Monumentos Naturales de Jaén: El Pino Galapán en SANTIAGO-PONTONES


Pino Galapán.
Podemos comparar el tamaño del árbol con el de las personas que se encuentran en su base
(foto: archivo propio)

Nombre: Pino Galapán
Especie: Pino laricio o salgareño (Pinus nigra subsp. salzmannii)
Localización: Este de la Provincia de Jaén.
Comarca: Sierra de Segura
Municipio: Santiago-Pontones
Altitud: 1.580 m. sobre el nivel del mar
Edad aproximada: 420 años
Dimensiones: 40 m. de altura; 5,20 m. de perímetro (a 1,30 m. de altura); 15 m. de diámetro en la copa.
Distancia a Santiago de la Espada: 19,5 km.

¿CÓMO LLEGAR?

Desde Santiago de la Espada hay que tomar la carretera A-317 en dirección a La Puebla de Don Fadrique. Después de recorrer 2,4 km. hay un desvío a la derecha donde tomaremos la carretera JV-7045 que nos llevará a la aldea de Don Domingo tras recorrer 13 km. Antes de entrar en la aldea, sale a la derecha una pista sin asfaltar pero en muy buenas condiciones de firme, señalada para senderismo como GR-144. La pista desciende hasta un barranco, Rambla Seca, donde cruzaremos un puente. A continuación un ascenso hasta Prado Flores donde se pasa junto a una tinada (refugio para el ganado). Finalmente la pista se adentra en el barranco del Arroyo de la Juan Fría donde encontraremos el Pino Galapán. Hay un pequeño cartel junto a la carretera que lo anuncia. Desde Don Domingo al pino Galapán hay 4 km.

Campos de Hernán Perea.
Al fondo el pico de la Sagra (2.383 m.), ya en la vecina Provincia de Granada.
(foto: archivo propio)

LA ESPECIE: PINUS NIGRA

Perteneciente a la familia de las pináceas, se le conoce con diferentes nombres como pino salgareño, laricio o negral.
Se distribuye por todo el Sur de Europa, Asia Menor, algunas islas del Mediterráneo y muy puntualmente en zonas de la cordillera del Atlas, en Marruecos. La subespecie Salzmannii, a la que pertenece nuestro ejemplar, tiene su hábitat en España en las principales cordilleras del arco Mediterráneo desde las Béticas a los Pirineos, en altitudes que oscilan entre los 800 y los 2.000 m.
Es una especie fuerte y puede soportar tanto elevadas temperaturas y sequías prolongadas como intensos fríos y grandes nevadas.
De crecimiento moderadamente rápido, puede alcanzar los 55 m. de altura y es un árbol muy longevo, superando algunos ejemplares los 1.000 años.
La corteza es de color grisáceo, más bien oscuro, con surcos toscos. Las hojas o acículas, de color verde oscuro, son largas y fuertes, y sus piñas pequeñas.

EL PINO GALAPÁN

Este gigante se ha convertido en uno de los símbolos más importantes, no sólo del municipio de Santiago-Pontones, sino de toda la Sierra de Segura. Es precisamente su tamaño y no su edad lo que le hacen especial. Hay otros pinos mucho más antiguos en estas sierras, pero en cuestiones de tamaño, éste es el rey.
No se sabe de dónde procede el nombre de "Galapán" y hay varias teorías al respecto. Esta palabra existe en Euskera y significa "a galope", aunque no tendría mucho sentido aplicada a un árbol. En Aragón y Navarra, "galapán" es un pillo o ladrón, lo que concordaría con la leyenda que dice que este pino se llama así por un bandolero llamado Galapán que escondía sus botines en una cueva cercana. Otros, sin fundamento, afirman que procede del francés.
Este pino laricio es un superviviente de la intensa actividad forestal que vivieron estas sierras entre los siglos XVI y XIX. De hecho, en 1748 se crea la Provincia Marítima de Segura de la Sierra, que abarcaba un extenso territorio entre las actuales provincias de Jaén, Albacete y en menor medida Ciudad Real, con el objetivo de regular la explotación de los recursos forestales de estos montes. La madera de la Sierra de Segura, que bajaba por los ríos Guadalquivir y Segura hasta Sevilla, Cádiz y Cartagena, se empleó en la construcción de edificios, de barcos de la armada y más modernamente de vías ferroviarias.  Por otra parte, la actividad ganadera del tipo lanar desarrollada en estas zonas altas de la Sierra de Segura ha contribuido también a la devastación del monte.

Ejemplares de pino laricio en el barranco del Arroyo de la Juan Fría.
Al fondo, la Cordillera de las Banderillas.
(foto: archivo propio)

Conforme nos vamos acercando a este monumento natural, en los remotos Campos de Hernán Perea, en el confín Este de la Provincia de Jaén, advertiremos que no es el único ejemplar de porte grandioso. Otros como él se acercan a esos cuarenta metros de altura que alcanza el Galapán (el equivalente a un bloque de viviendas de 13 plantas), por lo que quizás desde la pista forestal no nos impresione demasiado su tamaño. Hay que descender el sendero hasta cruzar el arroyo y llegar a su base. Ahí comprenderemos mejor las dimensiones de este árbol. Si vamos acompañados, es interesante comprobar su tamaño enviando a alguien primero mientras nosotros permanecemos a pie de pista, observando desde cierta distancia las proporciones entre la persona y el gigante. Hacen falta al menos cinco personas con lo brazos extendidos para abarcar el perímetro de su tronco en la base.

Un grupo de amigos en la base del pino Galapán
(foto: archivo propio)

La zona en la que se encuentra el Galapán es un área de pinar disperso, de bosque poco denso que combina estos magníficos y elegantes árboles con otras especies arbóreas como el abeto (Abies Alba) y arbustos como el majuelo (Crataegus monogyna), el rosal silvestre (Rosa agrestis), la retama (Retama sphaerocarpa) y el erguén (Calicotome villosa).
Se trata de una de las zonas más frías de Andalucía, con un clima mediterráneo de alta montaña de veranos suaves y secos e inviernos crudos, con abundantes heladas y nevadas. El índice pluviométrico supera los 900 litros anuales, que caen en mayor medida en primavera y otoño.


Bibliografía:

- VVAA. Árboles y Arboledas Singulares de Andalucía. Junta de Andalucía. Sevilla, 2004.



 

Ermitas y Santuarios de Jaén. El Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta de VILLANUEVA DEL ARZOBISPO


Exterior del Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta de Villanueva del Arzobispo
(foto: archivo propio)

Imagen de Nuestra Señora de la Fuensanta
(foto: archivo propio)

A las afueras de Villanueva del Arzobispo, una de las cuatro Villas de la comarca homónima, se encuentra uno de los santuarios marianos de mayor fervor, no sólo en la Provincia de Jaén, sino también en toda Andalucía. Nuestra Señora de la Fuensanta es el epicentro de la fe de una comarca entera, que la venera desde tiempos medievales y la hizo su patrona. Y la devoción que se le profesa es tan antigua, que hunde sus raíces más allá de la historia, en la leyenda...

¿CÓMO LLEGAR?

El Santuario se encuentra al Sureste del casco urbano de Villanueva del Arzobispo, en contacto prácticamente con las últimas casas del barrio de San Blas, en una bifurcación de carreteras que conducen, una al Pantano del Tranco y la otra a Cañada de la Madera y a la ermita de Jesús del Monte. Se puede acceder a él desde el propio pueblo o más cómodamente desde la N-322 en la salida Villanueva - El Tranco (punto kilométrico 190), tomando dirección Villanueva, a la izquierda. El Santuario se encuentra a unos 200 metros y se divisa perfectamente desde la Nacional.

LA LEYENDA DE LA APARICIÓN DE LA VIRGEN DE LA FUENSANTA 

Una tradición venerable y muy arraigada en la comarca cuenta que, en tiempos de la dominación musulmana, en Iznatoraf existía una comunidad mozárabe con una gran devoción hacia la Virgen María. La mujer del alcaide o reyezuelo, de natural compasivo, a espaldas de su marido frecuentaba a los cristianos y los socorría en sus desgracias, recibiendo de ellos explicaciones sobre la fe cristiana, quedando admirada de las glorias y excelencias de la Madre de Dios. Habiendo sido delatada a su esposo, con la acusación de haberse convertido al cristianismo, éste (llamado por la tradición el rey moro Alimenón) mandó que la llevaran a un bosque, a unos cuatro kilómetros de Iznatoraf, y que allí le cortaran las manos y le sacaran los ojos, condenándola a morir desangrada en aquella soledad.
Habiéndose ejecutado la sentencia, la mora invocó a Santa María quien, haciéndose presente en aquel lugar, hizo brotar una fuente, en la que la mora curó sus heridas, recuperando manos y ojos, y pudiendo contemplar a la Virgen. La Señora le mandó subir a Iznatoraf y presentarse a su marido, invitando a que ambos se bautizaran en la fuente y levantaran allí un templo en su honor.

Cuadro en el que se representa el milagro de la Virgen de la Fuensanta.
José Luis Nula, 1944. Sacristía del Santuario.
(foto: archivo propio)

UN POCO DE HISTORIA

Hasta aquí el origen ideal del Santuario. Lo cierto es que se desconoce cuándo se funda este templo, que en realidad tuvo la categoría de ermita hasta 1583 en que la ocupan los Carmelitas.
En las Cantigas de Santa María, dedicadas a la Virgen, y cuya autoría se atribuye en buena parte al monarca Alfonso X "El Sabio" en la segunda mitad del siglo XIII, se habla del "milagro de Chincoya", en el que se relata la intervención divina de la Señora a favor de los cristianos en el asedio que sufrían en el castillo de Chincoya por parte de los musulmanes. La mayoría de los expertos sitúa el castillo de Chincoya en las inmediaciones de Bélmez de la Moraleda -que es mencionada en la Cantiga-, junto al río Jandulilla, en la parte oriental de Sierra Mágina y al Sur de la actual Provincia de Jaén. Y es que el castillo no existe en la actualidad y el topónimo en esta zona se perdió. El problema es que no lejos de Villanueva del Arzobispo existen unas ruinas que se identifican con el nombre de Chincolla, pertenecientes a una estructura fortificada. Ello ha inducido a algunos a situar el milagro de la cantiga en esta otra ubicación y que la imagen de Nuestra Señora sería la de la Fuensanta, aunque realmente en la cantiga no se menciona advocación alguna y se dice, además, que dicha imagen estaba situada en la capilla del castillo, por lo que, si realmente se tratara de la Virgen de la Fuensanta, aún no dispondría de ermita o santuario.

Santuario de la Fuensanta. Al fondo a la derecha, sobre un cerro, la villa de Iznatoraf,
a la que perteneció Villanueva del Arzobispo hasta el año 1396.
(foto: archivo propio)

La primera noticia histórica y, por tanto, documentada, de la existencia de un templo dedicado a Nuestra Señora de la Fuensanta en Villanueva del Arzobispo la encontramos en tiempos más recientes de las fechas en que, supuestamente, se desarrollan ambas leyendas. El documento en cuestión es el testamento de una mujer, Juana González de Vico, fechado en 19 de Enero de 1436, y en el que se consignan 500 maravedís para la obra de Santa María de la Fuensanta. No se especifica nada más, lo cual nos conduce a dos hipótesis. O bien el templo, ya construido, se estaba reparando -quizás ampliando-, o bien se estaba construyendo por esas fechas.
Villanueva del Arzobispo alcanza su independencia como villa, segregándose de Iznatoraf en el año 1396 gracias a la intercesión del Arzobispo de Toledo Don Pedro Tenorio ante el rey Enrique III, pues esta zona pertenecía al Adelantamiento de Cazorla bajo jurisdicción de los prelados toledanos. Teniendo en cuenta este dato, es muy probable que el nuevo Concejo de Villanueva se embarcara en el proyecto de construcción de una ermita a las afueras de la población durante el primer tercio del siglo XV. Claro que, por otro lado, el edificio podría ser anterior pues, en diversos pleitos entre villa matriz y segregada durante la Edad Moderna, la primera esgrimía con frecuencia la posesión de la ermita frente a la segunda.
Una particularidad del santuario de la Fuensanta es que está construido adosado a una torre defensiva que, en opinión de los expertos, sería obra de finales de la Edad Media por algunos elementos que presenta, entre ellos un balcón amatacanado. No sabemos qué elemento es anterior, si ermita o torre, pero cabría la posibilidad de que se construyeran a la par, puesto que la mampostería exterior de ambas construcciones presentan similares características (tipo de piedra, tonalidad, formas...), incluyendo también en el conjunto la torre campanario, almenada de igual modo que la torre defensiva. La razón de ser de este elemento defensivo sería la protección de la ermita, y precisamente en fechas en torno a 1436 (año del citado testamento en el que se destina dinero para la obra de la ermita), se produce paralelamente la reactivación de las conquistas de los cristianos hacia el Sur, que en tierras de frontera cercanas a Villanueva suponen la toma de Bélmez (1317), Solera (1433) o Huelma (1438) en el pasillo del río Jandulilla hacia Granada. El ambiente de inestabilidad y el miedo a posibles incursiones nazaritas en represalia, pudo dar pie a la fortificación del templo conforme se construía.

Torre defensiva almenada en la cabecera del templo. A la derecha, el volumen anexo a la torre es el camarín, que se construye en el siglo XVII para alojar la imagen de la Virgen.
(foto: archivo propio)

Por toda la argumentación expuesta, es mu y probable que la ermita de la Fuensanta se edificara durante el primer tercio del siglo XV. Su disposición interior en tres naves y elementos constructivos como los arcos apuntados -propios del gótico-, columnas y capiteles hacen de ella un caso muy cercano a templos de similares características como la Encarnación de Castellar o Santa María del Collado de Santisteban del Puerto, ambas del siglo XIV. La Fuensanta tomaría seguramente el modelo de sendas construcciones unos años más tarde, a principios del XV.

Vista del interior del Santuario de la Fuensanta
(foto: archivo propio)

EL NACIMIENTO DE LA LEYENDA

Entonces, ¿cuándo se forja la famosa leyenda de la Virgen de la Fuente Santa?
El investigador villanovense Francisco Jesús Martínez Asensio ha lanzado recientemente una hipótesis tan interesante como polémica, pero muy plausible, que gira en torno a una carta que Andrés Jurado, en representación del Concejo de Villanueva, envía en 1577 al Cabildo de la Catedral de Jaén exponiendo los portentosos hechos que se están produciendo en la ermita de Nuestra Señora de la Fuensanta relacionados con milagrosas curaciones obradas por el agua que mana de la fuente "que de tiempo inmemorial llaman del Obispo". Es interesante esta última apreciación, puesto que el manantial junto a la ermita no se llamaba "fuente santa", denominación que tomará sin embargo en el siglo XVII precisamente a raíz de dichos acontecimientos.

Escudo de la Orden Trinitaria encima de la puerta de acceso a la Fuente Santa
(foto: archivo propio)

Fuente Santa
(foto: archivo propio)

La obra impresa más antigua en que se recoge la leyenda del milagro de la Virgen de la Fuensanta y la princesa mora data de 1590 y se titula "Aqui se contienen tres obras agora nuevamente compuestas en verso castellano", del Doctor Martínez, de Valencia. Versiones más detalladas nos las proporcionan Francisco de Rus Puerta y Fernando Alonso Escudero de la Torre ya en la centuria siguiente, el siglo XVII. Ateniéndose a estos datos, y habida cuenta de que no existe rastro documental de la leyenda antes de 1590, Martínez Asensio hipotetiza un nacimiento de la leyenda precisamente a raíz de los acontecimientos milagrosos que ocurren en la ermita en torno a 1577 y que documenta en su carta Andrés Jurado, siendo creada y fabulada literariamente por alguno de los autores anteriormente mencionados, especialmente Escudero de la Torre, que sitúa el milagro en el año 964, inventa el nombre de Alimenón y lo hace rey de Iznatoraf.

FAMILIAS RELIGIOSAS EN LA HISTORIA DEL SANTUARIO

Los milagros de la bendita agua de la fuente, que era capaz de curar enfermedades o dar la vista a los ciegos -como describe Jurado en la carta- atrajeron pronto la atención de los carmelitas descalzos que, no muchos años después, en 1583, se instalan aquí convirtiendo la ermita en monasterio. 
Varias familias religiosas se sucederán de aquí en adelante en los cuidados del santuario. De 1583 a 1599 estuvo ocupado por carmelitas descalzos. De 1611 a 1618 albergó una comunidad de monjes basilios. El día 8 de Diciembre de 1625 su Santidad el Papa Urbano VIII erige a la Fuensanta en abadía secular mediante bula.
En la segunda mitad del siglo XIX moraba en él una pequeña comunidad de ermitaños, que acabaron yéndose a Las Ermitas de Córdoba a la llegada de los trinitarios. El año 1879 vio la restauración de la Orden Trinitaria en España (que había desaparecido en 1835 por la Desamortización de Mendizábal), abriendo su primera comunidad en Alcázar de San Juan. A ella se incorporó, en 1882, un anciano sacerdote llamado Juan Herencia, que durante 21 años había sido cura de Iznatoraf. Religioso trinitario exclaustrado, al saber que su Orden había vuelto a constituírse en España, abandonó Iznatoraf para volver a vestir el hábito tricolor. Viendo cómo la comunidad trinitaria de Alcázar crecía rápidamente, llegando a contar con cuarenta religiosos, y pensando éstos en abrir una segunda fundación, el Padre Herencia sugirió que podría ser en el Santuario de la Fuensanta de Villanueva del Arzobispo. Gracias a Don Tomás Millán Bueno, rico hacendado villanovense y muy devoto de su Patrona, la idea se pudo llevar a efecto. Efectivamente, éste hizo a sus expensas un convento junto al Santuario, de nueva planta, del que tomaron posesión los trinitarios el 29 de septiembre de 1884, quedando como primer presidente de la comunidad el Padre Mariano de San José. El 13 de abril de 1885, el convento de la Fuensanta fue declarado por los superiores mayores de la Orden como colegio mayor de filósofos y teólogos. Así, a los pocos meses de abrir esta nueva fundación, la comunidad villanovense quedó constituida por 24 miembros, entre padres, estudiantes, hermanos y donados. La actividad de los religiosos en Villanueva estuvo encaminada, desde el principio, al cuidado del culto de la Virgen y a la propagación de su antiquísima cofradía, cuidando también de la instrucción de los niños de las familias campesinas y del ministerio sacerdotal en el Santuario, en Villanueva y lugares comarcanos, destacando especialmente la labor del Padre Juan de Santa Teresa en las apartadas cortijadas de la Sierra de las Villas, razón por la que se le apodó el "Apóstol de la Sierra".
El ambiente anticlerical de la II República provocó que, hasta en dos ocasiones -1931 y 1936-, tuviera que suspenderse por disturbios acaecidos en Villanueva la ceremonia en la que había de ser coronada canónicamente la imagen de la Virgen de la Fuensanta. Tras el estallido de la guerra civil, el Santuario fue profanado, quemadas sus imágenes -entre ellas la de la patrona- y parte de su patrimonio artístico, así como el archivo y la biblioteca del convento. Se salvaron los retablos, el armonio y las bellas pinturas barrocas del camarín. Cinco frailes formaban la comunidad trinitaria a finales de Julio del 36, de los cuales dos murieron martirizados.

EL SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE LA FUENSANTA
  
El templo tiene una orientación NE-SO. Es de planta rectangular dividida en tres naves separadas por arcos formeros apuntados de estilo gótico que apean sobre recias columnas dóricas rematadas por sencillos capiteles. Las tres naves rematan a similar altura y se cubren con bóvedas de medio cañón, con lunetos la central, siendo también la única que presenta decoración en yesería de tipo geométrico y vegetal. Esta cubierta no es la original, que pudo ser de madera, en par hilera -al modo de los casos de Castellar y Santisteban mencionados anteriormente-, dado que el tejado es a dos aguas. Las nuevas bóvedas son barrocas, posiblemente del siglo XVIII, momento en que el santuario debió sufrir profundas reformas en su interior que le confirieron un aspecto de regusto rococó -muy lejano por tanto al original- para lo cual se enmascararon incluso los arcos apuntados, transformándolos en medio punto, y las columnas y capiteles que los sostienen. Dichos elementos constructivos no volvieron a ver la luz de nuevo hasta las reformas acometidas tras la guerra civil española.

Aspecto que presenta el interior del templo en la actualidad
(foto: archivo propio)

Vista de la nave principal en una fotografía de 1911.
Se aprecia claramente el recubrimiento en yesería que había sufrido el templo en su interior, enmascarando los arcos apuntados y convirtiendo las columnas en pilares.
(foto: portfolio fotográfico de España)

Embutidos en los muros laterales observamos arcos de medio punto que alojan ventanales y que apoyan sobre pilastras también dóricas. Estos muros laterales eran más bajos puesto que las cubiertas en las naves laterales debieron ser inclinadas. En reformas posteriores se recrecieron para equiparar las naves laterales a la altura de la principal. Ello se aprecia en la mampostería exterior, de tonalidad más clara en la franja superior del paramento.
Un arco toral apuntado da acceso al presbiterio o capilla mayor alojado en la planta baja de la torre defensiva bajomedieval, con bóveda gótica y preciosa decoración de azulejería mudéjar medieval en el zócalo. El retablo mayor data del siglo XVII, obra barroca sobredorada, a través de cuya hornacina central se comunica con un camarín, también barroco, de magníficas pinturas y profusa decoración, en el que se venera la imagen de la Virgen de la Fuensanta.
El camarín es un espacio de planta cuadrada cubierto con cúpula sobre pechinas, que fue construido adherido al muro Este de la torre defensiva. Tiene su acceso por la sacristía situada junto al presbiterio, en el lado de la Epístola.
A los pies se sitúa el coro en alto.

Presbiterio y retablo mayor
(foto: archivo propio)

Vista de la cúpula del camarín
(foto: archivo propio)

Pintura de los Desposorios de la Virgen María y San José en el camarín
(foto: archivo propio) 

En el exterior, de mampostería, destacan los volúmenes de la torre defensiva, en la cabecera, y la torre campanario, a los pies, lado del Evangelio. Esta última, muy estilizada, posee dos cuerpos. El primero, macizo, de mayor longitud, posee minúsculos vanos para iluminación de la escalera interior. En el cuerpo superior se abren amplios vanos de medio punto para campanas en tres de sus lados, excepto en el meridional.
La portada principal se encuentra en la fachada septentrional, lado del Evangelio. La puerta presenta arco carpanel con un ligero abocinamiento y se remata con arco conopial, quedando enmarcada por delgados baquetones. En el segundo cuerpo aparece una hornacina con la imagen contemporánea de la Virgen de la Fuensanta en piedra. Flanquean la portada ventanales que repiten el mismo esquema de la puerta -arco carpanel y moldura conopial-, cuatro a la derecha y tres a la izquierda.
Existe otro acceso en los pies, sencillo, con arco de medio punto sobre impostas y jambas lisas, que comunica con un zaguán previo que en realidad forma parte del convento trinitario que se construyó anexo al santuario en el último tercio del siglo XIX. La crujía occidental del convento se incrustó en esta zona de los pies del templo, suprimiendo la portada original, hoy desaparecida, y parte del rosetón, que aún es visible en parte si observamos la fachada a cierta distancia.
Unos metros más abajo, otra puerta da acceso a la Fuente Santa, un pequeño manantial precedido de doble arcada sobre una columna corintia.
Junto a este acceso existe una estatua de San Juan de la Cruz en actitud orante, inaugurada el 1 de Septiembre de 2012, y que conmemora el paso del místico por Villanueva y este santuario en 1573 para visitar a la Virgen de la Fuensanta.


Portada principal en la fachada septentrional
(foto: archivo propio)


Estatua conmemorativa de San Juan de la Cruz
(foto: archivo propio)





Bibliografía:

- Aliaga Asensio, Pedro. "Mártires Trinitarios del Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta". Sevilla, 2007.
- Martínez Asensio, Francisco Jesús. "Villanueva del Arzobispo y sus ermitas". BIEG, nº 205. Jaén, 2012.
- VVAA. Jaén, Pueblos y Ciudades. Jaén, 1997.




La Cripta del Barón de Velasco en ARJONA


Vista del conjunto de la Cripta del Barón de Velasco desde la entrada
(foto: archivo propio)

Una de las curiosidades histórico-artísticas más destacadas de la monumental villa de Arjona es una cripta funeraria familiar que mandó construir Don Fernando Ruano Prieto, Barón de Velasco, bajo una de las capillas de la Iglesia de San Juan Bautista. El estilo artístico escogido para este espacio, su decoración y el halo de misterio que lo rodea son los atractivos más interesantes de este monumento que engrandece el ya de por sí dilatado patrimonio de esta bella localidad de la Campiña jiennense.

DON FERNANDO RUANO PRIETO, VIII MARQUÉS DE LIÉDENA Y BARÓN DE VELASCO


Don Fernando Ruano Prieto
Nacido en Arjona en 1876, fueron sus padres Jerónimo Ruano y Vargas-Machuca y Beatriz Prieto y Muñoz-Cobo.
De familia acomodada, que no aristócrata, este ilustre arjonero, influyente en su época, compró realmente el título de la Baronía de Velasco en 1903, ostentándola hasta 1926, año en que el Tribunal Supremo falla definitivamente a favor de su legítimo dueño, Don Francisco Carrillo Santa Pau, quien no había reclamado el título en 1900 para que pudiera disfrutarlo alguno de sus hermanos menores, que finalmente no lo solicitan, haciéndolo por el contrario nuestro oportuno protagonista.
En 1906 hace lo propio adquiriendo el Marquesado de Liédena, cuyo titular había fallecido ese mismo año. En 1926 el título pasa a su único hijo varón, Don Jerónimo Ruano y Rodríguez-Arias, que lo conservará hasta 1958.
Don Fernando Ruano obtiene el título de Bachiller por el Instituto de Jaén en 1891. Cursó simultáneamente dos carreras universitarias por la Universidad de Salamanca, la de Derecho y la de Filosofía y Letras, licenciándose en 1894. Culminó su formación en la Universidad Central de Madrid, obteniendo el título de Doctor en ambas carreras en 1898.
Ingresó como Caballero del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid el 8 de Enero de 1900, del que fue su Diputado, Fiscal e Inpector de Uniformes. Fue también admitido como Caballero en la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza.
Contrajo matrimonio en 1901 con Doña María del Amparo Rodríguez y Rodríguez-Arias, hija y nieta de senadores e importantes industriales oriundos de Béjar, del cual nacería su único hijo varón referido con anterioridad. Años más tarde contrajo matrimonio con María de los Dolores Barrón y del Real, del cual tuvo una hija.
Si bien Ruano heredó un importante patrimonio rústico en Arjona y alrededores, lo acrecentó gracias a su matrimonio con su primera mujer y a la correcta explotación del mismo. Su estrecha vinculación al mundo agrícola y ganadero de la España de aquel entonces le valió la condecoración de la Gran Cruz de la Orden al Mérito Agrícola en 1910 y más tarde será nombrado, debido a su dilatada experiencia en el sector, Director General de Agricultura en 1917.
Su faceta como político se verá igualmente incrementada con el tiempo. Apoyándose en los importantes vínculos familiares con la política provincial y nacional que Ruano tenía, tanto por su parte como la de su esposa, será elegido Diputado a Cortes por el Distrito de Albarracín (Teruel) en seis elecciones generales entre 1910 y 1923, así como Senador del Reino por la Provincia de Teruel entre 1921 y 1923. En 1917 es designado Inspector General de Primera Enseñanza.
Persona de vasta cultura y escritor erudito, publicó, entre otras obras de corte historicista: “Don Juan II de Aragón y el Príncipe de Viana” (Bilbao, 1897), “Anexión del Reino de Navarra en tiempo del Rey Católico” (Madrid, 1899), “Don Martín de Acuña, capitán de arcabuceros, caballero del hábito de Santiago y espía mayor del rey de las Españas don Felipe II (1544-1558)” (Madrid, 1899), y "La Espada de Pizarro y un hispanófilo escocés" (Trujillo, 1941). También cultivó la poesía, siendo publicados algunos de sus trabajos en la revista cultural jiennense de ámbito provincial Don Lope de Sosa.

HISTORIA DEL MONUMENTO

Esta cripta se construyó en la década de los 20 del pasado siglo por iniciativa de Don Fernando Ruano como panteón familiar privado, justo debajo de la capilla que la familia poseía en la Iglesia parroquial de San Juan Bautista. Esta capilla familiar ya no existe y se ubicaba donde hoy se encuentra la capilla del Sagrario. La cripta tenía un acceso directo desde la capilla (y por tanto desde el interior del propio templo), pero fue tapiado en las obras de remodelación que sufrió la Iglesia en el año 1982, por lo que en la actualidad se entra a la cripta por un acceso situado al principio de la calle Prioratos, a las espaldas del templo.
Antonio Flórez Urdapilleta
El diseño de este espacio funerario se debe al arquitecto gallego Antonio Flórez Urdapilleta, quien finalizados sus estudios de Arquitectura en Madrid en 1904, estuvo pensionado en Roma, desde donde viajó por el resto de Italia, Grecia, Turquía y Viena. En algunos de estos lugares debió familiarizarse con la arquitectura paleocristiana y bizantina, singulares estilos que exhibe nuestra cripta de Arjona.
El diseño del programa decorativo se debe al maestro italiano Giovanni, mientras que las esculturas de mármol son obra del artista valenciano José Capuz Mamano.
Tras el estallido de la Guerra Civil española varios individuos abrieron la cripta del Barón de Velasco exhumando los restos momificados de la madre de Don Fernando Ruano y los arrastraron por el pueblo exhibiéndolos como símbolo de la caída de la aristocracia y la derecha. Ocasionaron daños también en las esculturas de mármol y en la decoración del espacio.
Actualmente, la Cripta está bien conservada gracias al proceso de restauración que se llevó a cabo entre los años 2001 y 2002 dirigido por Don José Luis Ojeda Navío, de Andújar. Este espacio se encuentra bajo la titularidad del Ayuntamiento de Arjona y está incluido en el Catálogo de Patrimonio Inmueble de Andalucía.


LA CRIPTA

Escalera de mármol que da acceso a la Cripta
(foto: archivo propio)

Por el mencionado acceso en la Calle Prioratos y tras pasar el umbral de la puerta, nos encontramos con una elegante escalera de mármol cuyas paredes están revestidas también del mismo material. La escalera tiene un primer tramo curvo, luego uno recto y finalmente otro curvo que desemboca directamente en la cripta.
Ésta es un espacio central cubierto por bóveda vaída en tres de cuyos lados se abren hornacinas en las que se excavan nichos.

Vista del espacio de la Cripta. En el suelo se aprecian los mecanismos que permiten el desplazamiento de las figuras de mármol de las hornacinas hacia el centro
para acceder mejor a los nichos.
(foto: archivo propio)

Lo más interesante del conjunto es su decoración. Todo el paramento está decorado con mosaico de teselas doradas. En el centro de la bóveda se representa al Pantocrátor en un círculo. Con su mano derecha bendice en el típico gesto de la tradición bizantina (dedos pulgar y anular se unen formando un círculo). Con la mano izquierda sujeta el Libro de las Sagradas Escrituras en el que se distinguen las letras griegas Alfa y Omega, que simbolizan el principio y el fin (Dios como origen y final de todas las cosas). Otras letras, también griegas, aparecen a ambos lados de la figura de Cristo: IC XC. Estas letras se corresponden con el nombre de Jesús en griego, que es, transliterado al alfabeto latino, IesouS XristoS. Siguiendo la tradición de los iconos griegos, para representar el nombre de Jesús y la Virgen María se toman las primeras y últimas letras de su nombre. Así, tomando la primera y la última letra de cada palabra formaríamos IS XS. Sin embargo, en el koiné alejandrino y en el griego bizantino el grafema que se usaba para designar la sigma (S) era C. Por lo tanto, el monograma original del nombre de Jesús es IC XC. Como se puede apreciar en la fotografía, se superpone una línea encima de cada par de letras, lo que indica que se trata de una abreviatura. Rodeando al Pantocrátor, en las esquinas de la bóveda, se representan cuatro Serafines, característicos por sus tres pares de alas con ojos incrustados en las mismas.

Bóveda vaída de la Cripta. Pantocrátor en el centro y Serafines en las esquinas
(foto: archivo propio)

Uno de los Serafines de la bóveda
(foto: archivo propio)

El suelo de la Cripta es de mármol, al igual que el zócalo que recorre sus muros. Sobre dicho zócalo y a cada lado de las tres hornacinas se sitúan bajorrelieves en mármol blanco que representan parejas de ángeles querubines desnudos con la mano derecha entrelazada mientras que con la izquierda sujetan guirnaldas de flores, hojas y frutos. Cada hornacina está ocupada por una escultura de tamaño natural realizadas también en mármol blanco que representan, con forma femenina, las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad. Las dos últimas han sido decapitadas, mientras que sólo la escultura de la Fe permanece intacta, dirigiendo su mirada hacia arriba, en dirección al Pantocrátor de la bóveda. Para dejar libre la hornacina en el momento de depositar los restos mortales de algún familiar, las esculturas podían desplazarse hacia el centro de la Cripta mediante unos engranajes localizados en el suelo y que permanecen ocultos por arquetas.
En el cuarto lado de este espacio se encuentra, sobre grada de tres escalones, el altar de mármol de la Cripta encajado en una hornacina. Junto a él, la puerta y escalera por la que se accede.

Pareja de querubines portando guirnaldas
(foto: archivo propio)

Figura de la Fe situada en el lado izquierdo de la Cripta
(foto: archivo propio)


LA CRIPTA DEL BARÓN DE VELASCO Y LA MASONERÍA

Un elemento que al parecer se encontraba en la Cripta y que se ha convertido en uno de los reclamos turísticos más importantes de Arjona es la famosa "lápida templaria" que el historiador y novelista, oriundo de la localidad, Juan Eslava Galán, popularizó en su conocida obra "La Lápida Templaria", que en realidad firma con su pseudónimo: Nicholas Wilcox. Decimos "se encontraba" porque esta lápida se puede contemplar hoy en otro emplazamiento: el tramo inferior de la escalera principal del Ayuntamiento de Arjona, incrustada en la pared.

Lápida Templaria en el Ayuntamiento de Arjona
(foto: archivo propio)

Según algunos autores, nuestro Barón de Velasco poseía ciertas inclinaciones relacionadas con la manosería, algunos de cuyos símbolos podrían rastrearse ocultos en ciertos detalles de la decoración de esta Cripta. La lápida contiene inscrito un dibujo formado por líneas y figuras geométricas además de tres letras del alfabeto hebreo. Dicho dibujo sería un trasunto del Shem Shemaforash o nombre de Dios que habría inscrito en la legendaria Mesa de Salomón, y cuyo descifrado permitiría al individuo alcanzar el conocimiento absoluto y comunicarse con la mismísima Divinidad.


Bibliografía y Enlaces:

- Artesalas (Blog Oficial de Visitas Guiadas a Arjona de Antonio Salas)
- Don Fernando Ruano Prieto (Wikipedia)
- Principios Católicos





Iglesias de Jaén. Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de RUS


Vista de la fachada norte de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Rus
(foto: archivo propio)

UN POCO DE HISTORIA

Tras la conquista cristiana de esta zona en torno a Baeza (1226), el lugar de Rus fue entregado a la Orden de Calatrava. Tiempo después, en 1440, pasa a la jurisdicción del Concejo de Baeza en calidad de aldea, situación administrativa que mantendrá hasta 1628, fecha en la que Rus se independiza y es convertida en villa realenga por decreto de Felipe IV.
El siglo XVI será de bonanza económica que se traducirá, entre otros aspectos, en una expansión del casco urbano de Rus. Es el momento en que se acometen las obras de un nuevo templo parroquial.
El escudo de Don Francisco Delgado López, Obispo de Jaén entre 1566 y 1576, revela que el grueso de las obras del edificio debió ejecutarse por estas fechas. El escudo se encuentra en la clave del arco toral de la Capilla Mayor que cobija el retablo. La fecha más antigua inscrita en los muros de la iglesia es la de 1561, fecha de conclusión de una pequeña capilla-hornacina en el interior, lado del Evangelio, por lo que las obras del templo debieron comenzar algunos años antes.
La portada septentrional, lado del Evangelio, tiene inscrita otra fecha: 1583. Ello nos da una idea del momento de finalización de las obras, posiblemente en torno a este año.
La torre campanario es algo posterior, de principios del siglo XVII, como lo atestigua la presencia del escudo de Don Sancho Dávila y Toledo -Obispo de Jaén entre los años 1600 y 1615- en la cara norte de la misma.
La mano del arquitecto Alonso Barba puede estar detrás de las trazas de esta iglesia. De origen jiennense, discípulo y amigo personal del gran arquitecto Andrés de Vandelvira, Barba trabajó intensamente en la Diócesis de Jaén en la segunda mitad del siglo XVI y pudo dejar la impronta propia de la escuela vandelviriana en este templo de Rus, visible en muchos de sus elementos estructurales y decorativos.
Ya a mediados del siglo XX, el templo -y especialmente la torre-, sufren una urgente restauración. Precisamente en la torre, justo encima del escudo del Obispo Dávila, una placa recuerda dicha restauración llevada a cabo en 1950. Reza así: "ESTA TORRE Y TEMPLO FUE RECONTRUIDA BAJO LA PROTECCIÓN DEL ILUSTRE ARCIPRESTE DE LA BASÍLICA DE MADRID DON ANDRÉS TRILLO. AÑO 1950 - DON JOSÉ MARÍA RUIZ". Don Andrés Trillo Marín, natural de Rus e hijo predilecto de la villa, fue Canónigo de la Catedral de Jaén, Deán del Cabildo Catedralicio de Madrid, y Director Nacional de Recuperación de Objetos Eclesiásticos de la Guerra, entre otros cargos. Precisamente en el desempeño de este último auspició la reconstrucción de la torre de la iglesia de su pueblo natal. Por su parte, Don José María Ruiz fue cura párroco de esta iglesia entre los años 1940 y 1955.
En 2007 vuelven a hacerse de nuevo obras de mantenimiento y reparación.
Fue incoado expediente para la declaración de esta iglesia como Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento en el año 1983 y definitivamente inscrita en el Catálogo General de Patrimonio Histórico Andaluz en 2010.   


LA IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN

El templo está situado en el casco histórico de la localidad, cercano a la torre medieval (único vestigio del antiguo recinto fortificado). Tiene una orientación Este-Oeste, y está realizado en piedra con muros de mampostería, utilizándose los sillares en lugares muy puntuales. Tiene planta centralizada (cuadrangular) dividida en tres naves de similar altura, cada una con dos tramos de bóveda (haciendo un total de seis). La nave central es más ancha que las laterales. La capilla mayor se cubre con media naranja nervada sobre pechinas en las que aparecen los cuatro evangelistas, todo realizado en yesería. El resto de las bóvedas de la iglesia están rematadas también de yesería y son del tipo vaídas. La que precede a la capilla mayor en la nave central es la que presenta mayor riqueza decorativa con un dibujo en forma de trébol, óvalos en las esquinas y hojarasca. Las bóvedas de las naves laterales son sencillas, con una moldura romboidal en el centro de cada una. Los soportes son de tres tipos: cilíndricos los centrales, mientras que adosados al muro perimetral  tenemos pilares y ménsulas, de donde arrancan los arcos de las bóvedas.

Cúpula de media naranja sobre pechinas del presbiterio y retablo mayor con la imagen de la titular del templo, la Virgen de la Asunción, en la hornacina central.
(foto: archivo propio)

Cartela con San Juan Evangelista y su símbolo, el águila, en una de las pechinas de la cúpula
(foto: archivo propio)

Vista parcial del interior del templo desde los pies
(foto: archivo propio)

Bóveda vaída decorada con yeserías previa a la capilla mayor
(foto: archivo propio)
 
El coro ocupa toda la anchura de la iglesia, situado a los pies, en alto, con estructura de madera sostenida por tres elegantes columnas de tipo toscano. Se accede a él por escalera de piedra.

Coro de madera situado a los pies del templo
(foto: archivo propio)

En el lado del Evangelio destaca una capilla-hornacina en el primer tramo de bóveda junto a la cabecera, con arco de medio punto enmarcado por columnas toscanas sobre basamento que sostienen un friso con una inscripción: "ESTA CAPYLLA MANDÓ HAZER EL VENERABLE ANDRÉS LÓPEZ SIENDO PRIOR EN ESTA IGLESIA. AÑO DE M561. ACABOSE A 21 DE AGOSTO". Sobre la cornisa, hornacina avenerada con la imagen en piedra de la Virgen María con el Niño en brazos y sendas esculturas en las esquinas de un ángel y la que se ha querido identificar como Santa Ana.
Justo en el lado opuesto se abre una sencilla puerta que da acceso a la sacristía, compuesta de arco de medio punto enmarcado también por esbeltas columnas toscanas que sostienen una cornisa con jarrones flameantes en los extremos.

Capilla-hornacina en el lado del Evangelio con fecha de 1561
(foto: archivo propio)

Portada en el acceso a la sacristía, en el lado de la Epístola
(foto: archivo propio)

El edificio se cubre con tejado a dos aguas. En el exterior se aprecian recios contrafuertes que sujetan la estructura. Destacan las dos portadas, septentrional y meridional, y la torre campanario. Ambas portadas son prácticamente idénticas y responden a un mismo esquema compositivo: arco de medio punto con moldura en la clave que descansa sobre jambas cajeadas, quedando enmarcado por sendas pilastras igualmente cajeadas de orden toscano sobre basamento que sostienen un sencillo entablamento. La del lado del Evangelio o septentrional muestra una inscripción en latín en el friso que reza: "ASSUMPTA EST MARIA IN CAELUM, GAUDENT ANGELI", que significa "María es asunta al cielo, los ángeles se regocijan", y una fecha: 1583. De esta forma, queda clara la advocación de la Iglesia de Rus desde su origen.

Portada septentrional (principal), con la inscripción en latín
(foto: archivo propio)

Fachada meridional del templo y portada. Se aprecian a la izquierda los contrafuertes de la fachada Oeste que están horadados en su base, dejando un pasillo originalmente utilizado por los viandantes y recuperado recientemente.
(foto: archivo propio)

La torre se encuentra a los pies, lado del Evangelio, y es, como se dijo, posterior. De planta rectangular, presenta dos cuerpos. El primero abarca gran parte de la longitud de la torre. Aquí, en el lado norte, se encuentran el mencionado escudo del Obispo de Jaén, Don Sancho Dávila y Toledo y, por encima del mismo, la placa alusiva a la restauración de la torre en el año 1950. El segundo cuerpo, separado del primero por una amplia cornisa, presenta seis vanos para campanas, situados dos en cada lado mayor del rectángulo y uno en los lados menores. El vano norte contiene el reloj. Otra cornisa, adornada en este caso con ménsulas, da paso al tejado a cuatro aguas que cubre la torre.

Escudo del Obispo de Jaén Don Sancho Dávila
y placa conmemorativa de la restauración de la torre en 1950
(foto: archivo propio)




Bibliografía:

- VVAA. Guía Artística de Jaén y su Provincia. Sevilla, 2005.
- VVAA. Jaén, Pueblos y Ciudades. Jaén, 1997.
- Web del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (www.iaph.es)