y Ciudades. Jaén, 1997.
- "Conoce tus Fuentes". Proyecto de la Junta de Andalucía. Enlace: www.conocetusfuentes.com



 

Iglesias de Jaén. La Iglesia conventual de Nuestra Señora del Carmen de ALCAUDETE


Iglesia del Carmen, único resto del antiguo Convento de La Encarnación de Alcacudete.
Vista desde la Plazuela del Carmen.
(foto: archivo propio)

UN POCO DE HISTORIA

En 1529 el Emperador Carlos V elevaba a la categoría de Condado el Señorío de Alcaudete que en el último tercio del siglo XIV fuera instituido en la persona de Don Alfonso Fernández de Córdoba. El antiguo castillo de la Orden de Calatrava, sobre un cerro que domina la población, se convertía así en el epicentro de la jurisdicción territorial de los Montemayor, una de las ramas familiares de los Fernández de Córdoba.
En un contexto de crecimiento urbano de la villa a lo largo de toda la centuria del XVI se produce la fundación, el 10 de Octubre de 1590, del Convento de Carmelitas Descalzos de La Encarnación, bajo el auspicio de Don Francisco Fernández de Córdoba y Velasco, IV Conde de Alcaudete. Esta centuria supone la edad de oro de las fundaciones conventuales en esta villa, con dos cenobios masculinos: San Francisco (1500), de la orden franciscana (hoy desaparecido), y éste de la Encarnación (1590), de los Carmelitas Descalzos; y dos femeninos, ambos de franciscanas clarisas: Santa Clara (1500) y el Convento de Jesús y María (1577).
El 18 de Octubre el Padre Provincial de los Carmelitas Descalzos, Fray Agustín de los Reyes, puso el Santísimo Sacramento en la iglesia. Fue el primer prior del convento Fray Bernardo de Santa María. 

Vista de la Iglesia del Carmen desde el Castillo de Alcaudete
(foto: archivo propio)

La tradición popular de Alcaudete nos habla de la presencia de San Juan de la Cruz en este cenobio. Aunque no existe prueba documental de tal visita, ésta debió producirse entre la fundación del convento en octubre de 1590 y la muerte del místico en diciembre del año siguiente. Si la presencia del santo no fue física, al menos sí lo fue espiritual. El Padre fray Juan Evangelista, "amanuense" de San Juan de la Cruz (amanuense: que copia escritos, los pasa a limpio o escribe al dictado), y que fue prior de este convento de La Encarnación en 1616, legó al mismo el manuscrito apógrafo (copia del original) de la "Subida del Monte Carmelo". Este manuscrito, conocido como "Códice de Alcaudete", se conservó en la biblioteca del convento hasta la desamortización de Mendizábal. Actualmente se encuentra en Burgos.
En 1592 se funda en el convento la primera de sus cofradías, la de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que alcanzará gran devoción entre los alcaudetenses, entre otros motivos por los hechos milagrosos que se le atribuían a la bendita imagen. Precisamente la gestión de la devoción desembocó en un pleito en 1674 entre cofradía y frailes del convento por la titularidad de la imagen, resolviéndose finalmente el pleito en favor de la comunidad religiosa. Tuvo, y tiene aún esta cofradía, gran número de hermanos, así como un importante patrimonio. 
Ximena Jurado (1654) nos relata en sus anales eclesiásticos del Obispado de Jaén que en el convento de La Encarnación están las reliquias del cuerpo entero de San Plácido mártir y dos canillas de brazos: una de San Erasmo y otra de San Bibiano, mártires. Dichas reliquias fueron donadas por Doña Ana de Pimentel, mujer de Don Francisco Fernández de Córdoba y Velasco, IV Conde de Alcaudete, fundador del convento Descalzo.
El convento sufre la exclaustración de sus ocupantes tras la desamortización de Mendizábal (1836). Según nos cuenta Madoz (1845), el edificio del convento fue cedido por el Gobierno al ayuntamiento de la localidad en 1843 para su uso como casa de niños expósitos (recién nacidos abandonados). Los fondos para el sostenimiento de esta institución junto con la del hospital para enfermos pobres (situado en el antiguo convento de San Francisco), ambas a cargo de la junta municipal de beneficencia, eran de 16.000 reales anuales, "renta insuficiente para cubrir sus atenciones", según Madoz.
Ya en el siglo XX el edificio habría de enfrentarse a otro durísimo episodio: la guerra civil española. Durante la contienda el templo se convirtió en la Casa del Pueblo. La imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno siguió en su camarín, pero sin la cruz y con el puño en alto imitando el saludo marxista. Al llegar la columna de "Pancho Villa" a la localidad, la imagen fue derribada con una soga y arrastrada por un camión con destino a Alcalá la Real que no llegó a completar el recorrido por la intervención de la aviación nacional. Otras imágenes tuvieron más suerte y se salvaron de la destrucción o de las llamas, como una talla de Santa Teresa, que había pertenecido al convento de La Encarnación, y que fue rescatada por el sacristán Antonio Zamora.

Imagen aérea, probablemente de los años 50,
que nos muestra el edificio del convento, anexo a la iglesia, todavía en pie.

Entre la década de los 50 y 60, el edificio del convento fue derribado para dejar paso a un nuevo espacio urbano al que se llamó Plaza del Carmen.
La Iglesia del Carmen fue restaurada en el año 2005. En ese mismo año se inauguran en el lateral del templo que da a la plazuela del Carmen dos azulejos en recuerdo de la vinculación -si no física al menos espiritual como queda dicho- de San Juan de la Cruz con el convento de La Encarnación.

Azulejos conmemorativos en honor de San Juan de la Cruz en el lateral de la iglesia
(foto: archivo propio)

LA IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN

La iglesia del Carmen es el único elemento que pervive en la actualidad del antiguo convento de La Encarnación de Carmelitas Descalzos, edificio que ocupaba la manzana comprendida entre las actuales calles del Carmen, de La Encarnación y del Agua.
De estilo manierista, es un fiel ejemplo de las concepciones arquitectónicas de las iglesias conventuales carmelitanas.
El templo tiene una orientación Oeste-Este, contraria a la habitual en la que el presbiterio queda dispuesto en dirección a la salida del sol. Tiene planta de cruz latina y una única nave cajón cubierta con bóveda de cañón con lunetos. En los laterales, entre los contrafuertes, se abren capillas a través de arcos de medio punto (cuatro a cada lado). La nave se abre en la cabecera en un corto transepto.
El crucero se remata con media naranja sobre pechinas y destaca volumétricamente al exterior mediante un cuerpo cúbico que se cubre con tejado a cuatro aguas. En la cúpula se representa un programa pictórico cuya iconografía es muy representativa de la Orden Carmelitana. Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz aparecen ante diferentes visiones conformando una escena unitaria en toda la superficie de la bóveda. Por un lado se identifica la Santístima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), en alusión al episodio de levitación que ambos protagonizaron en el locutorio del Convento de La Encarnación de Ávila mientras dialogaban sobre tal dogma. Por otro lado se representa la Sagrada Familia (San José, María y el Niño), visión ante la cual Santa Teresa experimenta su particular transverberación o traspaso místico. Finalmente, San Elías, profeta del Antiguo Testamento, se enfrenta junto con el pueblo, empuñando su espada ardiente, a los sacerdotes del falso dios Baal. San Elías trata de convencer a los israelitas de que sólo hay un Dios y que ese Dios es Yahvé y desafía a los idólatras en el Monte Carmelo. Los primeros ermitaños que se instalaron aquí allá por el siglo XII tomaron a Nuestra Señora y a San Elías como modelo de vida. De ahí que se considere al profeta como el padre espiritual del Carmelo. La factura de este fresco de la cúpula tiene una pincelada rápida y deshecha.
En las pechinas aparecen las efigies de los Evangelistas sobre cuatro medallones ovalados, siendo estas pinturas de mayor calidad que las que decoran la cúpula.
En los lunetos del transepto aparecen también pinturas antiguas de San Juan de la Cruz y Santa Teresa.

Cúpula sobre pechinas que cubre el crucero y pinturas al fresco que decoran el conjunto
(foto: archivo propio)

La capilla mayor se cierra con testero plano y bóveda de cañón con lunetos, siguiendo el esquema de la nave principal. Un pequeño camarín barroco se comunica con este espacio a través de la hornacina central del retablo mayor. Dicho camarín, de sección poligonal, se cubre con bóveda gallonada barroca, que posee abundante decoración de tipo vegetal carnosa y policromada. Contiene la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de gran devoción entre las comunidades carmelitanas y que los Descalzos del Convento de La Encarnación transmitieron a los alcaudetenses con gran éxito.
A los pies de la iglesia se encuentra el coro en alto, sobre bóveda de medio cañón rebajado.

Capilla mayor y retablo
(foto: archivo propio)

Vista parcial de la cúpula del camarín barroco.
En primer término, rostro de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
(foto: archivo propio)

Vista de la nave del templo desde el presbiterio. Al fondo, el coro en alto.
(foto: archivo propio)

En el exterior destaca fundamentalmente la fachada principal, de carácter verticalizado, donde se abre la única portada del templo, a la que se accede mediante podio de cuatro escalones. Consta de arco de medio punto con ménsula en la clave que apoya en pilastras cajeadas. Se enmarca por sendas pilastras lisas de capiteles jónicos que sostienen un sencillo entablamento. En el segundo cuerpo, frontón curvo partido y en el centro escudo de la Orden del Carmelo. Sobre el mismo, relieve que representa la Encarnación del Hijo de Dios, con las imágenes de María, a la derecha, el arcángel San Gabriel, a la izquierda, y sobre ellos el Espíritu Santo en forma de paloma y la efigie de Dios Padre, rodeados de querubines. Por encima de la cornisa que remata este relieve se abre un ventanal geminado con arcos de medio punto que aporta luz al coro de la iglesia. A ambos lados de este segundo cuerpo se abren hornacinas rematadas por frontones triangulares que contienen las imágenes de San Pedro (izquierda) y San Pablo (derecha). Todo el conjunto queda encuadrado por dos pilastras corintias de orden gigante que sostienen el gran hastial de la fachada, característico, por otra parte, de la edilicia carmelitana.   

Fachada principal de la Iglesia del Carmen
(foto: archivo propio)

Detalle del relieve de La Encarnación en la portada principal
(foto: archivo propio)

A pesar de las vicisitudes de la historia de esta fundación conventual, se han conservado importantes muestras de patrimonio mueble. Destacan especialmente dos tallas en madera policromada, ambas del siglo XVII de escuela granadina. La de San Elías, imagen de vestir, se atribuye a Pedro de Mena o su círculo. Representa al profeta con la espada ardiente que empuña en alto, sosteniendo un libro en la otra mano y con la cabeza cortada a sus pies de uno de los sacerdotes del falso dios Baal. Por otro lado se encuentra una imagen de Cristo Yacente atribuida tradicionalmente a José de Mora.

Talla de San Elías. Siglo XVII. Iglesia del Carmen de Alcaudete. 
(foto: archivo propio)



Bibliografía:

- Beltrán, Gabriel. Elecciones hechas en los primeros capitulos de la reforma teresiana (1581-1622 ). En Monte Carmelo, nº 74. 1991.
- Jiménez Delgado, Francisco. Del Jaén Perdido. Memoria artístico-religiosa de la Provincia de Jaén. Jaén, 2010.
- Madoz, Pascual. Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Madrid, 1846. 
- Rivas Morales, Antonio. Alcaudete. Leyendas, cancionero y aspectos literarios. Granada, 2009.
- VVAA. Guía Artística de Jaén y su Provincia. Sevilla, 2005.
- Ximena Jurado, Martín. Catálogo de los Obispos de las Iglesias Catedrales de Jaén y Anales Eclesiásticos de este Obispado. Madrid, 1654.