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El Puente de Ariza en ÚBEDA


Puente de Ariza sobre el río Guadalimar
(foto: archivo propio)
¿CÓMO LLEGAR?

Desde Úbeda hay que tomar la carretera autonómica A-301 La Carolina-Úbeda. A 8 km. sale un desvío a la izquierda (punto kilométrico 39). Se trata de la antigua carretera, que desciende hasta el embalse del Giribaile, y que cruzaba el río Guadalimar en dirección Norte-Sur por el histórico puente objeto de nuestro artículo. Este último tramo, de 4,3 km., se encuentra en mal estado de firme y hay que ir despacio.

Puente de Ariza desde la carretera vieja que desciende al valle del río Guadalimar
(foto: archivo propio)

UN POCO DE HISTORIA

En el contexto de la pujanza económica que vive Úbeda en el siglo XVI, este puente se construyó por iniciativa del Concejo de la ciudad -que lo sufraga en su totalidad- para mejorar sus comunicaciones con Levante y La Mancha a través de la comarca del Condado. El encargado de las trazas fue el arquitecto Andrés de Vandelvira, mientras que el cantero ubetense Antón Sánchez se ocuparía de su construcción. Las obras comienzan en 1563 y están prácticamente concluidas en 1575.
Vandelvira tenía experiencia previa en este tipo de construcciones de ingeniería desde que trabajara en Cuenca junto a su suegro, el maestro cantero Francisco de Luna, autor del puente de San Pablo de aquella ciudad -hoy desparecido y sustituido por otro-, en el que Vandelvira también participó. En las mismas fechas en que comienzan las obras del puente de Ariza, el de Alcaraz presenta también las trazas de otro puente, sobre el río Guadalmena (entre los términos de Siles y Montiel), actualmente desaparecido.
En la cartografía hasta finales del siglo XVIII, este puente era indicado con el nombre de "Puente Nueva". No será hasta principios del siglo XX cuando aparezca con su actual denominación.

El Puente de Ariza en una fotografía de 1866 realizada por Jean Laurent
(Biblioteca Nacional)

El puente se modifica en el siglo XIX, concretamente en el año 1847, rectificando las rasantes para eliminar la fuerte pendiente de las dos rampas originales que convergían en la parte central y que le conferían un aspecto en punta, mucho más acusado que el que hoy en día tiene. También se suprimen los pretiles de obra, sustituyéndolos por barandas de metal y se reconstruyen algunos de los tajamares, cambiando su aspecto de redondeados a puntiagudos.
En la segunda mitad del siglo XIX se le añaden dos grandes taludes en los extremos realizados al plantearse el actual trazado de la carretera con una curva de entrada y otra de salida del puente, en contraste con el camino original recto.
La puesta en funcionamiento del embalse del Giribaile en 1997 supuso la desviación de la antigua carretera C-3217 Úbeda-Arquillos. La nueva carretera A-301 incluyó un nuevo puente aguas arriba, más elevado, para salvar la cola del pantano en esta zona. Cuando el embalse alcanza su nivel máximo, el antiguo puente de Ariza queda sumergido bajo las aguas, y sólo es visible en épocas de sequía o, en ocasiones, durante el verano.
En 1993 fue incoado expediente para su declaración como Monumento.
La belleza de sus cuidadas proporciones, la obra de cantería empleada y su autoría reconocida en el gran arquitecto Andrés de Vandelvira, hacen del puente de Ariza una de las obras de ingeniería más importantes del renacimiento andaluz y español.


EL PUENTE DE ARIZA

El Puente de Ariza se encuentra edificado a una cota de 320 m. sobre el nivel del mar. Úbeda, que se encuentra a una distancia de 12 km. por carretera, se eleva a 750 m. de altitud, por lo que el desnivel es ligeramente pronunciado en el descenso al valle del Guadalimar desde la ciudad.
Construido en piedra arenisca cortada en sillarejo, este puente renacentista responde sin embargo a la tipología de "lomo de asno", más propia de la Edad Media. Y es que su paso no es llano sino compuesto de doble rampa que converge en la parte central, sobre el arco principal.
Su estructura es simétrica, formada por cinco ojos con arcos de medio punto y bóveda de cañón, siendo el central el de mayores dimensiones (32,7 m. de luz o anchura), reduciéndose en tamaño y altura los restantes hacia los extremos. En esta época se construyeron otros puentes con la singularidad de la gran luz de sus bóvedas centrales, como el de Marmolejo (Jaén) o los de Montoro y Benamejí (Córdoba).
Sus dimensiones se completan con una longitud de 99,5 m., anchura de 6,3 m. y altura máxima de 17 m.
Los pilares del puente se asientan en basamentos de hormigón y cal. Debajo de uno de los arcos laterales (margen izquierda del río) existe otro arco ligeramente más estrecho y posiblemente más antiguo, correspondiente quizás a un proyecto anterior, del año 1512, que no llegó a ejecutarse.
Posee cuatro tajamares -contrafuertes que reparten el agua-. Los de la margen izquierda son, angular aguas arriba, y semicircular aguas abajo. Los de la margen derecha son ambos angulares e irregulares en su forma.

Fachada Oeste del Puente de Ariza
(foto: archivo propio)

Fachada Este del Puente Ariza
(foto: archivo propio)

Detalle de la fachada Oeste. Nótese el arco más antiguo debajo del segundo ojo del puente.
(foto: archivo propio)

La decoración del puente es muy sobria, limitándose a una sencilla moldura semicircular por encima de las dovelas de los arcos. En la fachada Oeste, en la clave del segundo arco (margen izquierda) aparece el único relieve, consistente en una figura antropomorfa alada no identificada, algo desgastada, en la que algunos han querido reconocer la imagen de San  Miguel Arcángel, patrón de la ciudad de Úbeda desde su conquista cristiana en el siglo XIII.

Relieve en la dovela clave y adyacentes con la figura antropomorfa alada
que posiblemente sea la representación de San Miguel, patrón de Úbeda.
(foto: archivo propio)


SALVAR EL PUENTE DE ARIZA

Desde finales de los años 90 del siglo pasado, varias han sido las iniciativas para la recuperación del puente de Ariza de su tumba subacuática mediante su traslado a otra ubicación. El deterioro del puente se hace latente con el paso del tiempo, ya que el agua, el mayor disolvente del mundo, está empezando a dañar su estructura.
Hubo un proyecto inicial de traslado en 1997, cuando la presa del Giribaile comenzó a embalsar agua. El Ministerio de Medio Ambiente, cuya titular entonces era Isabel Tocino, destinó 800 millones de pesetas para desmontar el puente piedra a piedra y reconstruirlo en las inmediaciones de la Ermita del Gavellar o de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de la ciudad. El traslado nunca llegó a ejecutarse. Desde entonces, la sociedad civil de Úbeda e incluso diversas asociaciones de defensa del Patrimonio a nivel provincial han reclamado sin éxito la actuación urgente para salvar este monumento, que sigue durmiendo bajo las aguas a la espera de un pronto rescate que las distintas administraciones le niegan.


Bibliografía:

- Martínez Peñarroya, José. Paisaje y Arquitectura renacentista en el valle del Guadalquivir: el Puente de Ariza (Úbeda). Revista Arqueología y Territorio Medieval. Universidad de Jaén, 2000.




Del Jaén perdido... Nazarenus jiennensis. Cristo de la Espina de ÚBEDA

Primer plano del rostro y detalle de la mano del Cristo de la Espina de Úbeda
(fotografía de los años 20)

Inauguramos hoy esta sección de la Semana Santa de 2013, "Nazarenus jiennensis", en la que realizaremos un recorrido visual e histórico por algunas de las imágenes de Jesús Nazareno perdidas en los luctuosos acontecimientos de la guerra civil española en nuestra Provincia de Jaén.
Y comenzamos la sección con la que considero la mejor imagen de Jesucristo representado en cualesquiera de los momentos de su pasión redentora: el "Cristo de la Espina" de Úbeda.



HISTORIA DE LA IMAGEN

Denominado a lo largo de los tiempos "Jesús Caído", "Dulce Jesús" y muy especialmente "Cristo de la Espina", era ésta una impresionante, portentosa escultura de Jesús en el momento de caer por tercera vez bajo el peso de la cruz en la Vía Dolorosa hacia el Calvario, una escena que, por cierto, no recoge ninguno de los Evangelios y pertenece más bien a la tradición popular.
De autor desconocido, se ha atribuido este Cristo, por su enorme calidad artística, a imagineros de la talla de Juan Martínez Montañés, José Risueño y últimamente a José de Mora (1638-1725) o su círculo habida cuenta de las similitudes que presenta con la obra de este imaginero granadino. Por otra parte, la presencia de un Cristo caído -que sí se conserva afortunadamente- de similares características en la vecina ciudad de Baeza y atribuido a este escultor, refuerza esta teoría. Además, los escultores de la llamada "escuela granadina" siempre han estado más ligados a nuestra tierra jiennense que los de la sevillana, más alejada geográficamente. A pesar de los clarísimos rasgos "granadinos" de este Cristo, no obstante sería precipitado descartar una posible autoría de Montañés. Según el historiador Ginés de la Jara Torres Navarrete, en su Historia de Úbeda en sus documentos (2005) -Tomo VI-, refiere que la talla que nos ocupa fue un regalo (suponemos que al Convento de Carmelitas Descalzas de Sabiote, que es donde queda depositado) de Doña Ana Félix de Guzmán, hija del I Conde de Olivares, y esposa de Don Francisco Manuel de los Cobos y Luna, II Marqués de Camarasa y a la sazón, Señor de la Villa de Sabiote (el abuelo de éste, el famoso Francisco de los Cobos, secretario del emperador Carlos V, había fundado un mayorazgo con las villas de Sabiote, Torres y Canena, y más tarde, en 1543, el propio emperador concederá el Marquesado de Camarasa al hijo de su secretario, Don Diego de los Cobos, como regalo de boda). El caso es que el citado historiador, Torres Navarrete, afirma que la talla procede de Sevilla y que su autoría podría corresponder a Montañés, que era el imaginero de mayor prestigio en la capital hispalense por entonces. La Casa de Olivares tuvo desde luego relación con el alcalaíno. Si esto fuera cierto, y dado que Doña Ana Félix de Guzmán muere en 1612, no pudo haber encargado la obra al granadino José de Mora, que ni siquiera había nacido para esa fecha. Claro que cabe la posibilidad de que lo hubiera hecho a Pablo de Rojas o Alonso de Mena, precursores de la escuela granadina de imaginería, pero no es este Cristo del estilo de estos autores. Tampoco de Montañés. Sus rasgos, tan característicos del hacer de los Mora, lo acercan casi indiscutiblemente a esta familia de imagineros y muy especialmente a su principal representante, José. Por lo que es muy poco probable que los II Marqueses de Camarasa tuvieran nada que ver con esta imagen, que es claramente posterior.

Procesión del Cristo de la Caída por la Calle Ancha el Viernes Santo por la mañana
(fotografía de los años 10)

De lo que no cabe duda es que este Jesús Caído es venerado en el convento de las Descalzas de Sabiote, pasando en fecha indeterminada al también carmelitano de Úbeda. Aquí de nuevo vuelven a ser confusos los datos. En la bibliografía consultada se acepta en general el hecho de que el Señor de la Espina pasa por testamento en 1663 al convento de Úbeda de manos de Doña Ana Crespo, monja en el cenobio de Sabiote y que profesará más tarde en las Descalzas de Úbeda, su pueblo (no sabemos más datos acerca de ella ni por qué obraba en su poder la talla). La fuente de esta información procede de la Historia de Úbeda (1906) -Tomo II, Capítulo III- del historiador ubetense Don Miguel Ruiz Prieto. En el apartado que dedica al Convento de la Concepción de Carmelitas Descalzas de esta ciudad, dice: "Muchos bienhechores legaron memorias a este convento, a saber: el Marqués de Santa Cruz de Pan y Agua, dotó, entre otras memorias, en 1684, una fiesta a Jesús Nazareno, cuya imagen nos parece es la que Doña Ana Crespo legó por su testamento, en 1663, a este convento y se colocó en el coro alto, imagen bellísima y de mérito artístico, según nos han informado (...) También existe en el convento una magnífica escultura de Jesús Caído, con su cruz a cuestas, que parece del célebre Montañés. Es una bellísima imagen, acaso la mejor de las que existen en Úbeda. No sabemos su procedencia...". Ruiz Prieto hace claramente alusión a dos imágenes bien distintas. El primer Nazareno, legado por Ana Crespo, y el Jesús Caído, que es nuestro Señor de la Espina, por cierto aquí de nuevo atribuido a Montañés, seguramente por desconocimiento, en un ejercicio de identificación de una gran obra con un gran escultor. En este caso, el problema estriba en que no se tiene noticia alguna de que en las Descalzas de Úbeda se venerara otro Nazareno que no fuera el Señor de la Espina. Había otros Nazarenos en Úbeda, pero radicados en otros templos (La Trinidad, San Andrés...). Por lo que se trata seguramente de una confusión del historiador y todos esos datos hagan referencia en realidad al mismo Nazareno: Jesús Caído. La confusión no acaba aquí, puesto que en alusión a la fiesta que costeaba el propio Concejo de la ciudad de Úbeda al Señor de la Espina, el autor habla en pasado, dándola por extinguida, cuando al tiempo de la publicación de su libro aún se realizaba: "...el Ayuntamiento desde tiempo inmemorial, según consta en el acta de la sesión de 6 de abril de 1837, costeaba una fiesta el día 14 de dicho mes". Ese año, la fiesta se realizó el 14 de Abril efectivamente, pero la fiesta del Señor de la Espina variaba según el año, pues como el mismo autor señala, su fiesta y procesión: "...se hace a los ocho días de sus novena, que empieza quince días después del Viernes Santo...".
Y es que al Dulce Jesús de las Descalzas se le tenía por muy milagroso, hasta tal punto que, como a Jesús Nazareno "de las Aguas" o la patrona, Nuestra Señora de Guadalupe, también se le procesionaba en momentos de dificultad, sobre todo en rogativas públicas por escasez de lluvias. El  propio Concejo, como se ha dicho, había hecho voto en su honor y costeaba su fiesta, la primera de las cuales tuvo lugar en 1706, aunque en este caso se le imploró al Señor de la Espina por un motivo bien distinto: la Guerra de Sucesión. Esta tradición se mantuvo, con mínimas intermitencias, hasta 1931, año en que se proclama la Segunda República y el Ayuntamiento deja de costear la fiesta y de participar activamente en ella.
La vorágine del odio, cruel y arrolladora, que tanto daño causó a esta España inculta y arcaica de los años 30, se llevó por delante esta irremplazable imagen de Cristo que desapareció para siempre en una hoguera junto al convento de San Miguel de los Descalzos en 1936, una pérdida muy llorada no sólo por las gentes de Úbeda, también por las de Sabiote, villa muy ligada a esta devoción de sus mayores.

Vista completa de la talla del Señor de la Espina o Jesús Caído
(fotografía de los años 20)


LA IMAGEN

Sobran las palabras, incluso ahora que la imagen no existe y sólo podemos hacernos una ligera idea de cómo era a través de viejas fotografías en blanco y negro, único testimonio que nos queda ya de este divino Jesús Caído.
Perfecta su anatomía y perfecta la forma en que se resuelven las tensiones del cuerpo, un cuerpo frágil, huesudo, pálido..., al igual que el rostro, que no obstante contiene en sí mismo toda la Misericordia de Dios. Expresa un dolor contenido, sin aspavientos. Cristo ha caído por tercera vez ya cerca del Calvario, pero en su mirada perdida, bajos los párpados, se refleja un infinito Perdón que va derramando a su paso al pueblo de Úbeda, trasunto de la misma Humanidad, antes incluso de morir en la Cruz.
Ceño fruncido por el dolor, clásica nariz, labios carnosos, boca entreabierta, fino bigote que no se junta con la barba, más poblada en el mentón donde adquiere forma bífida... rasgos de un rostro tan divino como humano. Pero no acaba aquí la expresividad. Su mano izquierda, que no sujeta, abraza la Cruz, bastaría ella sola para considerarlo una obra de arte, pues su posición, acabado y los sutiles detalles de venas, tendones y huesos representados que se adivinan a través de la fina piel, crean un efectismo patético delicioso en esta barroca imagen. Su mano derecha se apoya suavemente sobre una piedra de formas redondeadas, trasunto en este caso del Mundo al que Cristo ofrece su sacrifico.
La imagen, acorde con las modas, presentaba larga cabellera natural. Lucía espléndidas joyas donadas en testamento por fervorosos hombres y piadosas mujeres, como la corona de espinas en plata sobredorada, potencias y colgantes, vistiendo asímismo lujosas túnicas algunas de ellas ricamente bordadas. Era costumbre procesionarlo vestido, y también mostrando su portentosa anatomía en ocasiones. En todo caso lo hacía sobre un gran trono de hasta tres pisos y forma tronco-piramidal, adornado de abundante candelería de tulipas.


 Procesión del Cristo de la Espina el Viernes Santo por la mañana
(fotografía de los años 20 tomada delante del Pósito de la ciudad)


LA COFRADÍA

A pesar de la enorme devoción que se profesaba a este Cristo, y posiblemente porque de su fiesta y procesión (tras la novena, después de la Semana Santa) se encargaba el Ayuntamiento de Úbeda, la imagen no tuvo cofradía propia hasta la tardía fecha de 1904, en que es fundada, siendo su primer presidente Don José María Fernández-Liencres. No es descartable que el Cristo de la Espina participara de los desfiles procesionales de Semana Santa antes de esta fecha, pero oficialmente comienza a hacerlo a las diez de la mañana del Viernes Santo del referido año, saliendo la imagen de la iglesia de las Descalzas y acabando su estación de penitencia en Santa María de los Reales Alcázares, que es precisamente donde hoy tiene su sede canónica la cofradía. Los cofrades vestían, y visten, túnica blanca y caperuz morado, luciendo en el peto el escudo de la Orden del Carmelo, muy vinculada siempre a la devoción por la iconografía del Nazareno, ya expresada por su fundadora Santa Teresa de Ávila.
Tras la destrucción de imagen y trono en la guerra civil, la cofradía adquiere en 1942 una nueva imagen de Jesús Caído, salido de la gubia del escultor Mariano Benlliure, que también consigue con esta magnífica talla despertar los sentimientos devocionales de un pueblo que no había olvidado aún a su Cristo de la Espina.

Actual imagen de Jesús Caído (1942) del escultor Mariano Benlliure
Iglesia de Santa María de los Reales Alcázares. Úbeda
(foto: archivo propio)


Bibliografía:

- Ruiz Prieto, Miguel. Historia de Úbeda. Úbeda, 1906.
- Torres Navarrete, Ginés de la Jara. Historia de Úbeda en sus dodumentos. Jaén, 2005.
- VVAA. La Semana Santa en el recuerdo. Diario Jaén/CajaSur

Enlaces:




     

Federico García Lorca y Jaén


Federico García Lorca a la edad de 21 años
Fotografía de 1919

Hace tan sólo unos días se conmemoraban los 114 años de su nacimiento. El 5 de Junio de 1898 venía al mundo en la localidad granadina de Fuente Vaqueros el que habría de convertirse en una de las personalidades literarias más influyentes del siglo XX, Federico García Lorca. Pero he querido retrasar un poco la publicación de este artículo, pues precisamente tal día como hoy, 8 de Junio, pero de hace 96 años, el inmortal poeta, dramaturgo y prosista perteneciente a la llamada generación del 27 tenía, con 18 años recién cumplidos, su primer contacto con tierras jiennenses. Y digo primero, porque habría de visitar nuestra provincia con posterioridad en varias ocasiones. Hoy quisiera rendirle homenaje analizando su paso por la provincia de Jaén y la huella que ésta dejó en su persona y en su obra.
Federico García Lorca comienza sus estudios universitarios en las facultades de Derecho y Filosofía y Letras de la Universidad de Granada en el año 1915. Precisamente en el marco de éste su primer curso académico, tiene lugar el primer encuentro del poeta con Jaén, ya en 1916, con ocasión del viaje de estudios que realiza a Baeza y Úbeda en compañía del catedrático de Teoría de la Literatura y de las Artes, Don Martín Domínguez Berrueta, profesor muy influido por la Institución Libre de Enseñanza y que, como método para una extensión práctica de sus enseñanzas de arte, organiza una serie de viajes por España con sus muchachos para propiciar también con ello un mayor acercamiento entre profesor y alumnos.
El 8 de Junio llegan a Baeza. Allí, el grupo de estudiantes conocería al poeta Antonio Machado, quien desde 1912 enseñaba francés en el Instituto de la ciudad. El día 10 de Junio por la mañana hacen una excursión a Úbeda, ciudad a la que llegan en tranvía, realizando una visita a su rico conjunto monumental. 

Paseo de las delicias y Capilla del Salvador (Úbeda)
Portfolio Fotográfico de España. Provincia de Jaén. Casa Editorial Alberto Martín. 1911

Ya por la tarde visitan el Instituto de Baeza, donde les espera Machado, que les deleita con una lectura de Campos de Castilla y recita versos de Rubén Darío. Terminan la jornada con una velada en el Casino de Artesanos de Baeza, en la que Lorca interpreta al piano una selección de piezas clásicas y varias composiciones suyas de inspiración andaluza. Recordemos que por estas fechas el poeta estaba más interesado en la música que en la literatura, queriendo incluso ampliar sus estudios musicales en París, cosa que no llegó a suceder.
Lorca acudirá a Baeza en más ocasiones, al año siguiente en una nueva excursión artística y, como tiempo después referirá su propio hermano Francisco, en otras excursiones "menos académicas" con algunos amigos, donde "...era cuestión de vivir la pequeña ciudad, callejeando, asomándose al paisaje, entrando en el casino, charlando con los amigos locales que ya Federico tenía (...). No olvidaré la noche de grandes nubes y luna llena, sentados en la fuente de la Plaza de la Catedral. Un fuerte viento jugaba con las nubes y oscurecía e iluminaba alternativamente el paraje, ocultando o dando espectral relieve a la Catedral y el Palacio de Jabalquinto. Alguien evocó en aquel sitio la figura de San Juan de la Cruz. A pesar de la superior belleza y monumentalidad de Úbeda, nosotros preferíamos, sin saber bien por qué, el ambiente más recatado de Baeza".
(Francisco Gracía Lorca, Federico y su mundo, 1980)

Fruto de estos contactos con la vetusta ciudad nacería un escrito no conservado con el título "A la fuente de Santa María de Baeza", que sabemos de su existencia por una carta de su amigo de Baeza Lorenzo Martínez Fuset, así como un capítulo de su obra "Impresiones y paisajes" titulado "Ciudad perdida", que dedica a la señorita María del Reposo Urquía, también baezana y amiga de Lorca. En "Ciudad perdida" el autor hace a lo largo de varias páginas un retrato muy interesante, romántico y personal, de la Baeza que conoció entonces. He aquí un fragmento:

"Todas las cosas están dormidas en un tenue sopor..., se diría que por las calles tristes y silenciosas pasan sombras antiguas que lloraran cuando la noche media... Por todas partes ruinas color sangre, arcos convertidos en brazos que quisieran besarse, columnas truncadas cubiertas de amarillo y yedra, cabezas esfumadas entre la tierra húmeda, escudos que se borran entre verdinegruras, cruces mohosas que hablan de muerte... Luego un meloso sonido de campanas que zumba en los oídos sin cesar..., algunas voces de niños que siempre suenan muy lejos y un continuo ladrido que lo llena todo... La luz muy clara. El cielo muy azul en el que se recortan fuertemente los palacios con oriflamas de jaramagos. Nadie cruza las calles, y si las atraviesa, camina muy despacio como si temiera despertar a alguien que durmiera delicadamente... Las yerbas son dueñas de los caminos y se esparcen por toda la ciudad tapando calles, orlando a las casas y borrando la huella de los que pasan. Los cipreses ponen su melancolía en el ambiente y son incensarios gigantes que perfuman el aire de la ciudad (...). De cuando en cuando palacios y casonas de un Renacimiento admirable...".

Y el precioso paisaje que se contempla desde ella:

"...Una hoya inmensa cercada de montañas azules, en las cuales los pueblos lucen su blancura diamantina de luz esfumada. Sombríos y bravos acordes de olivares contrastan con las sierras, que son violeta profundo por su falda. El Guadalquivir traza su enorme garabato sobre la tierra llana. Hay ondulaciones fuertes y suaves en la tierra... Los trigales se estremecen al sentir la mano de los vientos...".
(Impresiones y paisajes, 1918)

"¡Borrachera espléndida del romanticismo!", confiesa, en fin, Lorca, sobrecogido por la íntima belleza monumental de Baeza.

Plaza de Santa María (Baeza)
Tarjeta postal. Fototipia Hauser y Menet. 1902

Plaza del Pópulo y Fuente de los Leones (Baeza)
Portfolio Fotográfico de España. Provincia de Jaén. Casa Editorial Alberto Martín. 1911

La huella que dejó este viaje en su formación temprana, ha sido ya suficientemente puesta de relieve por diversos críticos. El encuentro con el austero paisaje de Jaén y sus gentes debió de sorprender al joven estudiante, acostumbrado a la llana fecundidad de la huerta y vega granadinas. El mito de la Andalucía árabe en el que se había sostenido su infancia, regada por fuentes y cauces de agua, contrasta ahora con la sequedad de una tierra que concentra su fuerza original en una reducida gama de colores y gestos contenidos. Estos años de juventud son fundamentales para la consolidación de la personal visión de lo andaluz que tomará cuerpo en obras como el “Romancero Gitano”, un libro, según confiesa el propio Lorca “donde apenas está expresada la Andalucía que se ve, pero donde está temblando la que no se ve”.
    En 1925 viaja de nuevo a Jaén, por placer, en este caso a la capital, y acompañado por unos amigos. Se alojan en casa de Don Manuel Montero Sola, en la jaenera Carrera de Jesús. De regreso a Granada, Lorca escribe algunas tarjetas postales a diversos amigos, contándoles sus impresiones sobre el viaje, entre ellos a José Bello Lasierra -Pepín Bello- y al pintor jiennense Manuel Ángeles Ortiz, gran amigo de Federico. Concretamente a este último le escribe: "Manolo. Hemos venido en auto a Jaén, que es tu tierra. ¡Una maravilla!...". Merece la pena destacar la tarjeta postal, por cierto del Acueducto romano del Carmen que se encontraba en la popular Senda de los Huertos, que con fecha 2 de Noviembre remite a su gran amigo Melchor Fernández Almagro, residente en Madrid, de padre jiennense, y en cuya casa de Úbeda se había hospedado en aquel primer viaje de juventud con la Universidad. Dice así:

"¿Pero tú conoces Jaén? No, tú conoces Úbeda y quizás Baeza. Estas son dos ciudades mitad castellanas y mitad andaluzas. De ahí es tu sangre. Pero el que está en Jaén puede decir que ha llegado al corazón recóndito y puro de Andalucía la alta. (...) McDonald sigue su cuesta abajo de desilusiones granadinas. En cambio, ha descubierto en grata compañía la belleza de Jaén, con su catedral airosa, abierta por cientos de balcones a las calles y a la plaza, coronada de apóstoles y profetas y guardadora del Santo Rostro, que solemnísimamente adoramos. Se puede hacer el viaje por besar el cristal donde surge la cara bizantina de Cristo, aceitosa y llena de dulce intimidad entre las viejas esmeraldas y rubíes del católico y viejo marco. Envuelta, además, en la unción sedosa de la liturgia. Granada ya no es. Granada tiene, Jaén es unificada. Jaén es Andalucía...".

Jaén. Vista parcial desde el Sendero de los Huertos
Tarjeta postal. Fototipia E.J.G. 1905

Se deduce que esta visita a la ciudad del Santo Reino sirvió para completar la imagen que de Jaén tenía el escritor. Los amigos que acompañan a Lorca forman parte del grupo de jóvenes que, descontentos con la cultura oficial de Granada, comienzan a aglutinarse por estas fechas en torno a su figura. La referencia a McDonald (personaje inventado por el grupo para zarandear los principios inamovibles de la sociedad granadina) desvela el afán crítico que les anima en ese momento.
Por lo que se refiere al resto de la producción de Lorca, la provincia de Jaén no aparece sino intuida a través de los elementos que configuran su característico pasiaje. Hoy se sabe que su famoso "Romance de la pena negra" ("Romancero Gitano", 1924-1927) se titulaba en una versión inicial "Romance de la pena negra en Jaén", según lo señala el propio Lorca a Fernández Alamgro en 1926, una localización que el autor decidió suprimir en la versión final de esta composición. Resulta evidente que esas "tierras de aceituna" en el poema hacen referencia a tierras jiennenses. Y es que el paisaje de olivar es un tema recurrente en la obra lorquiana. Por ejemplo en el "Poema del cante jondo" (1921):

POEMA DE LA SEGUIRIYA GITANA
PAISAJE

El campo
de olivos
se abre y se cierra
como un abanico.
Sobre el olivar
hay un cielo hundido
y una lluvia oscura
de luceros fríos.
Tiembla junco y penumbra
a las orillas del río.
Se riza el aire gris.
Los olivos
están cargados
de gritos.
Una bandada
de pájaros cautivos,
que mueven sus larguísimas
colas en lo sombrío.



POEMA DE LA SOLEÁ
TIERRA SECA

Tierra seca,
tierra quieta
de noches
inmensas.

Viento en el olivar,
viento en la sierra.

Tierra
vieja
del candil
y la pena.

Tierra 
de las hondas cisternas.
Tierra
de la muerte sin ojos
y las flechas.

Viento por los caminos.
Brisa en las alamedas.


PUEBLO

Sobre el monte pelado,
un calvario.
Agua clara
y olivos centenarios.
Por las callejas,
hombres embozados,
y en las torres
veletas girando.
Eternamente
girando.
¡Oh, pueblo perdido,
en la Andalucía del llanto!



Bibliografía:

- Chica, Francisco. Jaén en Federico García Lorca, en B.I.E.G. nº 146, julio - diciembre, 1992.
- Peragón López, Clara Eugenia. La presencia de Andalucía en la obra de Federico García Lorca. En Tonos, revista electrónica de estudios filológicos. Nº 22, enero de 2012. 
- Pérez Miñano, Carmen. La imagen de la ciudad de Jaén. Jaén, 2003.



Del Jaén perdido... "Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum". Cristo de la Expiración de ÚBEDA

Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum fue la inscripción que se colocó en un cartel encima de la cabeza de Cristo cuando fue crucificado, y que se traduce al español como "Jesús Nazareno, Rey de los Judíos". En el Evangelio de San Juan (19, 19-20) se dice textualmente: Escribió asímismo Pilato un letrero y lo puso sobre la cruz. En él estaba escrito: Jesús Nazareno, Rey de los Judíos. Este rótulo lo leyeron muchos judíos, porque el lugar estaba contiguo a la ciudad, y el título estaba en hebreo, en griego y en latín.
He elegido esta frase para dar título a una nueva sección de este blog en la que realizaremos, en estas semanas previas a la Semana Santa, un recorrido visual a través de antiguas fotografías en blanco y negro de algunas tallas de crucificados jiennenses, irremediablemente perdidos tras los fatídicos sucesos acaecidos en la Guerra Civil española.

Misterio procesional del Santísimo Cristo de la Expiración, Ntra. Sra. de los Dolores, 
San Juan y Santa María Magdalena. 
Interior de la Iglesia de la Trinidad. Úbeda. Año 1897

Cuando comenzaba a interesarme por la Semana Santa de la Provincia, hace ya muchos años, pude comprobar cómo absolutamente todo el patrimonio imaginero de pasión de Úbeda sucumbió a las mezquinas llamas de la cotienda nacional. Nada se salvó. Como si de un huracán de fuego inspirado por el mismísimo Lucifer se tratara, la guerra hizo desaparecer hasta la última talla que procesionaba en la Semana Santa ubetense antes del 36, y la gran mayoría poseía un gran valor artístico y una belleza sublime...
Pero la ciudad Patrimonio de la Humanidad, con una dilatada tradición cofrade, resurgió de sus cenizas en este aspecto y en la actualidad, Úbeda hace gala de una de las mejores semanas de pasión del país. De aquéllas imágenes y procesiones de antaño nos quedan los valiosísimos documentos visuales que son las fotografías en blanco y negro y sepia, único consuelo, aunque insuficiente, para la indignación que sentimos los que amamos el arte de la imaginería y que aún no alcanzamos a comprender la retrógada mentalidad que condujo a algunos a cometer tales desmanes contra el patrimonio. Ideologías mal entendidas, supongo...
El Santísimo Cristo de la Expiración causaba auténtica sensación y hondo respeto cada vez que hacía su aparición el Viernes Santo en torno al mediodía por la puerta de la Iglesia de la Trinidad. Difiere mucho la imagen aquélla de la actual. En la fotografía de más arriba podemos contemplar la estampa del misterio procesional ubicado en una magnífica y singular carroza estilo Luis XV muy del gusto decimonónico, con abundante candelería y angelitos en las esquinas. El Cristo lucía una larga cabellera de pelo natural que le caía sobre el pecho, y a sus pies se situaban Nuestra Señora de los Dolores, a su derecha, San Juan a su izquierda, y arrodillada en el centro María Magdalena. Llama la atención una figura de mediano tamaño colocada en el frontal del paso, una mujer con los ojos tapados que representaba alegóricamente la Fe. Se trata de la fotografía más antigua que se conserva de este misterio y se podría fechar en 1897, año en que se produce la fiesta del primer aniversario de la reorganización de la Cofradía. La Cofradía de la Santísima Expiración de Nuestro Señor Jesucristo y María Santísima de la Salud hunde sus orígenes fundacionales a principios del siglo XVII, concretamente en el año 1604, cuando se crea una hermandad para dar culto a un crucificado propiedad del Deán Ortega que se veneraba en el Convento de la Trinidad, obra del imaginero Luis de Zayas. Tras la desamortización de Mendizábal de 1836 y la consiguiente exclaustración, la talla pasa a la Iglesia de San Nicolás de Bari y se desintegra la Cofradía, que vuelve a reorganizarse de nuevo en la Iglesia de la Trinidad en 1896, saliendo de nuevo en procesión el Viernes Santo, 16 de Abril, de este año.
En esta primera fiesta estatutaria de 1897 se fotografían los hermanos de la Expiración y, muy probablemente, el propio paso, que como se puede apreciar aparece en el interior de un templo de la Trinidad adornado con colgaduras para la ocasión.

La Expiración saliendo de la Iglesia de la Trinidad. Años 10.



La Expiración delante del Palacio del Marqués de Mancera. Años 20



Detalle de la talla del Santísimo Cristo de la Expiración anterior a 1936

Todas las imágenes de este misterio desaparecieron en 1936. La actual talla del Cristo de la Expiración es obra de Juan Luis Vasallo del año 1942. Procesiona la talla, ya sola, en un magnífico trono del escultor malagueño Francisco Palma Burgos. María Santísima de los Dolores es obra de Mazuelos y Doblas del año 1961, y procesiona bajo palio cerrando el cortejo de la Hermandad que sigue haciendo su estación de penitencia en las primeras horas de la tarde del Viernes Santo.


Bibliografía:

- Jiménez Delgado, Francisco. Del Jaén perdido. Jaén, 2007.
- VVAA. La Semana Santa en el Recuerdo



Arquitectura Civil en Jaén. El Parador del Condestable Dávalos de ÚBEDA, ahora también museo.

El parador de turismo "Condestable Dávalos" de Úbeda inauguró el pasado 12 de Enero la musealización de su espacio interior, pasando así a convertirse en el sexto de España y segundo de Andalucía, tras el de Granada, en estar musealizado, de modo que clientes y visitantes podrán disfrutar aún más de este excepcional palacio renacentista. Los encargados de inaugurar las nuevas instalaciones museísticas del parador fueron el presidente de la red de Paradores de España, Miguel Martínez, y el alcalde de la ciudad, Marcelino Sánchez. Con esta iniciativa se permitirá a los clientes y visitantes del edificio ubetense disfrutar de un recorrido por el interior del monumento, a través del cual podrán sumergirse en su historia, arquitectura, arte y leyendas.

Fachada principal del Parador de turismo de Úbeda
(foto: archivo propio)

Fue mandado construir este Palacio (actual Parador Nacional de Turismo desde 1930) por Don Francisco Ortega y Salido, Deán de la Catedral de Málaga y Primer Capellán de la Sacra Capilla del Salvador, junto a la que se encuentra, formando parte del bellísimo conjunto arquitectónico de la Plaza Vázquez de Molina.
Sabemos que en 1550 son dictadas las condiciones y trazas para la ejecución de las puertas de madera del edificio por Andrés de Vandelvira, puertas que serían llevadas a cabo por el carpintero Juan de Ocón. También, en este mismo año, Vandelvira da las condiciones para la elaboración de la losadura, obra que va a ser materializada por Jorge Leal. Por estos y otros detalles se desprende que el tracista de la fábrica del edificio fue el genial arquitecto, que se encuentra en la década de los 40 trabajando en varios proyectos en Úbeda.
Su planta es rectangular, en torno a un patio. La fachada principal, de concepción claramente horizontal, consta de dos cuerpos. En el primero, sobre zócalo, una serie de vanos adintelados coronados por frontón triangular. La portada principal posee columnas dóricas que sostienen un entablamento muy clásico con alternancia de triglifos y metopas. Queda coronada por ángeles que sostienen las armas del fundador.

Portada del Parador Nacional, Palacio del Deán Ortega. Úbeda
(foto: archivo propio)

El cuerpo superior de la fachada -separado del inferior por sencilla moldura-, está compuesto por balcones adintelados, siguiendo los ejes de simetría de los vanos inferiores. Se coronan con un cuerpo rectangular almohadillado, flanqueado por volutas y rematado por frontón curvo. Muy vandelvirianos, y ubetenses, son el par de balcones en esquina que se sitúan en los extremos de este segundo piso, que apoyan su dintel en finas columnitas de blanco mármol. 

Balcón en esquina del Palacio
(foto: archivo propio)

La fachada culmina en una gran cornisa volada con enormes y clásicas ovas. La fachada Norte presenta idéntica composición.
El patio es bastante similar a los restantes patios manieristas de la ciudad, con arcadas en ambos pisos, aunque en él se extrema el llamado «módulo andaluz» o «módulo nazarita» de sus columnas.
 
Patio del Parador de Úbeda
(foto: archivo propio)

Bibliografía:
 
 - Úbeda, Guía Histórico Artística de la Ciudad. Excmo. Ayuntamiento de Úbeda, 1985.


Baeza y Úbeda. Las ciudades renacentistas cumplen hoy 7 años desde su declaración como Patrimonio de la Humanidad

En París, el 3 de Julio de 2003, Baeza y Úbeda se convertían en Ciudades Patrimonio de la Humanidad al ser incluidas en el exclusivo catálogo de la Unesco. El orgullo de la Provincia de Jaén, estas dos ciudades hermanas abanderan el Renacimiento del Sur en una explosión de patrimonio artístico inigualable que durante los siglos XVI y XVII llenó de iglesias y palacios estos dos enclaves de referencia en el panorama artístico mundial.

¡¡Felicidades!!
 

 Plaza de Santa María, Baeza

Plaza de Vázquez de Molina, Úbeda