lunes, 21 de noviembre de 2016

EL NACIMIENTO DE ARBUNIEL


Nacimiento de Arbuniel. Al fondo, pico Almadén.
(foto: archivo propio)

Localización: Sur de la Provincia de Jaén.
Comarca: Sierra Mágina.
Municipio: Cambil.
Tipología: manantial.
Caudal: 600 l/s (alto -nunca se agota-).
Río: Arbuniel.
Altitud: 940 m.
Usos: agrícola y abastecimiento urbano.
Acceso: JA-3207 (desde la A-44); JA-3204 (Cambil); JA-3205 (Montejícar).
Distancias: 9 km. a Cambil; 36 km. a Jaén.

Las aguas del nacimiento de Arbuniel remansadas en la gran alberca
(foto: archivo propio)

¿CÓMO LLEGAR?

Existen tres vías de acceso a Arbuniel. Desde la Autovía A-44, hay que coger la salida 64 "Carchelejo/Arbuniel", tomando el desvío a la derecha dirección a ésta última por la JA-3207. Desde este punto hay 10,4 km. hasta el nacimiento. Si accedemos desde la cabecera municipal debemos tomar la JA-3204. El nacimiento se encuentra a 9 km. de Cambil. Si nuestro acceso se produce desde la vecina provincia de Granada, existe una carretera, la JA-3205, que va de Montejícar a Arbuniel (10,8 km.). El nacimiento se encuentra en la parte más alta del pueblo, en la salida de Arbuniel hacia esta última localidad granadina.

EL NACIMIENTO

Pequeños saltos de agua procedentes de la gran alberca superior a través de la pared de piedra.
(foto: archivo propio)

Arbuniel es una encantadora aldea -con la categoría de entidad local menor- situada al Sur del término municipal de Cambil y con una población de 641 habitantes (2015). La zona, de carácter montañoso, pertenece a la cordillera Subbética y al macizo de Sierra Mágina.
Al sur del casco urbano de la aldea, a 940 m. de altitud, se produce una surgencia de aguas subterráneas en el piedemonte del cerro denominado "Torre de Gallarín" o también "Tesoro" (1.308 m.), en la Sierra de las Cuevezuelas. Geológicamente, se trata de un punto de contacto entre materiales calcáreos (calizas y dolomías) del Jurásico, por un lado, y arcillas triásicas y tobas y travertinos del Cuaternario, por otro. El Nacimiento de Arbuniel es uno de los más caudalosos no sólo de la Provincia de Jaén sino del conjunto de la región andaluza. Tiene un caudal que oscila entre los 145 y los 1.500 litros por segundo, con una media de 600 l/s. Es el único punto de drenaje natural del acuífero de Alta Coloma, monte al sur de este manantial que hace frontera con la provincia de Granada.
El nacimiento pertenece a la Cuenca hidrográfica del Guadalquivir y alumbra al río homónimo, afluente a su vez del río Cambil, que recoge las aguas de régimen pluvio-nival de esta parte de la sierra (ríos Arbuniel y Oviedo) para conducirlas en dirección Oeste hasta el Guadalbullón, afluente finalmente del Guadalquivir.
Una alberca de grandes dimensiones sirve de regulación para las aguas, que son distribuidas por una serie de acequias o canales para su aprovechamiento para el regadío.


Segunda alberca de contención de aguas del nacimiento
(foto: archivo propio)

EL ENTORNO

Arbuniel, como se ha dicho, se engloba en las Subbéticas, concretamente en el macizo de Sierra Mágina. Predomina aquí una vegetación típicamente mediterránea. En el entorno inmediato del nacimiento podemos observar especies como la encina (Quercus ilex), el pino carrasco (Pinus halepensis), la retama (Retama sphaerocarpa) y en las riberas el chopo o álamo (Populus alba y Populus nigra), el olmo (Ulmus minor), la mimbrera (Salix fragilis) y la zarza (Rubus ulmifolius).
En cuanto a la vida animal, hay una buena representación de la avifauna y los anfibios ligados a estos espacios húmedos. Destacan entre los primeros el jilguero (Carduelis carduelis), el verderón (Chloris chloris), el herrerillo (Cyanistes caeruleus) y el carbonero común (Parus major). Entre los segundos, la rana (Pelophylax perezi) y el sapo común (Bufo bufo) y las culebras viperina o de agua (Natrix maura) y bastarda (Mapolon monspessulanus).
El Ayuntamiento de Cambil-Arbuniel, en colaboración con la Diputación Provincial de Jaén y con ayuda de fondos europeos recuperó en 2011 el entorno del nacimiento, acondicionándolo y construyendo una hermosa zona verde y recreativa junto al mismo en la denominada "Cañada Real de Fuente Alba", con plantas propias de la zona, que supone hoy un atractivo añadido. Aunque cualquier época del año es buena para hacer una visita al nacimiento, recomendamos la primavera, por la explosión de vida que se produce, y el otoño, por el juego de tonalidades que nos ofrece la naturaleza. En cualquier caso, dar un tranquilo paseo por el entorno del nacimiento de Arbuniel supone una experiencia extremadamente agradable.

Chopos en las orillas del río
(foto: archivo propio)

Segunda alberca de contención de las aguas del nacimiento.
Al fondo, cerro "Torre de Gallarín" cubierto de encinas y retamas
(foto: archivo propio)

Ánades en la alberca del nacimiento
(foto: archivo propio)

Parque en la Cañada Real de Fuente Alba, junto al Nacimiento
(foto: archivo propio)

Uno de los "ríos" que salen del nacimiento de Arbuniel por el parque de Fuente Alba.
Al fondo la central de San Manuel y el cerro de Torre de Gallarín
(foto: archivo propio)

El entorno del nacimiento de Arbuniel invita a pasear, a montar en bicicleta...
(foto: archivo propio)

LOS USOS DEL AGUA

Las aguas del nacimiento de Arbuniel han supuesto para la población el verdadero motor de su economía. Tras brotar siempre en abundancia del interior de la tierra, han sido distribuidas a partir de la gran balsa de regulación por una red de acequias o "ríos", como se les conoce por aquí, para regar las huertas y los campos de cereal y olivar aledaños. Pero su uso no sólo ha quedado restringido al agrícola y al consumo humano, sino que la fuerza del agua se ha aprovechado para mover los molinos de grano y aceituna que en la localidad han existido desde la época de los musulmanes y, más modernamente, dicha fuerza también se ha empleado en la producción de energía eléctrica.
En Arbuniel existieron nada menos que tres centrales hidroeléctricas o "fábricas de luz" denominadas de "San Manuel", "Santísima Trinidad" y "San Cayetano". Por desgracia, ningua de ellas funciona ya. La primera de ellas, la de San Manuel, era la más importante y también la más cercana al nacimiento. Estuvo en servicio desde la temprana fecha de 1910 hasta 1960, con una potencia de 100 kVA generada por un salto de 8 m. Su fantasmagórico edificio aún se alza intacto junto a la gran alberca del nacimiento.

Antigua central hidroeléctrica de San Manuel junto al nacimiento
(foto: archivo propio)

Una de las acequias o "ríos"
(foto: archivo propio)


Bibliografía:

- VVAA. Introducción histórica a las centrales generadoras de energía eléctrica en la comarca de Sierra Mágina. Sumuntán, nº 23. 2006. 
- VVAA. Jaén, Pueblos y Ciudades. Jaén, 1997.
- Manantiales y Fuentes de Andalucía (www.conocetusfuentes.com). Unión Europea, Junta de Andalucía, Universidad de Granada.




viernes, 11 de noviembre de 2016

En los Fogones de Jaén. GACHAS DULCES.

Aunque ya ha pasado la fiesta de Todos los Santos, esta receta es estupenda para la estación que se avecina. Es un postre contundente y en tiempos de escasez era un plato que llenaba, aunque no alimentaba. La noche de Todos los Santos los chavales las utilizaban para tapar las cerraduras de los vecinos y gastar bromas. 

 Foto: Mª Cristina Gimeno

Ingredientes:

- 1/2 vaso de harina.
- Un vaso de leche.
- Dos vasos y 1/2 de agua. 
- Una cucharadita de matalahúva.
- Medio vaso de azúcar.
- Cuatro o cinco cucharadas de aceite de oliva virgen extra.
- Canela en polvo.
- Pan duro cortado en dados, para los tostones.
- Un chorreón de anís seco (opcional).

Modo de hacerlo:

Calentamos el aceite en una sartén y freímos el pan. Sacamos los tostones, una vez doraditos, y los ponemos en un plato con papel de cocina para que absorba el aceite. A este aceite, ya caliente, le echamos la matalahúva, sólo unos segundos, procurando que no se queme. Echamos la harina y la tostamos moviendo continuamente con una cuchara de palo, esto se hace para que la harina no sepa a crudo. 
Luego le añadimos todos los líquidos y a fuego lento vamos removiendo hasta que los grumos estén totalmente disueltos. Es laborioso este proceso y mejor ayudarnos con una espumadera. Cuando estén a medio hacer le echamos el azúcar. No la pongáis toda de golpe y vais probando para que las gachas queden a vuestro gusto.
Por último, le añadimos un chorreón de anís seco (opcional).
Para presentarlas las podemos poner en un recipiente de barro o comérselas en la misma sartén. Les espolvoreamos la canela y les ponemos los tostones y ¡¡a comer!!.
Hay muchas maneras de hacer las gachas, mi madre las hace sólo con agua, que es como se hacían antes. Para gusto los colores.

Buen provecho.

 

lunes, 7 de noviembre de 2016

Iglesias de Jaén. Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de BEDMAR


Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Bedmar con el Castillo de fondo
(foto: archivo propio)

UN POCO DE HISTORIA

Si bien Bedmar pasó a manos cristianas definitivamente en 1310, el peligro que suponía la cercanía de la frontera con el vecino reino nazarí de Granada hizo que la plaza viviera un continuo episodio de inestabilidad a lo largo del siglo XIV y buena parte del XV. En manos de la Orden de Santiago, la villa y su vieja fortificación tuvieron serias dificultades para defender el paso del Este que, a través de Sierra Mágina, conectaba con tierras de Guadix. La construcción de un nuevo castillo a partir de 1411 mejoró la defensa pero no alejó el peligro. Debido a esta circunstancia, la construcción de cualquier edificio religioso de empaque se hacía imposible a la par que estéril, pues a los peligros de la frontera habría que añadir -derivada de los mismos- la escasez de población que Bedmar padeció durante todo el periodo bajomedieval.
Cuando la Orden de Santiago atisbó el final de la reconquista y la toma de Granada, se embarcó en el proyecto de dotar a Bedmar de una iglesia parroquial adecuada a las proporciones de la villa, comenzando su construcción a la sombra de la nueva fortaleza, levantada unas décadas antes. Para 1493 ya habían finalizado las obras de la cabecera. Paralelamente, el proceso repoblador estaba en marcha con gentes procedentes de Baeza y Úbeda.

Tondo con la Cruz de la Orden de Santiago en la portada principal de la Iglesia
(foto: archivo propio)

Los esfuerzos económicos de la nueva etapa tras la finalización de la guerra de Granada, llevados a cabo por la Orden en Bedmar, debieron estar detrás del parón que sufrieron las obras de la iglesia durante un largo periodo, hasta mediados de la siguiente centuria.
Un documento de enero de 1558 sitúa el pago de 15.000 maravedís como anticipo por parte del clérigo Francisco Bravo al cantero jiennense Francisco del Castillo para las obras del templo, más otros 15.886 para el siguiente mes de mayo. Este dato sitúa la reanudación de las obras en torno a estas fechas.
En 1562 la villa sería cedida en calidad de señorío por el rey Felipe II al comendador de la Encomienda de Bedmar-Albanchez, Don Alonso de la Cueva. A pesar de este cambio de jurisdicción, la parroquia bedmarense siguió bajo la autoridad eclesiástica de la Orden de Santiago. De ahí que las armas del nuevo señor no aparezcan en el edificio y sí, por el contrario, emblemas de la Orden de caballería.
En 1572 Francisco del Castillo otorga poder a su hermano Benito para proseguir y acabar la obra de la iglesia.
En 1583 las obras aún continuaban, apareciendo diversos descargos a favor de Francisco de Herrera, maestro de cantería fallecido un año más tarde, en concepto de saca y asentamiento de la piedra.
Es muy probable que las obras del conjunto finalizaran en torno al año 1602, fecha que aparece en la portada lateral del lado de la Epístola.
No obstante, habría de producirse un añadido posterior en la fábrica de la iglesia. Se trata de la Capilla de los Chamorro, llamada así por ser su fundador Don Fabián Sebastián Chamorro, rico hacendado y familiar del Santo Oficio. Situada en el lado de la Epístola, data de 1762. Es un ejemplo más del mecenazgo que ejerció sobre la villa este piadoso hombre, responsable también de la fundación de la ermita y hospital de San José -por entonces extramuros de la población- y que en la actualidad conserva su fachada. 
La mayor parte del patrimonio mueble de la parroquia fue destruido durante los fanáticos ataques anticlericales perpetrados durante la guerra civil.
Tras la contienda, la iglesia ha sufrido diversas reformas a lo largo del siglo XX y hasta la actualidad. Las de los años 60 y mediados de los 90 fueron de mayor calado.
En el año 2016 tuvo lugar la última reparación, consistente en el arreglo integral del tejado del edificio, pues se estaban produciendo filtraciones en el interior.

Lateral del templo. Muro de la Epístola. Portada, sacristía y torre de campanas
(foto: archivo propio)


LA IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN

La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción se encuentra en la parte más elevada de la villa, junto al escarpado espolón que da asiento al castillo. De proporciones equilibradas, es un templo que guarda intrínsecos los valores propios del clasicismo renacentista. El edificio, dispuesto en sentido noreste-suroeste, es de planta de salón con tres naves, más alta la central, separadas por grandes arcos formeros de medio punto en ladrillo que apean en elegantes columnas de orden toscano. Se cubre con armadura de par y nudillo y tejado a dos aguas al exterior.

Interior de la iglesia, con sus tres naves, vista desde la cabecera
(foto: archivo propio)

Este cuerpo descrito de la iglesia se une a la cabecera, diferente tanto estilística como cronológicamente. Se trata de un espacio de base rectangular y testero plano, formado por tres capillas, la mayor -elevada sobre gradas y de mayores dimensiones- y dos laterales, que se abren a cada una de las naves mediante arcos apuntados y se comunican entre sí a través también de este tipo de arcos. Se cubren con bóvedas de crucería de terceletes. La cabecera de la iglesia presenta, por tanto, un lenguaje gótico pues, como se ha referido anteriormente, pertenece a un proyecto anterior. Según reza la filacteria conservada al fresco en la bóveda de la capilla mayor, ésta se culminó en el año de 1493. Desde la capilla lateral del lado del Evangelio se accede mediante arco protogótico a la sacristía.
En los pies del templo se levanta, en alto, el coro de madera, sostenido por tres columnas toscanas, y al que se accede mediante una moderna escalera de metal.

Vista de la cabecera del templo desde los pies
(foto: archivo propio)

Coro en alto en los pies de la iglesia
(foto: archivo propio)

En los muros laterales de la iglesia se abren capillas hornacinas con arcos de medio punto, de muy escasa profundidad. Destaca por sus mayores dimensiones la capilla de los Chamorro, situada en el muro de la Epístola, junto a la cabecera. Se trata de una construcción añadida posteriormente, en el siglo XVIII. Data concretamente del año 1762, fecha que aparece grabada en el muro exterior de la capilla. Es un espacio cuadrado cubierto con cúpula de media naranja sobre pechinas. El conjunto está decorado con frescos que hacen referencia a la pasión de Cristo (instrumentos de la pasión, la Cruz desnuda con el sudario), además de otras representaciones como el Espíritu Santo o la Eucaristía. En el testero frontal se abre un pequeño camarín cubierto con cupulín igualmente decorado al fresco con representación de querubines. Lamentablemente, la capilla presenta en la actualidad un acusado deterioro y es urgente su restauración.    

Capilla de los Chamorro. Bóveda sobre pechinas.
(foto: archivo propio)


En el exterior destacan las tres portadas y la torre campanario.
La portada lateral del lado del Evangelio se abre en medio punto sobre impostas y jambas cajeadas. Sobre el arco, entablamento sostenido por ménsulas que se corona por jarrones o flameros en las esquinas y en el centro un balaustre sobre pedestal cúbico decorado
A eje con la anterior, en el muro de la Epístola se abre la otra portada lateral, que repite el mismo esquema que la anterior, aunque rematada por diferentes elementos. En este caso, sobre el entablamento se sitúan bolas en las esquinas y en el centro un escudo orlado por cueros con la inscripción IHS MARIA ANO D 1602 rodeado de moldura de lacería y rematado por pirámide.

Portada del lado del Evangelio
(foto: archivo propio)

Portada del lado de la Epístola
(foto: archivo propio)

La más interesante es la portada principal. Se abre en arco de medio punto con originales dovelas labradas con una alternancia de motivos geométricos (rombos y trapecios). Apoya sobre pilastras que reproducen similares elementos geométricos y se enmarca por sendas columnas jónicas exentas sobre plintos que sostienen un entablamento cuyo friso se decora con una cenefa de almohadillados. En las enjutas del arco, sendos tondos con la Cruz de la Orden de Santiago el de la izquierda y el escudo pontificio con las armas de San Pedro el de la derecha. En el segundo cuerpo, pirámides en las esquinas y en el centro una hornacina con la imagen en bulto redondo de Nuestra Señora coronada y asunta al cielo (titular del templo), sobre media luna con querubín, rodeada de ángeles y con la paloma del Espíritu Santo sobre su cabeza. La hornacina se enmarca por columnitas corintias que sostienen una pequeña cornisa y a ambos lados se desarrollan aletones en forma de S. Remata el conjunto un óculo enmarcado por moldura cuadrangular. Esta portada es, sin duda, el elemento más importante de la iglesia por sus valores plásticos y ornamentales, constituyendo uno de los ejemplos más interesantes del manierismo jiennense.

Portada principal de la Iglesia
(foto: archivo propio)

Detalle de la hornacina central de la portada con la imagen de la Asunción de Nuestra Señora
(foto: archivo propio)

La torre de campanas se encuentra junto a la cabecera, lado del Evangelio. Se accede a ella a través de la sacristía por una escalera que destaca por sus elementos decorativos (cabezas de ángeles y diablos). La torre consta de dos  cuerpos. El bajo tiene forma cúbica y se subdivide a su vez en dos pisos. Aquí se abren cuatro huecos en medio punto para las campanas, uno en cada lado de la torre. Adosado a su cara noreste existe un volumen de menores dimensiones que corresponde a la mencionada escalera. El cuerpo superior es ochavado, con sus vanos adintelados parcialmente cegados, y se remata con tejadillo igualmente poligonal.


Torre campanario desde la parte trasera del templo. Adosado a la torre, el cuerpo de la escalera.
(foto: archivo propio)

Del patrimonio mueble de la parroquia destaca la pila bautismal en piedra, del siglo XVI, y una talla barroca de Santo Domingo penitente en la órbita de la escuela granadina de los Mora.

Pila Bautismal de la Iglesia
(foto: archivo propio)

Vista parcial de la Iglesia de la Asunción con el Castillo al fondo
(foto: archivo propio)


Bibliografía:

- Galera Andreu, Pedro A. Arquitectos y Arquitectura en Jaén a fines del siglo XVI. IEG, 1982.
- VVAA. Guía Artística de Jaén y su Provincia. Sevilla, 2005.
- VVAA. Jaén, Pueblos y Ciudades. Jaén, 1997.
- Web del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico: http://www.iaph.es/

 
  

domingo, 16 de octubre de 2016

Monumentos Naturales de Jaén: el Olivo de Fuentebuena en ARROYO DEL OJANCO


Olivo de Fuentebuena
Comparen el tamaño del árbol con el de la persona que hay bajo él
(foto: archivo propio)

Nombre: Olivo de Fuentebuena
Especie: Olea europaea subsp. europaea 
Localización: NE de la Provincia de Jaén
Comarca: Sierra de Segura
Municipio: Arroyo del Ojanco
Altitud: 660 m. sobre el nivel del mar
Edad aproximada: Se desconoce. A principios del siglo XIX ya era un olivo singular por su tamaño.
Dimensiones: 10 m. de altura; 1,30 m. de altura del fuste; 4,80 m. de perímetro en la base del fuste; 12 m. de diámetro de la copa; 280 m3 de volumen.
Distancia a Arroyo del Ojanco: 3,7 km.
Acceso: N-322 / JA-9114

Efectos de luz entre las ramas del Olivo de Fuentebuena
(foto: archivo propio)
¿CÓMO LLEGAR?

Mapa de localización del Olivo de Fuentebuena
(mapa: Editorial Alpina)
 

Arroyo del Ojanco se encuentra sobre la N-322 Córdoba-Valencia, que atraviesa la localidad de extremo a extremo. Dentro del casco urbano, punto kilométrico 215, sale a la derecha (dirección Valencia) una pequeña carretera, la JA-9114 en dirección a Beas de Segura. A 3,7 km. de Arroyo del Ojanco se llega al cruce con la JA-9115 (Prados de Armijo). Aquí se halla la cortijada de Fuentebuena, junto al arroyo del Ojanco (curso fluvial que da nombre al pueblo) y nuestro monumental olivo, cuya copa se aprecia fácilmente desde la carretera.

El Olivo, junto al cauce del arroyo del Ojanco, desde los arruinados cortijos de Fuentebuena.
Se aprecia su gran tamaño entre los olivos circundantes
(foto: archivo propio)


EL ENTORNO

Se trata de una zona de olivar de montaña situada aún sobre suaves laderas en el valle del arroyo del Ojanco, que se abre hacia el Oeste, muy cerca del límite con el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas. Nuestro olivo concretamente se halla a unos 660 metros de altitud. Situado muy cerca del cauce del arroyo, se rodea de otros ejemplares de su especie (Olea europaea subsp. europaea), en todo caso de mucho menor tamaño. En las inmediaciones hay también ejemplares de almendro (Prunus dulcis) y junto a la ribera del arroyo algunos chopos (Populus nigra), olmos (Ulmus minor) y zarzas (Rubus ulmufolius).

EL OLIVO DE FUENTEBUENA

Si por algo se caracteriza Jaén es por sus olivos. Los hay muy ancianos y los hay también de gran porte (lo que no tiene que ver con su edad) repartidos por diferentes municipios de la geografía provincial. La singularidad del olivo de Arroyo del Ojanco radica, más que en su edad, en sus dimensiones gigantescas, por lo que ha sido propuesto para ser declarado Monumento Natural de Andalucía. Se dice de él que es el olivo más grande del mundo, y posiblemente lo sea, pues las cifras que arrojan sus medidas, referidas en la ficha al comienzo del artículo, nos hablan de un ejemplar único. A ello habría que sumar su capacidad productiva, que ronda los 600 kg. de aceituna por campaña (un olivo adulto en regadío no suele llegar a los 70 kg.).
Las dos grandes ramas (de 2,10 y 2,80 m. de perímetro) que se bifurcan de su grueso fuste soportan todo el peso de la copa, que llega a ser de tal magnitud -especialmente cuando se desarrolla el fruto- que obliga a su denso follaje a descansar sobre el suelo en muchos extremos de la copa.
En fin, todo en este portentoso espécimen es de record guinness.
Tan dilatada historia centenaria ha generado algunos relatos legendarios en torno a este olivo, como que fue plantado en época de los romanos (que edificaron por cierto una magnífica villa a escasos centenares de metros de Fuentebuena) o por unos frailes tras la reconquista cristiana de estas tierras. Otra versión afirma que su tamaño, tan dispar con el de los olivos que lo rodean, se debe a que nació a partir de una ramita bendecida un Domingo de Ramos.

Tronco anciano y retorcido del Olivo de Fuentebuena
(foto: archivo propio)

.
Olivo de Fuentebuena
(fotografías: archivo propio)

Bibliografía:

- VVAA. Árboles y Arboledas singulares de Andalucía. Jaén. Sevilla, 2004.


 

jueves, 13 de octubre de 2016

Ermitas de Jaén. Ermita del Cristo de Chircales de VALDEPEÑAS DE JAÉN


Cuadro del Santísimo Cristo de Chircales, patrón de Valdepeñas de Jaén
(foto: archivo propio)

Valdepeñas de Jaén y su Cristo de Chircales, patrón de la villa, son un todo. No se entienden lo uno sin lo otro. Valdepeñas profesa una intensa devoción hacia esta imagen de Cristo crucificado, representado en un lienzo casi tan antiguo como el propio pueblo. Desde el siglo XVI en que se fundara la villa y llegara el icono a este recóndito rincón de la Sierra Sur de Jaén, la fe que los valdepeñeros le profesan no ha hecho otra cosa que acrecentarse. El epicentro de tal devoción es su ermita, situada a escasos kilómetros de Valdepeñas, y de la que hoy nos ocupamos.

¿CÓMO LLEGAR?

Si tomamos como punto de partida la Plaza de la Constitución de la localidad, donde se encuentran la iglesia y el ayuntamiento, debemos tomar la calle Bahondillo en dirección Oeste. A 300 metros seguimos por la calle Santa Ana, continuación de la anterior, que nos sacará de Valdepeñas por una pequeña carretera asfaltada que cruza el cauce del río Ranea. La ermita de Chircales se encuentra a 5 km. del pueblo.

Ermita del Santo Cristo de Chircales, en el corazón de la Sierra Sur
(foto: archivo propio)

UN POCO DE HISTORIA

Antes de la fundación de la villa en 1539 ya existía en el cercano paraje de Chircales una comunidad de ermitaños que habitaban unas cuevas situadas en la ladera del cerro de Montesinos a más de 900 m. de altitud. A falta de excavaciones arqueológicas que lo confirmen, realmente la ocupación de estas cuevas -cuatro en total- podría incluso retrotraerse a los primeros siglos de nuestra era, pues está constatada arqueológicamente la presencia de pobladores romanos y posteriormente visigodos en el solar de la actual localidad de Valdepeñas y en la zona del Castellón (en las proximidades de la ermita).
En cuanto a la procedencia del nombre de Chircales, se desconoce por el momento, aunque Martínez Cabrera apunta a que probablemente se trate de una derivación del vocablo mozárabe Chircua, que hace referencia al género botánico quercus, al que pertenece, entre otras especies arbóreas, el quejigo, abundante en otras épocas en toda esta zona.
La noticia más antigua que se tiene del eremitorio de Chircales data de 13 de Abril de 1566, en que un vecino del pueblo, Juan Ruíz Castellano, funda un patronato (donación de un pedazo de tierra) en el que figura como administrador el primer ermitaño con nombre y apellidos de que se tiene constancia: Pedro Fernández. Estas obras pías para con la comunidad serán práctica habitual entre los vecinos de Valdepeñas a partir de estos momentos.
De los documentos de esta primera época se deduce que los ermitaños ya habitaban las cuevas de Chircales antes de la fundación del patronato de Juan Ruíz Castellano. No se menciona construcción religiosa de ningún tipo aún, por lo que utilizarían la cueva principal (anexa a la actual ermita) como lugar para sus rezos. Pronto el lugar se convertiría en un discreto punto de peregrinación.
Nombres propios de eremitas en esta primera época son el Maestro Gaspar Lucas, padre espiritual de la pequeña comunidad hasta 1590, o Ginés de Nápoles. Bajo la dirección de este último (1590-1609) se producen los dos hechos más relevantes de la historia de Chircales: la llegada del cuadro del Santo Cristo y la construcción de la ermita y la primera casa de la comunidad, lo que supone el abandono de las cuevas por parte de los ermitaños.
En el inventario de 1609 ya aparece el lienzo del crucificado. Fuera de los límites legendarios que envuelven la sagrada imagen y su llegada a Chircales, de lo cual existen diferentes versiones (aparición milagrosa, pastorcillos que la encuentran en la cueva, arrieros que la portan entre su mercancía y los ermitaños se la quedan...), lo más probable es que el lienzo fuera encargado a algún pintor de Jaén por el propio Ginés de Nápoles. Representa la escena del Calvario, con Jesucristo crucificado, San Juan y la Virgen María a sus pies y un ermitaño, de rodillas tras la Cruz, vestido con el hábito de San Pablo, que bien podría ser el propio Ginés de Nápoles, aunque este punto es sólo una hipótesis.
En cuanto al conjunto de la ermita y la casa de la comunidad, sufrirán tantas remodelaciones con el paso del tiempo que hoy no queda prácticamente nada de la construcción original.
La epidemia de peste de 1647-49 tuvo una especial incidencia sobre Valdepeñas, produciéndose cuantiosas bajas entre la población. Por esta razón, a partir de mediados del siglo XVII la devoción por el Santo Cristo de Chircales se incrementa considerablemente al suponer el consuelo divino la única salida a la desesperada situación de un pueblo que agoniza. La prueba de ello la tenemos en las abundantes donaciones (bienes y dinero) que recibe la ermita y las innumerables misas que los testadores dejan estipuladas en sus últimas voluntades.
En el año 1707 la ermita se encuentra en obras y sufre una remodelación que se alargará -con intermitencias- varias décadas, hasta la prelatura del Obispo Fray Benito Marín (1750-1769).
En los documentos de la primera mitad del siglo XVIII es cuando surge por primera vez la denominación de "santuario", lo que le confiere al lugar un status jurídico más elevado debido a las fundaciones -cada vez más relevantes económicamente- que se realizaban en Chircales, amén de una mayor afluencia de peregrinos y devotos que comenzarán a ofrendar a su Cristo exvotos de todo tipo, por los que este santuario se ha caracterizado siempre. El caudal económico va en aumento. Mediada la centuria, el santuario ya cuenta con un administrador propio y un capellán nombrado por el Obispo.
En el año 1772 fallece el último eremita de Chircales, con lo que se pone punto y final a la existencia de una comunidad que había cuidados del santuario durante más de dos siglos.


Escudo del Obispo de Jaén, Fray Diego Melo de Portugal, sobre la puerta de la ermita
(foto: archivo propio)

En torno al año 1804 el santuario sufre otra gran remodelación, siendo Obispo de Jaén Fray Diego Melo de Portugal (1795-1816), prelado que vivió algunos años en Valdepeñas de Jaén en un pequeño palacio episcopal que aún se conserva (esquina de la Calle Parras con Calle Obispo) y murió aquí el 22 de Enero de 1816. Es en esta época -primer tercio del siglo XIX- cuando se puede afirmar que el santuario alcanza su época de mayor esplendor. El rico patrimonio (tierras, casas, molino de aceite) se une a una devoción que traspasa los límites locales. Gentes de Martos, Fuensanta, Los Villares o Castillo de Locubín acuden en masa a venerar al Cristo de Chircales.
El nacimiento de la Cofradía del Santísimo Cristo de Chircales parece que guarda relación con la epidemia de cólera de 1834, tras la que un grupo de vecinos, agradecidos por haberse librado de la enfermedad, se comprometen a organizar la fiesta en honor al Cristo cada 14 de Septiembre.
En 1924 vuelve a restaurarse la ermita por iniciativa de los señores Don Miguel Henríquez de Luna y su mujer Doña María del Rosario Baíllo.
Finalmente, en 1974 y por suscripción popular el santuario afronta su última restauración. Es entonces cuando se le dota de electricidad.

LOS EREMITAS DE CHIRCALES

La fundación del eremitorio de Chircales cerca de Valdepeñas de Jaén se enmarca en el ambiente espiritual y místico que inunda la España del XVI. La Diócesis de Jaén no será una excepción. La presencia de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz por estas tierras, unida a la predicación de San Juan de Ávila desde la Universidad de Baeza -creando una verdadera escuela de discípulos amantes de su magisterio y ejemplo de vida-, será fundamental en el nacimiento del movimiento eremítico, del que forma parte nuestra comunidad de Chircales.
Con la preceptiva licencia por parte del Obispado de Jaén, estos ermitaños de Chircales fundaron una humilde comunidad, adoptando la regla de San Pablo. Su vida era de silencio, trabajo, oración, ayuno y penitencia. Unos laicos, otros sacerdotes, en general se trataba de personas sencillas que vivían de su trabajo en el campo o cuidando ganado, de las limosnas de la gente y muy pocos de sus propias rentas. Vestían túnica de lino, tipo franciscano, recogida por un cíngulo. El encargado de recibirlos en Chircales era el patrono de la obra pía. Éste, atendiendo a las cualidades del interesado y del propio grupo, decidía admitirlo o rechazarlo. El postulante, previa experiencia de convivencia con los demás hermanos, era autorizado para pedir el hábito, que era impuesto por el párroco de Valdepeñas, previa autorización del Obispo.
 
LAS CUEVAS DE CHIRCALES

Como se ha apuntado anteriormente, existen hasta cuatro cuevas, situadas en las proximidades de la ermita. Tres de ellas se encuentran hoy en una finca privada, en la parte alta del santuario. La más interesante y conocida es la denominada "Cueva de los Milagros". Anexa a la ermita, es la más grande de todas y se puede visitar. Aunque se trata de una cueva natural, han sido picados los laterales y la parte alta hasta formar una bóveda. Posee dos pilares de roca natural, labrados toscamente, a modo de sostén del techo. El fondo de la cueva se estrecha un poco y se halla en esta parte una hornacina en la pared donde hoy se ha colocado un pequeño altar. Se deduce que ésta pudo ser la cueva utilizada como oratorio en los primeros momentos de existencia del eremitorio.

.
Dos imágenes del interior de la llamada "Cueva de los Milagros", junto a la ermita de Chircales.
(fotografías: archivo propio)

LA ERMITA DEL CRISTO DE CHIRCALES

El edificio de la ermita de Chircales es una construcción sencilla, de pequeñas dimensiones. Tiene planta rectangular cubierta con bóveda esquifada. La zona del presbiterio queda elevada, accediéndose mediante escalinata central. Tras el altar se alza el retablo que contiene el lienzo del Cristo de Chircales, enmarcado por dos columnas corintias que sostienen un entablamento rematado por frontón semicircular decorado en su centro por un medallón con el Corazón de Jesús rodeado de potencias doradas. En los muros laterales se abren sendas hornacinas que contienen las imágenes de San Miguel (izquierda) y Santa Gertrudis (derecha), ambas del siglo XVIII. Sobre las hornacinas se sitúan escudos en madera policromada del Obispo de Jaén, Fray Benito Marín (1750-1769). Los paramentos de la ermita quedan decorados con un zócalo de bellos azulejos. 

Interior de la ermita de Chircales
(foto: archivo propio)

El exterior es sencillo. La única fachada exenta es la principal, dado que el oratorio queda rodeado de otras construcciones del santuario. La puerta adintelada tiene sobre ella el escudo de Fray Diego Melo de Portugal y Villena (Obispo de Jaén entre 1795 y 1816), del que ya apuntamos su relación con Valdepeñas. Sobre el escudo, un óculo, y remata la fachada una pequeña espadaña.
El entorno del acceso a la ermita es muy agradable. Nos dan la bienvenida frondosos árboles que dan buena sombra, una pequeña cascada de agua y un humilladero de piedra. Un gran arco de medio punto en ladrillo junto a la antigua casa de la comunidad eremita nos introduce en la lonja de la ermita, con su pequeña fuente y dos altas palmeras, celosas centinelas del Santo Cristo de Chircales.

Entrada al santuario, con la pequeña cascada a la derecha y la cruz de humilladero a continuación
(foto: archivo propio)
 

Arco de entrada a la lonja de la ermita
(foto: archivo propio)

Rincón de la lonja de la ermita con macetas y una fuente de piedra
(foto: archivo propio)

Fachada de la ermita
(foto: archivo propio)
 

Bibliografía:

- Infante Martínez, Juan. Historia de la Cofradía del Cristo de Chircales. En Lugia (nº 16, 18, 20, 22).
- Martínez Cabrera, Félix. Chircales y su Cristo. Jaén, 2000.
- Martínez Cabrera, Félix. Historia de Valdepeñas de Jaén. Jaén, 2003.
- VVAA. Jaén, Pueblos y Ciudades. Jaén, 1997.
Valleclaro (Blog sobre Valdepeñas de Jaén).