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Los tesoros de la Catedral de Jaén. LA ANUNCIACIÓN



Tabla de La Anunciación
Exposición permanente de Arte Sacro. Catedral de Jaén
(foto: archivo propio)

Título: La Anunciación
Autor: Anónimo
Cronología: Primera mitad del siglo XVI
Técnica: óleo
Soporte: tabla
Medidas: 90 x 47 cm.
Localización: Exposición permanente de Arte Sacro. Santa Iglesia Catedral de la Asunción de la Virgen.
Municipio: Jaén


LA ANUNCIACIÓN

La Anunciación es uno de los episodios más trascendentales de la Historia de la Salvación, en el cual el arcángel Gabriel anuncia a la Virgen María que va a ser madre del Redentor. Este momento es reflejado en el evangelio de Lucas (Lc 1, 26-38): "Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en tu seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin». María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre tí y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquélla que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue".


LA TABLA DE LA ANUNCIACIÓN DE LA CATEDRAL DE JAÉN

Es ésta una pintura de marcados rasgos hispano-flamencos. Fechada en la primera mitad del siglo XVI, se desconoce su autor y la forma en la que llegó al templo catedralicio.
Dada la importancia que reviste este acontecimiento sagrado, el tema de la Anunciación ha sido representado con mucha frecuencia en el arte cristiano a lo largo de los siglos.
Su iconografía pictórica sigue un modelo arquetípico, especialmente a partir de finales de la Edad Media y comienzos del Renacimiento. Esta obra es fiel reflejo de ello. La Virgen María aparece arrodillada, en un interior arquitectónico, en el lado derecho de la composición, y el arcángel Gabriel irrumpe desde el exterior, en el extremo opuesto de la misma. Sobrevolando estas dos figuras se distingue una paloma blanca, que simboliza al Espíritu Santo, en el centro de un sol que despide haces de luz, más intensos los dirigidos hacia la figura de la Virgen, que podemos identificar con el poder de Dios Padre. Además de lo expuesto, la escena se completa con otros símbolos, como un jarrón con flores, concretamente un ramo de azucenas, situado en el centro de la composición separando ambas figuras. Las azucenas hacen referencia a la pureza, inocencia y belleza de la Virgen María.
A pesar del título de la obra, el anuncio de Gabriel a María ya se ha producido y el Hijo de Dios ha quedado encarnado en el seno de su Madre. Lo sabemos por la actitud del arcángel, que se postra de rodillas en señal de adoración, y también por la expresión serena de la Virgen, que sigue a la tribulación de la celestial visita, por lo que observamos cómo María queda en un estado de reflexión, patente en su mirada perdida, dirigida hacia abajo, absorta en sus pensamientos, asumiendo su nueva condición de Madre del Altísimo.
Se trata de una pintura de transición. Aún son apreciables rasgos medievales, visibles, por ejemplo, en el uso del dorado en la capa y aureola de la Virgen y en el cetro que sostiene el arcángel Gabriel. Sin embargo, esta tabla nos ofrece ya elementos modernos desde el punto de vista estilístico, como es el tratamiento de los pliegues de la túnica del arcángel, más naturales y carentes de la rigidez propia del gótico; por otro lado, el autor, para crear sensación de profundidad, no duda en situar la escena en un suelo con baldosas en damero y enmarcada en una arquitectura plenamente renacentista, donde sobresale el ventanal del fondo, con arco de medio punto, que da al exterior.



Bibliografía:

- Martínez Rojas, Francisco Juan. La Catedral de Jaén. La Exposición Permanente de Arte Sacro. Tomo V. Jaén, 2006. 


  

Los tesoros de la Catedral de Jaén. "LA VIRGEN DE LA CINTA" o "LA SAGRADA FAMILIA"


Virgen de la Cinta o La Sagrada Familia. Pedro Machuca.
Museo Diocesano de la Catedral de Jaén 
(foto: archivo propio)
 

Título: Virgen de la Cinta o La Sagrada Familia
Autor: Pedro Machuca
Cronología: hacia 1520
Técnica: óleo
Soporte: tabla
Medidas: 84 x 70,5 cm.
Localización: Museo Diocesano. Santa Iglesia Catedral de la Asunción de la Virgen
Municipio: Jaén


LA VIRGEN DE LA CINTA

El tema de la Sagrada Familia fue uno de los motivos favoritos de la pintura religiosa renacentista, compitiendo los artistas por ser creativos y originales a la hora de representar la escena que tiene como protagonistas a la Virgen con el Niño, San José, y, en ocasiones, San Juan Bautista niño. 
La escena que representa Machuca en esta tabla es muy rica en simbología. Sobre un fondo general oscuro se adivina, sin excesiva nitidez, el rostro taciturno de un San José mucho mayor en edad que la Virgen, que parece contemplar a María y a Jesús desde la distancia. El artista ha sabido expresar esta realidad sumergiendo la figura del santo patriarca en la oscuridad del fondo y, como si estuviese ensimismado en sus pensamientos, ha apartado su mirada directamente de la escena principal del cuadro, que es la protagonizada por la Virgen y el Niño Jesús, que, con San Juan Bautista, forman un grupo mucho más iluminado en primer plano.
María y Jesús adoptan actitudes contrapuestas en la escena, que no excluyentes. Frente a la serena dulzura de la Virgen (tomada claramente de las Madonnas de Rafael) que contempla a su Hijo con imperturbabilidad manifiesta, un Jesús casi sollozante se vuelve hacia su Madre buscando refugio y consuelo en sus reconfortantes brazos. Madre e Hijo parecen entrelazarse en un diálogo silencioso centrado en el misterio de la redención que Jesús debe llevar a cabo con su muerte en la cruz. Apartando el paño que cubre a Jesús, María desvela el misterio hecho carne, resaltando así la humanidad del Hijo de Dios, que un San Juanito absorto contempla extasiado con contenida admiración. La manzana que el Bautista sostiene en su mano evoca el pecado original del primer Adán que Jesús, nuevo Adán, debe borrar con su muerte redentora. Así, Juan Bautista, que será en su edad madura precursor de Cristo, parece anunciar ya el sacrificio de la cruz, anuncio ante el que Jesús, humanamente, sólo puede reconfortarse en el regazo protector de su madre.


EL AUTOR: PEDRO MACHUCA

Pedro Machuca (1490-1550) fue un pintor y arquitecto renacentista español nacido en Toledo. Junto con Pedro Berruguete, Diego de Siloé y Bartolomé Ordóñez, es considerado como uno de los artistas responsables de la introducción del estilo renacentista a la manera de Italia en suelo español.
Efectivamente, Machuca se formó en Italia, estimándose que podría ser el Pedro Spagnuolo que algunos documentos mencionan como discípulo de Miguel Ángel. Allí hubo de conocer la pintura de Rafael Sanzio, cuyo estilo revelan sus obras.
De regreso a España en 1520 trabajó como pintor en la Capilla Real de Granada, así como en Jaén, Toledo y Uclés, además de ocuparse, por encargo del Emperador Carlos V, de la erección de su nuevo palacio en la Alhambra, el edificio más italianizante alzado en suelo español.
Su producción pictórica es muy corta. Entre sus obras destacan la Virgen del Sufragio y El Descendimiento de la Cruz, ambas en el madrileño Museo del Prado, la Bajada al Limbo de la Capilla Real de Granada y esta Virgen de la Cinta de la Catedral de Jaén.
Precisamente en Jaén dejó algunas obras importantes a su regreso de Roma en 1520. Junto con Juan López de Velasco realizó en ese año el retablo de la capilla de Nuestra Señora de la Consolación, desaparecido en la guerra civil española. Corrió mejor suerte el retablo de San Pedro de Osma, realizado en 1546 para la Sala Capitular de la Catedral de Jaén. Por otro lado, se le atribuye la autoría de una Piedad, obra pictórica también conservada en el Museo Diocesano de la Catedral.
Dado su mimetismo con la obra rafaelesca, la Virgen de la Cinta fue atribuida en un principio a Giulio Romano, más tarde a Julio de Aquiles y, tras estudios más exhaustivos, finalmente a Machuca, pues su autoría es plenamente reconocida actualmente por todos los especialistas. Debió pintarla en su primera estancia en Jaén, en 1520, y parece ser que regaló la tabla al cabildo de la Catedral. Actualmente se puede admirar en el Museo Diocesano, situado en el Panteón de Canónigos de la Catedral de Jaén
 

Décimo de la lotería de Navidad del año 2000 en el que aparece la Virgen de la Cinta

Como curiosidad, la Virgen de la Cinta o La Sagrada Familia de Pedro Machuca fue la imagen elegida para ilustrar los décimos del sorteo de la Lotería de Navidad del 22 de Diembre del año 2000.


Bibliografia:

- Martínez Rojas, Francisco Juan. La Catedral de Jaén. La Exposición Permanente de Arte Sacro. Tomo V. Jaén, 2006.
  

Personajes Ilustres de Jaén. Bernardo López García

Hoy se cumplen 140 años del fallecimiento de Bernardo López García, poeta jiennense que nació en Jaén el 11 de Noviembre de 1838 y murió en Madrid el 15 de Noviembre de 1870.


Busto de Bernardo López (1904). Plaza de los Jardinillos. Jaén
(foto: archivo propio)

Bernardo López nació en una casa situada en la Calle Maestra de la capital jiennense, en el seno de una familia dedicada al comercio. Inicia sus estudios en el Instituto de la calle Compañía de Jaén (actual edificio del Conservatorio de Música), pero en 1850 se traslada a Granada donde termina el bachiller en el Colegio de San Bartolomé y Santiago e inicia la carrera de Derecho. Acabado el primer curso, se traslada a Madrid con la intención de terminar la carrera, pero Bernardo prefería asistir a clases de Literatura e Historia y frecuentar la Biblioteca Nacional.
Publicó sus primeros trabajos en Recreo de la Juventud (1857) de Jaén y en 1859 en Madrid publica su oda "Asia" en el periódico republicano La Discusión, así como la oda "Europa y Siria" en La América (1860). Pasa sin embargo desapercibido hasta que en 1866 publicó en El Eco del País, donde era redactor, su celebérrima oda patriótica "El dos de mayo", que obtuvo tan formidable éxito, difusión y popularidad que desde entonces Bernardo López García fue conocido como "El cantor del Dos de Mayo", oscureciéndose injustamente toda su obra anterior y posterior, llegando a ser proverbial el recitado de su primera estrofa:
Oigo, patria, tu aflicción
y escucho el triste concierto
que forman, tocando a muerto,
la campana y el cañón...
Antimonárquico y de tendencias revolucionarias, participó en los sucesos de Loja (1861), lo que le valió ser apartado del Romancero de Jaén, que algunos poetas locales escribieron con motivo de la visita de Isabel II a la ciudad. En 1865 se casa con Patrocinio Padilla, joven jiennense, con la que tiene una hija, María de la Aurora. En 1867 publicó en Jaén a su costa la primera edición de sus Poesías, que apenas se vendió, siendo prologada por su amigo Juan Antonio Viedma; a ésta sucederían tres ediciones más, póstumas, de la que la más importante es la de 1880, que incorpora diez poesías más. La miseria y las privaciones arruinan su salud. En 1868 marchará a Madrid pero su activismo político en el partido republicano de Castelar y Pi y Margall le lleva a desplazarse por tierras andaluzas, particularmente por las provincias de Jaén, Córdoba y Sevilla. Fallece de tisis en Madrid el 15 de noviembre de 1870. Sus restos son trasladados a Jaén en 1899 y enterrados en el cementerio de San Eufrasio, en un mausoleo rematado por una figura femenina alegórica a la poesía, obra de Tomás Cobo.
Recientemente, el investigador Juan Jiménez Fernández ha reunido catorce poemas más, extraídos de publicaciones periódicas y antologías jiennenses y madrileñas.

Primer plano del busto de Bernardo López
(foto: archivo propio)

He querido traerles algunos fragmentos de un poema muy especial, el que Bernardo dedica a la Catedral de Jaén. Titulado así, es una verdadera “fantasía polifónica” en palabras de Jiménez Fernández. Con él, Bernardo López quiso rendir homenaje a su ciudad en lo más representativo de ella, su Catedral. El poema está concebido para debatirse en dos planos contrapuestos: la abstracción, con sus personajes la Duda, el Arte y la Fe, y la concreción, representada por la descripción propiamente dicha de la erección del templo.

          Sobre un monte a cuyo pie
          duerme una ciudad sombría, 
          juntos se vieron un día
          la Duda, el Arte y la Fe.
5        La Duda, lívida, impura,
          tal cual los ámbitos puebla,
          llevaba un manto de niebla
          por única vestidura.
          El Arte, un rayo de luz
10      sobre su cetro esplendente;
          la Fe, su antorcha en la frente
          y entre las manos la Cruz.
          -“¿Quién sois?” -La Duda gritó
          ronca mostrando sus celos;
15      -“Somos luces de los cielos”
          -el Arte le contestó:
          -“¿Y tú?” -“La estrella que lanza
          rayos de dolor profundo”.
          -“¿Quién es tu enemigo?” -“El mundo”.
20      -“¿Qué te falta?” -“La esperanza”.
          -“¿Y adónde vosotras dos
          vais en tan dulce corrida?”.
          -“Hacia esa vega florida
          a elevar un templo a Dios.
25      Desde ese plácido edén
          que forman bosques oscuros,
          por enmedio de esos muros
          en que se asienta Jaén,
          ha tiempo que alzan sus manos,
30      codiciando nuestras flores,
          caballeros y pastores,
          sacerdotes y aldeanos.
          Sobre esa fronda bravía
          que es de galanura ejemplo, 
35      quiere elevar un templo
          para la Virgen María.

Y prosigue el diálogo entre la Duda y la Fe, primero más relajado, luego con un juego de preguntas y respuestas más rápido. La Duda se va sumiendo en la impotencia ante los apoteósicos discursos de la Fe, primero, y del Arte, después. Me gustaría resaltar algunos fragmentos de éste último, ya que vislumbra el Arte y la belleza como emanación pura del Creador, como elementos de los que necesita nutrirse la humanidad para acercarse al Ser Supremo.

          (...) -“Buscando al Supremo Ser,
130    la humanidad me llamó;
          el Santo Amor me engendró
          coronándome el saber.
          La belleza fue mi ley;
          el mundo acató mi imperio;
135    en uno y otro hemisferio
          grabé mi cetro de rey.

Y acaba:

165    (...) porque Dios, al darme asiento
          en la vida y en la historia,
          me dio un rayo de su gloria
          y un suspiro de su aliento”.

Centrémonos ahora en la parte del poema en la que el autor alegoriza sobre la construcción de la Catedral, realizando una bellísima conjunción entre arquitectura y poesía:

          Y cuando solos quedaron
          la Fe y el Arte divino,
175    para cumplir su destino
          sobre el monte se abrazaron
          Entonces del genio al grito,
          como fantasma evocado,
          sobre el terreno trazado
180    se alza el pilar de granito.
          La cumbre dobla su alteza;
          sacude el hacha el obrero;
          el genio fuerte y severo
          llama a la naturaleza.
185    En gran concierto sonoro
          los artistas inmortales
          celebran los esponsales
          de la roca con el oro.
          Crece el muro colosal;
190    la nave se alza y alienta;
          fuerte la columna asienta
          su mole en el pedestal,
          y al beso de los cinceles
          que ornan el santo recinto
195    brotan flores de Corinto
          de los altos capiteles.
          Sobre base soberana
          el arco vibra y cimbrea:
          piedra a piedra va la idea
200    recibiendo forma humana.
          Y el artista alzando el vuelo
          fija la fe en su estandarte,
          con flores que coge el arte,
          teje coronas al cielo.
205    Detalles grandes y leves
          forman concierto sonoro;
          ya brotan formando coro
          flores, frisos y relieves;
          ya en las columnas más puras
210    los nobles arcos se aferran;
          ya las bóvedas se cierran
          sobre las naves seguras;
          con metro divino cantan
          cien estatuas a porfía;
215    titanes de la armonía
          los órganos se levantan,
          y el genio del arte en pos
          da a la cúpula su brillo,
          dejándola como anillo
220    de aquella esposa de Dios.
          Los años pasando van,
          y el templo su mole ostenta;
          lo que por Dios se sustenta
          los años no lo hundirán.
225    Corren y corren edades
          junto a la iglesia grandiosa;
          por su cúpula ostentosa
          resbalan las tempestades,
          y eterna y firme levanta
230    su continente sereno;
          ni la hace temblar el trueno
          ni la muerte la quebranta.
          Y es porque la alta piedad
          los frutos del bien aprueba;
235    y lo que por Dios se eleva
          tiene luz de eternidad.

“Luz de eternidad”. Bien se dio cuenta Don Bernardo del sentido, del fin último de una construcción que, como otras de este tipo en otras tantas ciudades, se concibe y nace con afán de perdurabilidad, superando a los estilos, a las modas, a las generaciones, a los tiempos...


Bibliografía:

- Jiménez Fernández, Juan. "Bernardo López García. Antología poética". Jaén, 2006.