domingo, 18 de septiembre de 2016

Los encierros nocturnos de reses bravas en IZNATORAF


Encierros nocturnos de Iznatoraf
(foto: archivo propio)

En torno al día 3 de Septiembre Iznatoraf celebra sus fiestas mayores en honor al patrón, el Santísimo Cristo de la Vera Cruz. Una de las tradiciones que aún se conservan en esta bella e histórica localidad de la comarca de Las Villas, y que se remonta nada menos que a la Edad Media, es la de sus encierros nocturnos.
En realidad, los encierros de reses bravas por las calles son habituales en muchas poblaciones de las comarcas de Las Villas, Segura y El Condado, situadas en el área del centro-nordeste de la provincia de Jaén. Lo que no resulta tan habitual es que estos encierros tengan lugar de madrugada, y sólo dos de esas poblaciones los celebran en tan insólita franja horaria: Sorihuela del Guadalimar e Iznatoraf.

UN POCO DE HISTORIA

Fernando III conquista la villa en 1235 y, una vez repoblada, concederá años más tarde un fuero propio a Iznatoraf. El fuero era un conjunto de leyes, ordenanzas y mandamientos, dictados por el propio rey, que regulaba todos los aspectos de la vida diaria de los habitantes de una villa o ciudad. También solían incluirse privilegios para facilitar el asentamiento de las gentes en ese lugar, especialmente si se trataba de uno cercano a la frontera con los musulmanes. El documento universal que sirvió de referencia para muchos fueros concedidos por los monarcas a lo largo de la reconquista en la zona centro-sur de la Península Ibérica fue el fuero de Cuenca, dado por Alfonso VIII de Castilla a aquella ciudad después de su conquista en 1177.
De esta forma, en la segunda mitad del siglo XIII, villas y ciudades de la actual provincia jiennense recibieron el fuero de Cuenca, con ligerísimas variantes, de manos de Fernando III: Baeza, Sabiote, Santisteban del Puerto, Segura de la Sierra o Úbeda.
El fuero de Iznatoraf contenía 885 leyes, entre las cuales siempre había algunas disposiciones que fijaban los días festivos, que eran diecisiete en el caso de Iznatoraf. En muchos de esos días se mezclaban lo lúdico y lo comercial, quedando todo perfectamente regulado. Entre las celebraciones se mencionan las corridas y encierros de reses bravas y, aunque no se especifica el momento del día, en Iznatoraf tradicionalmente vienen teniendo lugar de noche, ya en la madrugada, desde tiempo inmemorial.

LOS ENCIERROS NOCTURNOS DE IZNATORAF
 
En Iznatoraf, el escenario de los encierros lo constituye la amplia Plaza de San Fernando, llamada así en honor al rey Fernando III. A los toros, normalmente dos por cada encierro, se les da suelta desde el Arco de la Virgen del Postigo -antigua puerta de la parcialmente conservada muralla medieval- y recorren la calle homónima, subiendo por la calle Carrera para desembocar en la mencionada plaza, presidida por la imponente iglesia renacentista bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción. Todo el recorrido y la plaza del pueblo quedan perfectamente vallados para evitar incidentes.
Al rozar la media noche empiezan a escucharse los primeros chupinazos que nos anuncian el encierro. En torno a la una de la madrugada se produce el primer desencajonamiento. Decenas de personas corren delante del astado hasta llegar a la plaza donde muchos demostrarán su pericia y habilidad para "recortar" al toro, siempre con gran respeto hacia el animal, que en ningún momento es herido o dañado. El público, que se agolpa detrás de las vallas o en ventanas y balcones de las viviendas aledañas, aplaude, grita y disfruta, en fin, de este espectáculo cargado de historia.
La singularidad de esta tradición la ha convertido en uno de los grandes reclamos lúdicos en la provincia, siendo cada año mayor la afluencia de gente, lo que hace que incluso la amplia plaza del pueblo se quede pequeña.

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Imágenes del encierro nocturno (madrugada del 4 de Septiembre de 2016)
(foto: archivo propio)

Vídeo del encierro nocturno
(Diez Tv. Villacarrillo. Septiembre 2012)


   

martes, 13 de septiembre de 2016

La devoción al Santísimo Cristo de la Vera Cruz en IZNATORAF


Santísimo Cristo de la Vera Cruz, patrón de Iznatoraf
(foto: archivo propio) 

LA DEVOCIÓN A LA VERA CRUZ EN IZNATORAF

A pesar de ser hoy la más pequeña de las localidades que conforman la comarca de las Cuatro Villas, Iznatoraf ha ostentado por siglos la capitalidad histórica de esta zona del centro-nordeste de la actual Provincia de Jaén. Y aún sigue haciéndolo. A lo largo de su Historia ha visto nacer y crecer a sus vástagos, pequeñas aldeas en sus comienzos que paulatinamente fueron independizándose de la villa matriz, habiéndose convertido hoy en importantes municipios como Villacarrillo o Villanueva del Arzobispo. Encaramada en lo alto de un cerro, privilegiado enclave en los tiempos de la espada, llegó un momento en que la villa no pudo crecer más a riesgo de desparramarse por las empinadas pendientes. Pero ello no significó la pérdida de su esencia e identidad, pues sus gentes han sabido respetar su patrimonio y conservar su idiosincrasia a pesar de los avatares del tiempo, gracias a lo cual es hoy uno de los pueblos más bellos y con más encanto de la provincia.
El día 3 de Septiembre es la jornada más señalada en el calendario festivo de Iznatoraf, o Torafe, como se la conoce por aquí. Se trata de la festividad del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, patrón de la villa desde el mismo día en que fue conquistada por las tropas cristianas de Fernando III El Santo, allá por el año 1235. La leyenda nos dice que  después de los fallidos intentos por conquistar la inexpugnable población musulmana de Iznatoraf, con un importatne alcázar y rodeada de muralla, el Arzobispo de Toledo Don Rodrigo Jiménez de Rada, que acompañaba a Fernando III en sus campañas de conquista por el Alto Guadalquivir, ordenó que las tropas rezaran ante la imagen de un cristo crucificado bajo la advocación de la Vera Cruz que siempre portaba consigo, obrándose el milagro de la definitiva toma de la plaza en esa ocasión. La realidad histórica fue otra, pues Iznatoraf se rindió por capitulación (acuerdo de ambas partes), en virtud de la cual los musulmanes abandonaron su hogar para dejar paso al invasor cristiano. Pero toda leyenda tiene su fondo de verdad y es cierto que nuestro arzobispo era muy devoto de la Santa Cruz, especialmente desde la victoria cosechada en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), en el transcurso de la cual el canónigo Don Domingo Pascual de Almoguera atravesó las líneas sarracenas a lomos de su caballo sin sufrir daño alguno portando en alto la Cruz primacial, símbolo del Arzobispado de Toledo.
En 1231 el rey Fernando III había concedido a la Iglesia Primada de España un extenso señorío en el área del Alto Guadalquivir que recibió el nombre de Adelantamiento de Cazorla, con el objetivo de implicar al arzobispado en la reconquista ante la insuficiencia de medios de la monarquía. Jiménez de Rada no tardó en propagar ampliamente por este territorio la devoción por la Santa Cruz o Santa Vera Cruz. Prueba de ello son las ermitas bajo esta advocación que progresivamente se fueron construyendo en las principales villas del Adelantamiento: Cazorla, Villacarrillo o Villanueva del Arzobispo. Las imágenes de Cristo crucificado bajo el título de la Vera Cruz se convertirán pronto en el epicentro de la devoción popular, surgiendo más adelante cofradías para darle culto (súmese a las anteriores villas la de Quesada, cuya hermandad de la Vera Cruz es la más antigua de la zona -1554-).
Iznatoraf, que es entregada por Fernando III al Arzobispado de Toledo y pasa a formar parte del Adelantamiento de Cazorla en 1252 -siendo ya arzobispo el infante Don Sancho de Castilla, hijo del propio monarca-, no será una excepción. De hecho, en la actualidad es la única población del antiguo Adelantamiento, junto con Villanueva del Arzobispo, que aún conserva la tríada completa: imagen, cofradía y ermita.
Los estatutos de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Vera Cruz de Iznatoraf fueron aprobados por el Obispado de Jaén el 25 de Enero de 1883. Es una fecha tardía, desde luego, lo que nada tiene que ver con la devoción por la Vera Cruz que en Iznatoraf, como se ha dicho, hunde sus raíces en la Baja Edad Media. Por otro lado, las cofradías desaparecían o resurgían al compás de los acontecimientos históricos -especialmente políticos y económicos- y pudo haber existido una cofradía en épocas anteriores.

Ermita de la Vera Cruz de Iznatoraf
(foto: archivo propio)

La ermita de la Vera Cruz de Iznatoraf es anterior a la cofradía. Situada en el mismo casco urbano de la villa, presidiendo una coqueta plazuela, su construcción data de 1713. Destaca en su interior un bello camarín barroco con yeserías policromadas que alberga la imagen del Cristo.
En cuanto a esta última, la antigua talla fue destruida en el transcurso de la guerra civil. En la fotografía que se adjunta podemos observar una imagen, posiblemente de finales del XVI o principios del XVII, aderezada al gusto barroco: faldellín bordado, peluca de pelo natural que cae de manera efectista por los hombros, un sudario triangular con las representaciones en metal del sol y la luna, un dosel semicircular bordado con campanillas y el típico par de varales enganchados al brazo horizontal de la cruz o patibulum para mantener la imagen erguida y en equilibrio.
Acabada la contienda, en 1940 llega a Iznatoraf procedente de Madrid la nueva imagen del Cristo de la Vera Cruz, que procesiona de igual forma que antaño con toda la parafernalia descrita. 

Antigua imagen del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, destruido en la guerra civil.  


LA PROCESIÓN DEL SANTO CRISTO DE LA VERA CRUZ

El último día de agosto, el Cristo de la Vera Cruz es trasladado en procesión desde su ermita al templo parroquial de la Asunción, donde se ofrece un triduo en su honor.
El día 3 de Septiembre, fiesta del patrón, se celebra la Eucaristía por la mañana y por la tarde la procesión por las calles del pueblo, que culmina de nuevo en su ermita.
Este traslado previo a la parroquia desde la ermita y posterior procesión a la viceversa se vuelve a repetir en la Semana Santa los días Miércoles y Jueves Santo. Durante esta solemnidad, el Cristo luce el sudario y dosel en terciopelo morado, mientras que para las fiestas de Septiembre se reservan los de color rojo. Evidentemente, también cambia la indumentaria de los anderos que portan el trono, siendo de traje oscuro en la Semana Santa, y pantalón negro y camisa blanca en las fiestas.
En la procesión del día 3 de Septiembre participan, además de los propios hermanos cofrades de la Vera Cruz, representantes del resto de cofradías de la localidad, autoridades civiles y eclesiásticas y la banda de música. Aunque la procesión por las típicas y bellas calles del casco antiguo de la villa es digna de ver en todo su recorrido, destacan sin embargo tres momentos singulares: la salida de la iglesia, la llegada a la Plaza de San Fernando (donde los anderos elevan al cielo la imagen y giran 360º el trono para mostrarla al pueblo) y la entrada en la ermita. Este último quizás sea el momento culminante, pues los fieles anderos, que no quieren que la procesión acabe, meten y sacan de la ermita a su Cristo de la Vera Cruz a la carrera en repetidas ocasiones mientras que los torafeños congregados en la diminuta plazoleta lanzan vítores y alabanzas a su patrón, en una muestra de intensa fe que realmente sobrecoge (puedo dar testimonio). Todo ello, con el sonido de fondo de la banda de música y los fuegos artificiales.

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Imágenes de la Procesión del Santo Cristo de la Vera Cruz
Iznatoraf, 3 de Septiembre de 2016
(fotografías: archivo propio)


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Vídeos de la Procesión del Santo Cristo de la Vera Cruz
Iznatoraf, 3 de Septiembre de 2016. 
(Vídeos: archivo propio) 





Bibliografía:

- Castillo Armenteros, Juan Carlos; Alcázar Hernández, Eva Mª. La Campiña del Alto Guadalquivir en la Baja Edad Media. En Studia Historica. Nº 24. 2006. Universidad de Salamanca.
- Martínez Asensio, Francisco Jesús. Origen de la ermita y cofradía del Santo Cristo de la Vera Cruz de Iznatoraf. En Argentaria. Nº 11. 2015.
 
  

lunes, 12 de septiembre de 2016

¡¡"Jaén desde mi Atalaya" llega al medio millón de visitas!! GRACIAS


Paisaje de la Sierra de Segura,
con Segura de la Sierra y El Yelmo al fondo


¡¡500.000 visitas!!

Medio millón de personas ya han pasado por "Jaén desde mi Atalaya" desde que este humilde blog abrió sus puertas en Mayo de 2010.
Ante todo, GRACIAS. Gracias a tod@s los jiennenses y no jiennenses que han entrado en alguna ocasión para conocer un poco más esta maravillosa tierra.
No dejen de hacerlo. Seguimos en la brecha. Con más ilusión que nunca. Porque ése es el único objetivo de este blog: mostrar los innumerables encantos de Jaén.

¡¡500.000 gracias!!




sábado, 3 de septiembre de 2016

Iglesias de Jaén. Iglesia de Santa María del Collado de SANTISTEBAN DEL PUERTO


Fachada principal de la Iglesia de Santa María del Collado de Santisteban del Puerto
(foto: archivo propio)

Santisteban del Puerto es una localidad situada en el Norte de la Provincia de Jaén, en la comarca de "El Condado". La histórica capital de esta tierra de rancio abolengo posee un rico patrimonio histórico y artístico (ha sido declarada recientemente Conjunto Histórico) en el que sobresale un singular edificio religioso que se cuenta entre los más antiguos de la provincia jiennense: la Iglesia de Santa María del Collado.

HISTORIA

Santisteban del Puerto fue conquistado por las mesnadas de Fernando III en torno al año 1235, en la campaña militar que finaliza con el sometimiento también de importantes plazas como Úbeda, Iznatoraf o Chiclana. Santisteban queda integrada a partir de este momento en tierras de realengo hasta 1371 en que la villa es entregada en señorío por Enrique II a Men Rodríguez Benavides. 
La situación geográfica de la comarca, en el Norte de la Provincia, propició, una vez conquistado el valle del Guadalquivir y estabilizada la frontera con el reino de Granada en las Subbéticas, la construcción de templos cristianos desde temprana época, situación que no se dio en otros lugares de Jaén por la cercanía del peligro nazarita. El santuario de Ntra. Sra. de la Estrella en Navas de San Juan o la iglesia de la Encarnación de Castellar son ejemplos de este tipo de construcciones protogóticas, a las que hay que sumar ésta de Santa María de Santisteban.
Santisteban fue un núcleo de población importante y pujante durante la etapa cristiana en la Edad Media, una situación de la que gozaba ya en épocas anteriores: islámica, cuando fue una de las cabeceras de distrito de la Cora de Jaén; visigoda, a juzgar por los restos encontrados; e incluso romana, en la que Ilugo llegó a ser un discreto centro urbano con la categoría de municipio en el área del Alto Guadalquivir.
El núcleo medieval se rodeó de un recinto de muralla ya en la segunda mitad del siglo XIII, momento en que también comienza la construcción de este templo, reutilizando precisamente como campanario una torre albarrana del cercano castillo.
Las primeras reformas tienen lugar en la segunda mitad del siglo XVI, siendo obispo de Jaén Don Francisco Delgado López (1566-76), cuyo escudo podemos observar coronando el sillón central del coro. Se prolongan las naves en la zona de los pies, uniéndose el templo con la torre campanario, abriéndose una nueva portada y colocando el coro de madera en alto, obra del entallador baezano Juan Pérez de 1579.

Escudo del obispo de Jaén, Don Francisco Delgado López. Coro de la iglesia.
(foto: archivo propio)

En 1605 se cubrió con tejado la torre campanario -antigua torre albarrana- por el alarife Juan Pretel, previa eliminación de las almenas que la coronaban.
Posteriormente se construye el pórtico que da acceso al templo en la fachada principal, siendo obispo de la diócesis Don Baltasar Moscoso y Sandoval (1619-1646). Sus armas aparecían en un escudo que fue destruido cuando se suprimió el revoco que encalaba la fachada. Dicho escudo se situaba entre las dos portadas que cobija el pórtico. Fue rehecho de nuevo y hoy corona la puerta que da acceso a la casa rectoral, anexa al templo.

Escudo del obispo de Jaén, Don Baltasar Moscoso y Sandoval
(foto: archivo propio)

En 1685 se cambia la ubicación del coro, de alto a bajo, encargándose de ello Ginés Hidalgo, quien aumenta también la sillería.
En 1769, siendo Obispo de Jaén Fray Benito Marín, es demolido el ábside central de la cabecera, siendo sustituido por la actual torre cuadrangular que alberga el camarín barroco con la imagen de la titular del templo y patrona de Santisteban del Puerto, Nuestra Señora del Collado.
La iglesia de Santa María del Collado fue parroquia hasta el año 1860. Actualmente es un templo dependiente y auxiliar de la parroquia de San Esteban, en el centro de la población, fundada en el siglo XV.
Fue declarada Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento el 3 de Marzo de 1978.

LA IGLESIA DE SANTA MARÍA DEL COLLADO

El templo ocupa una posición elevada sobre el núcleo urbano, que queda a sus pies, en la ladera del cerro en cuya cima se asienta el castillo de la localidad. La orientación del edificio es NE-SO, con la fachada principal hacia el mediodía. Está realizado en mampostería, con sillares regulares sólo en determinados lugares, adoptando la piedra el característico color rojizo de la tierra de esta zona.
La planta de la iglesia era en principio basilical (desvirtuada hoy con añadidos posteriores), dividida en tres naves separadas por columnas de fuste cilíndrico (cinco a cada lado) con capiteles románicos donde apoyan arcos formeros apuntados. A las diez columnas hay que añadir los cuatro sencillos pilares en el tramo de los pies (dos a cada lado), correspondientes a la mencionada ampliación de las naves del templo en el siglo XVI. Los arcos que apean en estos pilares son apuntados los primeros (siguiendo, a pesar de la época, la estética gótica) y de medio punto los que enlazan ya con el muro del fondo (más altos que el resto para salvar el coro que en origen iba en alto).

Interior del templo de Santa María del Collado
(foto: archivo propio)
 
Los capiteles románicos aludidos suponen el mayor atractivo de la edificación, pues están esculpidos con motivos vegetales, zoomorfos y antropomorfos. Entre los primeros se cuentan piñas, flores y hojas lanceoladas. Entre los segundos, cerdos (representación de la lujuria y la pereza), peces (Cristo), salamandra (castidad) y un león pasante de tipo heráldico. El antropomorfismo está representado por cabezas humanas, con casco unas y gorro otras (alusivo al guerrero-monje de las Órdenes Militares, responsables, en parte, de la victoria de las Navas). Se trata de un ornato sencillo, aunque extraordinario en cuanto supone una muestra única de un estilo artístico que, por circunstancias históricas, prácticamente brilla por su ausencia en nuestra tierra jaenera y andaluza.

Capitel con cabeza humana, piñas y otras cabezas de animales
(foto: archivo propio)

Capitel con cabeza humana y otros elementos vegetales
(foto: archivo propio)

Capitel con león pasante, cabeza de cerdo y otros elementos decorativos
(foto: archivo propio)

Capitel con cabeza de cerdo, piñas (izda.) y una flor (dcha.)
(foto: archivo propio)

Capitel con hojas lanceoladas y otros motivos vegetales
(foto: archivo propio)

Las naves se cubren con sencillo artesonado de madera colocado en el pasado siglo. Al exterior, la techumbre es a dos aguas con teja árabe.
Se accede al presbiterio a través de un arco toral apuntado que apoya en semicolumnas de capiteles labrados con dientes de sierra uno y elementos florales el otro. Originalmente, la cabecera era triabsidal. En el siglo XVIII la cabecera del ábside central se derribó para construir en su lugar un camarín para albergar la imagen de la titular del templo. Dicho camarín presenta al exterior un aspecto turriforme y macizo con cubierta a cuatro aguas. A través de la hornacina central del retablo mayor se aprecia este espacio, cubierto con media esfera y decorado al modo barroco con yeserías policromadas.

Arco toral apuntado que da paso al presbiterio.
Éste es el arranque del ábside central cuya parte externa fue derribada
para colocar un camarín en el siglo XVIII
(foto: archivo propio)

De los ábsides laterales queda sólo parte del situado en la fachada meridional (muy remozado), donde al exterior se aprecian unos canecillos románicos en la cornisa y un ventanal de arco apuntado que aporta luz a la capilla que contiene, antiguamente llamada de Santiago y los Capellanes, hoy del Santísimo Sacramento, cubierta con bóveda de cañón con lunetos.
El ábside norte fue suprimido, seguramente al tiempo de producirse las obras del camarín en el siglo XVIII. En su lugar se edificó una galería de tres arcos de medio punto frontales y uno lateral que apoyan en sencillas columnas, galería pensada para proteger el paso entre el presbiterio y el acceso al camarín, que hay que hacer forzosamente por fuera.

Ábside Sur, junto a la escalinata de acceso al atrio de la iglesia
(foto: archivo propio)

Capilla del Santísimo en el interior del ábside Sur.
Se puede observar en el retablo la tabla de la Adoración de los Magos, pintura del siglo XVI
(foto: archivo propio)

Fachada septentrional donde se encontraba el otro ábside, sustituido en el siglo XVIII por la galería de arcos que se aprecia en la fotografía.
Aún son visibles en esta fachada algunos canecillos románicos
(foto: archivo propio)

Los pies del templo es la zona más moderna, añadida en el siglo XVI, cuando se prolongan las naves para agrandar la iglesia y se contruye una nueva puerta en la fachada principal. Aquí se encuentra el coro, bajo y de sillería, una magnífica pieza renacentista realizada en madera, de rica labra, que se cierra con una reja de madera igualmente renacentista.

Sillería y reja del coro
(foto: archivo propio)

En el exterior, el elemento de mayor interés es la fachada principal, que es la del mediodía (lado de la Epístola) y por la que se accede al templo. Esta fachada preside un amplio atrio, elevado sobre las viviendas a causa de la pendiente del terreno y por lo cual está reforzado por recios contrafuertes. Supone uno de los mejores miradores sobre el caserío de Santisteban. La escalinata de acceso al mismo desde la calle desemboca en un pórtico que recorre la fachada compuesto de cinco arcos frontales y uno lateral, todos de medio punto, que apoyan en pequeños pilares de ladrillo de sencillos capiteles. Este pórtico es una obra de la primera mitad del siglo XVII y cobija las dos portadas principales. La más antigua es también la más cercana a la cabecera del templo. Se accede a ella por triple escalón. De vocación gótica, posee aún detalles tardorrománicos. Ligeramente abocinada, la puerta en sí presenta arco de medio punto abarcado por tres arquivoltas apuntadas: sin ornamento la primera, con toscos prismas esquemáticos la segunda, y puntas de diamante la tercera. El conjunto descansa sobre sencillas columnitas sin capitel que sostienen la línea de imposta.
La otra portada, abierta en el mismo muro en los pies del templo, es posterior (segunda mitad del siglo XVI) y muy sencilla, con arco de medio punto de grandes dovelas y jambas de sillería.
Las puertas labradas en madera de ambas portadas son del siglo XVI, confeccionadas por artesanos locales, el maestro carpintero Blas Hidalgo y el maestro de cuchillería Martín Lozano.

Atrio de la iglesia y pórtico de la fachada principal
(foto: archivo propio)

Portada principal protogótica, la más antigua de la iglesia
(archivo propio)

El resto de elementos en el exterior a destacar serían la torre campanario, de planta rectangular (la edificación más antigua del conjunto puesto que se trata en realidad de una antigua torre albarrana del castillo); los ya mencionados ábside sur y la galería norte, esta última junto al huerto o antiguo cementerio de la extinta parroquia; y algunos canecillos de la antigua decoración románica tanto en la fachada meridional como en la septentrional.

PATRIMONIO MUEBLE DE LA IGLESIA DE SANTA MARÍA DEL COLLADO

Posee este templo interesantes piezas artísticas entre su patrimonio mueble.
Entre las obras pictóricas destacan dos tablas insertas en el retablo mayor sobre la vida de San Esteban y otra más que representa la Adoración de los Magos, en este caso situada en el retablo de la capilla del Santísimo. Estas pinturas, de dibujo algo torpe, fueron realizadas en torno a 1530 y se atribuyen al pintor ubetense Pedro Ortega, quien por estas fechas testifica sobre las mismas. En cualquier caso, se vinculan a la órbita italianizante del pintor italiano, afincado en Úbeda, Julio de Aquiles.
El antiguo retablo mayor, de estilo plateresco, fue destruido en la guerra civil. Había sido donado por el cardenal Esteban Gabriel Merino, nacido en Santisteban del Puerto,  y que fue obispo de la diócesis de Jaén entre 1523 y 1535. De aquel retablo sólo queda, además de las referidas tablas, el medallón que lo coronaba con la efigie de Dios Padre en altorrelieve, obra del prestigioso escultor e imaginero afincado en Jaén, Sebastián de Solís.
El magnífico coro de madera de la iglesia, ya descrito, consta de sillería y reja abalaustrada. Posee una rica decoración de tipo manierista consistente en flameros, querubines, veneras, molduras roleadas, etc.
Una de las piezas más interesantes, y posiblemente la más antigua, que se conserva en el templo es la pila bautismal de piedra con elementos geométricos en relieve. Se la ha datado incluso en época visigótica.
Por último, no podemos olvidar la talla de la titular del templo y patrona de Santisteban del Puerto, la Virgen del Collado, obra del insigne escultor local Jacinto Higueras Fuentes que la esculpió en 1940 para sustituir a la antigua imagen del siglo XIII destruida en 1936 durante el transcurso de la guerra civil.

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Tablas de la vida de San Esteban en el actual retablo mayor
(foto: archivo propio)

Medallón con el altorrelieve de Dios Padre, obra de Sebastián de Solís, en el actual retablo
(foto: archivo propio)

Retablo mayor actual, a imitación del antiguo de estilo renacentista
(foto: archivo propio)

Detalle de la reja del coro
(foto: archivo propio)

Pila bautismal
(foto: archivo propio)

Primer plano de la image de la Virgen del Collado, obra de Jacinto Higueras Fuentes
(archivo propio)

 
Bibliografía:

- VVAA. Guía Artística de Jaén y su Provincia. Sevilla, 2005.
- VVAA. Jaén, Pueblos y Ciudades. Jaén, 1997.
www.romanicoaragones.com