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Castillos y Atalayas de Jaén. La Torre de "La Tercia" de GÉNAVE y Museo de la Memoria


Vista de la Torre de "La Tercia" sobresaliendo de entre los tejados de Génave
(foto: archivo propio)

Génave es una apacible y pequeña población enclavada en el confín nordeste de la Provincia de Jaén, cerca ya de tierras manchegas, con la abrupta Sierra de Segura a sus espaldas y las primeras y suaves elevaciones de Sierra Morena en su horizonte.
Su localización unida al hecho de encontrarse algo alejada de la Nacional 322 Córdoba-Valencia, hacen que Génave no sea precisamente una localidad muy conocida.
A pesar de su pequeño tamaño, conserva sin embargo un discreto patrimonio histórico-artístico representado en sus dos monumentos emblemáticos: la Iglesia de la Inmaculada Concepción (véase el artículo en este blog dedicado a este edificio pinchando aquí: IGLESIA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE GÉNAVE) y la torre medieval, denominada "La Tercia", de la que hoy nos ocuparemos.

UN POCO DE HISTORIA

El actual núcleo de Génave tiene su origen en la Edad Media, concretamente en la época musulmana. De hecho, el nombre de Génave tiene una raíz árabe, aunque aún no sabemos con certeza su origen y significado. Debió ser un pequeño asentamiento (aldea o qarya) dispuesto en torno a una fortificación (hins) de apoyo defensivo a la población de las inmediaciones. De hecho, cuando los caballeros de la Orden de Santiago -al mando del que más tarde se convertiría en su Gran Maestre, Don Pelayo Pérez Correa- conquistan las tierras de esta comarca de Segura entre 1235 y 1239, Génave no aparece en los documentos entre las plazas arrebatadas a los musulmanes, seguramente debido a su escasa importancia. Posteriormente, Génave es entregada a la Orden de Santiago por el rey Fernando III, pasando a formar parte de la Encomienda de Segura.

Vista del torreón, lamentablemente rodeado de casas en su totalidad
(foto: archivo propio)

Los cristianos construyeron el actual torreón, posiblemente en la segunda mitad del siglo XIII o principios del XIV, sobre los restos de la anterior defensa. Si hubo algún tipo de recinto fortificado en torno a la misma, se desconoce. Eslava Galán apunta a que sí lo tuvo y que esta torre sería realmente la del homenaje, dadas sus dimensiones. Sin embargo, en diversos documentos medievales se hace referencia en todo caso a esta torre, pero no a cualquier otra estructura defensiva (recinto, muralla...). Por ejemplo, el informe de 1468 del visitador de la Orden de Santiago, Don Francisco de León, dice: “Ay otro lugar que llaman Xénave, con otra torre muy buena que tiene dos bóvedas de cal y canto, donde se retraen los del lugar quando vienen los moros”. También hablan de "torre", en singular, las Relaciones Topográficas de Felipe II del año 1575: "esta villa está asentada en una falda de una sierra, y el asiento es más llano que áspero, y no está zercaca ni tiene otra defensa si no es una torre que como dicho tienen ay en la villa, la qual no saben que tenga armas".
En los primeros siglos la función de esta torre fue la de servir de refugio, mas, una vez pasado el peligro de frontera, la Orden la utilizó como "Casa Tercia", de ahí su nombre actual. El vocablo "tercia" hace alusión al impuesto de las denominadas "tercias reales" consistente en un tercio de los diezmos que la Iglesia debía entregar a la Monarquía, de manera puntual en la Edad Media, y con carácter definitivo a partir del reinado de los Reyes Católicos. Los edificios utilizados en su recaudación se denominaron "casas tercia".
En tiempos más recientes la torre ha servido como calabozo o cárcel de la localidad y hoy, tras su restauración, alberga un pequeño museo sobre la vida tradicional de los habitantes de la zona.


LA TORRE DE "LA TERCIA"

Alzado de la Torre de Génave:
1. Acceso por el edificio del antiguo Ayuntamiento
2. Sala de la juventud y de exposiciones. Acceso a la torre.
3. Piso primero. Sala de audiovisuales.
4. Piso segundo. Museo de la Memoria.
5. Terraza

El torreón de Génave se localiza en el corazón del casco urbano, siendo junto con el campanario de la Iglesia, las dos únicas construcciones que sobresalen por encima de los tejados del abigarrado caserío. Es obra de mampostería, de planta cuadrada (10,5 m. de lado) y presenta la particularidad de encontrarse rodeada de casas, lo que no permite lamentablemente contemplarla en su totalidad. Una de ellas es el edificio del antiguo Ayuntamiento, en cuyo primer piso está el acceso a la torre.
Interiormente presenta dos aposentos superpuestos, los dos de planta cuadrada y de 6 metros de lado y cubiertos con sendas bóvedas de medio cañón apuntado. El primero descarga la bóveda sobre los muros norte y sur; el segundo sobre los del este y oeste. De este modo el empaque de la obra queda repartido entre los cuatro muros. Una escalera que discurre a lo largo de los muros, empotrada en su espesor, conduce de la primera cámara a la segunda y de ésta a la azotea hoy rehecha y muy restaurada, desde donde se puede divisar una amplia y bonita vista. En el segundo aposento se abre una amplia ventana de 2 metros de luz cuyo hueco se cubre también con bóveda apuntada.
En la base de la torre existe una estancia. Podría tratarse del antiguo aljibe, en la actualidad ocupado por una casa colindante y utilizado como habitación.

Bóveda ligeramente apuntada de una de las estancias de la torre
(foto: archivo propio)

Escalera embutida en el muro perimetral que comunica los dos pisos de la torre
(foto: archivo propio)

MUSEO DE LA MEMORIA

El 10 de Abril de 2013 se inauguró oficialmente la rehabilitación de la Torre de La Tercia de Génave, para la que se emplearon fondos europeos, además de los aportados por la Diputación Provincial de Jaén y el Ayuntamiento de la localidad. El inmueble ha sido acondicionado para actividades culturales y como centro de interpretación de los usos y costumbres de esta localidad serrana. La empresa "Musaraña" ha sido la encargada de crear y acondicionar el espacio museístico, al que se ha denominado "Museo de la Memoria", precisamente por rescatar modos de vida tradicionales, relacionados con oficios antiguos -especialmente agrícolas- y el hogar. Este pequeño museo ocupa el segundo piso de la torre, mientras que en el primer piso está instalada la sala de audiovisuales. También es posible acceder a la terraza, donde encontraremos paneles informativos y de interpretación sobre el pueblo y el paisaje circundante, y desde la que se disfruta de unas magníficas vistas.

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Dos vistas del pequeño Museo de la Memoria instalado en la torre de Génave
(foto: archivo propio)

Vista de Génave desde la terraza de la Torre de "La Tercia", con la Iglesia parroquial al fondo
(foto: archivo propio)



Bibliografía:

- Eslava Galán, Juan. Castillos y Atalayas del Reino de Jaén. 1999.
- VVAA. Jaén, Pueblos y Ciudades. Jaén, 1997.


El Molino-Museo de Santa Ana en VALDEPEÑAS DE JAÉN


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Vista exterior del molino-museo de Santa Ana en Valdepeñas de Jaén
(foto: archivo propio)

¿CÓMO LLEGAR?

Plano de situación del Molino-Museo de Santa Ana en Valdepeñas de Jaén

Municipio: Valdepeñas de Jaén
Localización: SO de la Provincia de Jaén
Comarca: Sierra Sur
Distancia a la capital: 36 km.
Acceso: carretera A-6050
Dirección: C/ Santa Ana, 29
Teléfonos de contacto: 953310044 / 953310798 / 953310111

El molino-museo de Santa Ana se encuentra en la localidad de Valdepeñas de Jaén, situada en la comarca de la Sierra Sur, a 36 km. de la capital por la carretera A-6050.
El edificio se localiza en el Oeste del casco urbano de la población, en la Calle Santa Ana, casi en la salida ya por la estrecha carretera que conduce a la ermita del Cristo de Chircales, patrón de Valdepeñas de Jaén, y muy cerca del cauce del río de la Ranera.

ORIGEN DEL MOLINO ALTO DE SANTA ANA

Valdepeñas de Jaén fue fundada en 1539 como una nueva población dentro del proyecto de colonización y repoblación de las sierras situadas al Sur de Jaén emprendido en 1508, tras la normalización y definitiva integración del reino de Granada. Desde 1539 fue trazándose y construyéndose el urbanismo en damero de la naciente población, según los principios urbanísticos renacentistas. Hacia 1550 el núcleo estaba constituido plenamente, aunque como lugar dependiente de la jurisdicción de Jaén. La pujanza e incipiente actividad económica y social del lugar de Valdepeñas originó la petición hecha al rey Felipe II, por parte del Cabildo municipal, de la concesión de jurisdicción propia, alcanzando el estatus de villa independiente en el año 1558.
En los documentos fundacionales de Valdepeñas (1539) se preveía la construcción de molinos señalando lugares para tal fin, concretamente en la Torrentera de los Osarios, usando las aguas del Vadillo de los Berros y la fuente de los Chorros. Se concedieron estos lugares a censo en pública subasta, recayendo en el vecino Juanín LeClerque. El beneficiario tendría que pagar un canon anual consistente en el pago de 70 fanegas de trigo anuales al Concejo de la villa a cambio de esta cesión perpetua o por largo tiempo. Además, el contrato establecía el monopolio de la construcción de molinos, por lo que Valdepeñas contó con dos molinos hasta el siglo XIX: el Alto de Santa Ana y el Bajo de Santa Ana.

EL MOLINO ALTO DE SANTA ANA
MÁS DE CUATRO SIGLOS DE HISTORIA

El molino Alto de Santa Ana fue el primero en funcionar en Valdepeñas, comenzando a moler el día el 15 de agosto de 1540 y contaba con dos piedras de molienda. Su dueño, Juanín LeClerque, construyó más adelante un segundo molino, llamado el Bajo de Santa Ana, que también disponía de dos piedras. Este último no se conserva en la actualidad.
LeClerque, natural de Flandes, fue un criado del Emperador Carlos I, que llegó a Valdepeñas durante la repoblación en 1539. Su hijo, Diego LeClerque vendió los molinos a Agustín de Arceo, su padrastro, tras casarse con la viuda de Juanín LeClerque.
Desde finales del siglo XVI hasta el siglo XX, los molinos se engloban dentro del Mayorazgo de los Arceo. Este Mayorazgo fue fundado por el mencionado Agustín de Arceo en 1576 con los bienes que poseía en Valdepeñas. El Mayorazgo fue heredado por numerosos descendientes, llegando incluso a perderse el apellido de los Arceo, que fue sustituido por el de los Gamboa, cuando Manuel Gamboa y Hurtado de Mendoza, oidor de la Real Chancillería de Granada, casa con Josefa de Aguilera Miranda‑Arceo.
En el siglo XVIII hubo de ponerse en práctica la claúsula del contrato que establecía el monopolio de los molinos. En 1787, el batán de la localidad, que había sido construido por doña Catalina González de Medina, y que se había utilizado hasta entonces para escardar lana, fue transformado en molino. Los Arceo pusieron entonces unos pleitos pues se había atentado contra el derecho único que el Mayorazgo tenía sobre las aguas y los molinos de Valdepeñas, al convertir en molino el batán. Éste había pasado en propiedad al Marqués de Navasequilla, quien finalmente perdió estos pleitos en 1815 y hubo de entregar al Mayorazgo de Arceo la propiedad del batán, en pago de las costas. El Mayorazgo poseía, de esta manera, tres molinos en Valdepeñas a partir de este momento.
Una vez que se suprimen los mayorazgos se puso fin también al monopolio que sobre los molinos poseía el Mayorazgo de los Arceo. Es en esta época (último tercio del siglo XIX) cuando se construyen un buen número de molinos en Valdepeñas, llegando a existir hasta nueve molinos de harina. Entre ellos se encontraban los molinos del Estanquillo, Fuente de los Chorros, Molinillo, Veredón y Chircales. Buena parte de estos molinos se fueron perdiendo con el tiempo, la mayoría anegados por el agua.

 Piedras del molino
(foto: archivo propio)

 Uno de los rodeznos hidráulicos que movían las piedras de moler
(foto: archivo propio)

Desde 1904 el Molino Alto de Santa Ana pertenece a descendientes de los Marqueses de Navasequilla, naturales y vecinos de Valdepeñas, hasta que en 1931 el molino es vendido a Jacinto Parra Martínez, vecino también de Valdepeñas y molinero. Es la primera vez que el molinero pasa a ser propietario del molino. Hasta la fecha los propietarios del molino se limitaban a explotarlo y a arrendarlo a quienes trabajaban en él. En 1979 y debido a su bajo rendimiento, es cerrado después de más de cuatro siglos de actividad. En la actualidad, el molino, reconvertido en museo, sigue perteneciendo a la familia Parra, concretamente a los hermanos Serafín y José Parra Delgado.
En 1998 es declarado Bien Cultural por la Junta de Andalucía. En 1999 se crea la Asociación Cultural "Molino Alto de Santa Ana", que se ocupará de la restauración del inmueble y la creación del museo, con la participación de fondos europeos. La inauguración del edificio tiene lugar en verano de 2001.

LA ESTRUCTURA DEL MOLINO-MUSEO

El edificio que alberga el molino ha sufrido numerosas reformas desde su creación. En la actualidad podemos encontrar una edificación de tres plantas, de forma irregular. La construcción se encuentra en bancadas, adaptándose a la falda de una ladera. La entrada al edificio se hace por un amplio zaguán en el que hay expuestos infinidad de objetos relacionados con oficios tradicionales, así como otros domésticos o decorativos, pero sin perder ese toque costumbrista y sabor de antaño. 

Zaguán de entrada del edificio
(foto: archivo propio)

De aquí se pasa a una pequeña estancia, la "cocina", en la que se muestran, de nuevo, todos esos cacharros y enseres que muchos hemos visto en casa de la abuela.

La "cocina"
(foto: archivo propio)

La cocina está contigua al patio. Podemos contemplar en él dos grandes piedras del molino para moler el trigo y un pequeño lavadero techado. De aquí parte una escalera que asciende hasta una pila que recibe el agua que, canalizada a partir de este punto, es la responsable del funcionamiento del molino, moviendo los rodeznos. Hasta 1985 se conservó la alberca original.


Pila recptora del agua que mueve los rodeznos
(foto: archivo propio) 
  
La zona más interesante del molino es precisamente la que alberga la maquinaria que permitía su funcionamiento. En este ala, la planta baja, semisubterránea, está ocupada por dos cárcavos, huecos en la roca donde giran los rodeznos. Probablemente sea la única parte del edificio que no ha sufrido modificaciones desde su creación. Está construida con sillares, con un acabado muy tosco. Las bóvedas de los cárcavos son desiguales; una alcanza 1,8 metros de altura y la otra 1,95 metros.

 
Funcionamiento de los rodeznos
(vídeo: archivo propio)


Encima de los cárcavos se encuentra la sala de molienda. Dos poyetes de obra soportaban las piedras de molienda. En la actualidad sólo permanece una, pues en lugar de la segunda piedra encontraremos un conjunto de transmisiones.

 
Sala de molienda
(foto: archivo propio)

 
Sala de molienda
(vídeo: archivo propio)

Por una escalera se accede a la segunda planta, o sala de limpia, donde podremos observar la maquinaria específica de limpia y lavado del grano, y de obtención de la harina.

 
Sala de limpia
(vídeo: archivo propio)

La fuerza motriz para accionar todas las máquinas la proporcionan los dos rodeznos. El movimiento de la maquinaria se encuentra dividido en dos cadenas cinemáticas, o conjuntos de máquinas enlazadas y sincronizadas entre sí, que corresponden a su vez con las dos fases de la fabricación de la harina: limpieza del grano y molienda‑cernido de harinas. Cada una de estas cadenas está accionada por uno de los dos rodeznos.

EL TRABAJO EN EL MOLINO

El trabajo en el molino se repartía entre tres personas. El molinero, que ejercía como capataz y maestro, realizando los contratos y llevando la contabilidad. El ayudante del molinero era el que controlaba todo el proceso y conocía a la perfección el funcionamiento de la maquinaria. El repartidor o peón arriero se encargaba de repartir, ayudado de una caballería que cargaba los costales, la harina molida por las casas que habían llevado su trigo al molino.
En  cuanto a la retribución del molinero, el trueque fue el método más común. En principio se cobraba la maquila, un porcentaje en especie -generalmente harina- sobre lo molido. Durante la posguerra, se pierde este sistema de la maquila en Valdepeñas y el Molino Alto de Santa Ana pasa entonces a producir pan a cambio de vales.
Ser molinero era una profesión que permitía vivir, si bien no enriquecía. No obstante, el Molino Alto, el más importante porque abastecía de harina a todo el pueblo y el más rentable, ya que no le faltaba el agua y, por tanto, podía estar funcionando constantemente, ofreció a sus propietarios posibilidades y recursos fuera del alcance de muchos de los vecinos del municipio.
El Molino Alto de Santa Ana estuvo funcionando todos los días del año durante las 24 horas del día desde su creación en 1540. Como mínimo, molía las 12 horas de la noche. Tan sólo detenía su labor el Viernes Santo.


Enlace de Interés:


 

 

El Centro de Interpretación de la Cultura Romana de ARROYO DEL OJANCO

Centro de Interpretación de la Cultura Romana
ARROYO DEL OJANCO


¿CÓMO LLEGAR?

Este espacio museístico se halla en la localidad de Arroyo del Ojanco, en la Comarca de la Sierra de Segura, en el NE de la Provincia de Jaén.
El Centro se encuentra en la Calle Bolea, que sale de la misma Carretera Nacional 322 Córdoba-Valencia, que cruza el pueblo, en el punto kilómetrico 214. Si vamos en dirección a Albacete, dicha calle sale a la izquierda un poco después de pasar la Iglesia y el Ayuntamiento, que están a nivel de carretera. Si vamos en dirección Jaén, la calle queda a la derecha unos centenares de metros después de haber entrado en el casco urbano. Existe un pequeño cartel que lo anuncia. Reconoceremos el lugar por el singular portón de acceso, de frontón triangular sobre columnas toscanas, al modo clásico.

LA VILLA ROMANA "DE LOS BAÑOS"

Arroyo del Ojanco es la localidad más joven de la comarca de la Sierra de Segura. Por dos motivos. En primer lugar por su reciente fundación. A finales del siglo XIX no era más que un conjunto de cortijadas. En el censo de población de 1900 arrojaba una cifra de 119 habitantes. Pero ese pequeño núcleo creció vertiginosamente a lo largo del siglo XX. En los años 50, comienzan a darse los primeros pasos en pos de la segregación de su municipio matriz, Beas de Segura, del que conseguirá independizarse finalmente con el nuevo siglo, concretamente en el año 2001, siendo así el municipio de más reciente creación de la Provincia de Jaén. En la actualidad, Arroyo del Ojanco es una de las localidades más prósperas de la comarca, y de las de mayor población: 2.522 hab. (2011). 

¿Cómo se explica, por tanto, la presencia de un Centro de Interpretación de la Cultura Romana en un municipio tan joven?

Se han encontrado restos arqueológicos de gran antigüedad en los alrededores de Arroyo: prehistóricos, de la época ibérica y romanos. Precisamente estos últimos constituyeron una sorpresa mayúscula cuando en los años ochenta se descubrió, con motivo de una plantación de olivos que se iba a acometer, una villa de grandes dimensiones en el llamado Cortijo "de los Baños", hoy abandonado, situado en el entorno de la aldea de Los Guijalbas, a unos 2,5 km. al Sur de Arroyo del Ojanco. El acceso no es complicado. Hay que coger un carril de tierra bien adecentado que permite la circulación de turismos que sale de la Nacional 322 a la derecha (dirección Albacete) unos centenares de metros antes de llegar al casco urbano de Arroyo del Ojanco. No obstante, allí no queda ya nada. Tras la intervención arqueológica de urgencia llevada a cabo en 1985, el yacimiento se tapó.

Ruinas del Cortijo de los Baños. En primer término, explanada donde aparecieron
los restos más importantes de la villa romana. 
Los olivos que aparecen fueron plantados tras la ocultación del yacimiento en 1985.
(foto: archivo propio)

La villa constituyó un centro de explotación agropecuaria, de grandes dimensiones ya en su última época. Hablamos de una existencia dilatada de la misma, entre el siglo I d.C. y el siglo V d.C. Se encuentra en una zona de muy suave pendiente, junto a un arroyo, el Arroyo del Ojanco, y a escasos 3 km. en línea recta del Río Guadalimar. Transcurría también muy cerca, aproximadamente a 1,5 km. de la villa, y prácticamente coincidiendo con el actual trazado de la Nacional 322 en esta zona, la calzada denominada "Camino Cartaginés" que enlazaba la zona alta de la Bética con Cartago Nova y el SE de la Península.
Además de la función ya mencionada, con dependencias para el ganado, almacenes, molinos, alfar, etc., la villa contaba con una zona residencial de lujo, a tenor de los restos encontrados. Entre los mismos hay que destacar un magnífico mosaico con motivos decorativos geométricos y animales. La villa disponía incluso de baños, cementerio, y se ha constatado la existencia de calles pavimentadas.

Fiel reproducción del mosaico que se encontró en la Villa romana "de los Baños" en 1985,
y que podemos contemplar en el Centro de Interpretación
(foto: archivo propio)
 
Precisamente la villa romana "de los Baños" es la razón de ser del Centro de Interpretación que se ha construido en la misma población de Arroyo del Ojanco con objeto de dar a conocer los modos de vida de esta cultura.


EL CENTRO DE INTERPRETACIÓN 
DE LA CULTURA ROMANA

Patio que da acceso a las diferentes dependencias del Centro de Interpretación
(foto: archivo propio)

El 16 de Noviembre de 2007 se inauguraba en la localidad este espacio temático dedicado a la cultura romana, dentro del Plan turístico "Sierra de Segura, el 5º Elemento" auspiciado por la Junta de Andalucía. 
La entrada al Centro de Interpretación se hace a través del mencionado portón rematado por frontón triangular. El patio que da acceso a las dependencias es un amplio lugar en el que encontraremos algunos elementos singulares: un enorme reloj de sol, una reproducción de una excavación arqueológica, una reproducción de un bajorrelieve en el que se representa el oficio de ceramista...

Reloj de sol, con numeración romana, en el patio del Centro de Interpretación
(foto: archivo propio)

Al fondo del patio, a mano derecha, se encuentra la denominada "Domus Romana", que se pretende se convierta en referente de la restauración provincial para ofrecer, entre otras propuestas gastronómicas, especialidades culinarias relacionadas con el mundo romano.
A mano izquierda está el edificio donde se encuentra la exposición permanente del Centro de Interpretación. Lo primero que nos llamará la atención será la sonrisa de la encargada del espacio museístico, la señorita Juani Quintana, que nos recibirá solícita en la recepción para ofrecernos cualquier información sobre el centro e incluso de tipo turístico acerca del municipio, de la comarca de la Sierra de Segura y del Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas. 

Reproducción de un ánfora de aceite. Centro de Interpretación de Arroyo del Ojanco
(foto: archivo propio) 

El Centro está concebido como una muestra interpretativa de la época romana que tantas huellas ha dejado en los alrededores del municipio: Villa romana de "los Baños", el Puente "Mocho"...
Consta de dos salas en las cuales a través de reproducciones, paneles con información alusiva a la época y una pequeña proyección, se intenta ilustrar al visitante durante su recorrido sobre el legado cultural romano en general y en particular en Arroyo del Ojanco.

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Diversas vistas de las salas del espacio expositivo
(foto: archivo propio)

Desde que fuese inaugurado el Centro de Interpretación de la Cultura Romana, sus magníficas y amplias instalaciones han servido como escenario para celebrar las "Jornadas de Cultura y Gastronomía Romana", que tienen lugar anualmente a mediados de agosto, y que van ya por su V edición, consolidándose año tras año como un referente de las celebraciones culturales de la comarca de la Sierra de Segura. Las actividades son muy variadas, destacando los pasacalles, mercado, degustaciones gastronómicas, juegos, representaciones teatrales y musicales, charlas y conferencias, todo ello teniendo como centro la cultura romana, por lo que veremos a los habitantes del pueblo vestidos de época, resultando unas jornadas muy pintorescas y vistosas.


Para más información:

Cultura y Gastronomía Romana. Arroyo del Ojanco, "Camino Cartaginés"   (Blog del Centro de Interpretación)