martes, 18 de marzo de 2014

El Cristo del Corpus de JAÉN


CRISTO DEL CORPUS

(foto: archivo propio)


Tipología: Grupo escultórico en altorrelieve (salvo la figura de Cristo, en bulto redondo), perteneciente a un retablo desaparecido.

Autor: Jerónimo Quijano?

Fecha: 1520-1525

Localización: Iglesia de Santa María Magdalena, Jaén.

Material: madera policromada

Medidas: 225 x 300 x 28 cm.


Este grupo escultórico es lo único que queda de un retablo encargado por la ya extinta cofradía del Corpus Christi (de ahí su nombre), radicada en la Iglesia de Santa María Magdalena de la capital jiennense en el siglo XVI. El material empleado por el escultor fue la madera de nogal, policromada y estofada, dorada en algunas zonas al agua y en otras al aceite, y con aplicación de elementos de plata y brocados en las vestiduras.
En la escena, que en otro tiempo estuvo enmarcada por un paisaje en bajorrelieve realizado en yeso policromado que mostraba la ciudad de Jerusalén, hoy desaparecido, se representa a Jesús muerto en la Cruz, única figura del grupo escultórico en bulto redondo. Supone el eje de simetría perfecto entre los dos abigarrados grupos de figuras -éstas en altorrelieve- que, más abajo y a cada lado de la cruz, se disponen de forma muy equilibrada, a pesar de haber siete imágenes en el lado izquierdo frente a sólo cino en el derecho.

Cristo del Corpus. Catálogo Monumental de España. Enrique Romero de Torres. 1913. 
La fotografía, ligeramente cortada en sus lados izquierdo y superior, nos muestra el bajorrelieve de fondo con las murallas de Jerusalén, hoy desaparecido.

En el lado izquierdo, la protagonista es la Virgen María, que se desmaya en su dolor siendo sostenida por el discípulo amado, San Juan, y por María Cleofás -madre de Santiago "el menor", Simón y Judas Tadeo, apóstoles de Jesús- que, según los Evangelios, era pariente de la Virgen. María Salomé, madre de Santiago "el Mayor" y Juan, asiste desconsolada a este drama. Detrás, a la izquierda, Nicodemo y José de Arimatea parecen mantener una conversación, mientras otra mujer -ésta sin identificar- mira hacia el crucificado con gesto dramático. En el grupo de personajes de la derecha, destaca María Magdalena, arrodillada al pie de la Cruz, la cual abraza, mirando hacia arriba a Jesús. Dos sayones judíos y dos soldados romanos -el de la derecha, que porta una lanza o pica, posiblemente identificado con Longinos- completan la escena. Dicha identificación responde a las facciones mucho más dulces, juveniles, amables en definitiva, de este soldado frente a la patente fealdad de los sayones judíos y el carácter anónimo del otro soldado romano, cuyo rostro queda parcialmente tapado. Unos rasgos, por tanto, de belleza idealizada, que el autor concede al soldado arrepentido y converso de las Escrituras.

Detalle de la Virgen María (centro), San Juan (izquierda) y las Santas Mujeres (derecha)
(foto: archivo propio)

La imponente figura de Cristo, ya muerto en la Cruz, es fruto de un magnífico estudio anatómico. Presenta las manos semicerradas, con los dedos flexionados, y un artístico paño de pureza. No tiene corona de espinas, ni potencias, y la cruz a la que se haya sujeto mediante tres clavos, posee una curiosa forma de "tau", tras haber perdido la parte superior, y está decorada en ambos travesaños con una greca dorada.

Detalle del rostro de Cristo
(foto: archivo propio)

Como se dijo al principio, este grupo escultórico formaba parte de un retablo encargado por la cofradía del Corpus Christi para la Iglesia de Santa María Magdalena. Está fechado a principios de los años veinte del siglo XVI (1520-1525), perteneciente, por tanto, al estilo renacentista. 
De autor anónimo hasta la fecha, dos son los artistas de cuya gubia pudo haber salido este conjunto. Tradicionalmente se ha atribuido a JACOPO TORNI, también llamado "EL FLORENTINO" o "el Indaco" (Florencia, 1476 - Villena, Alicante, 1526). Concretamente se trata de una atribución del prestigioso arqueólogo e historiador granadino Manuel Gómez-Moreno Martínez. El problema reside en que Florentino no posee ninguna obra reconocida en Jaén. Viene a España procedente de Italia en el año 1520, dato que conocemos por testimonio de su hijo, y en ese mismo año, en el mes de octubre, ya se encuentra trabajando en la Capilla Real de Granada, ciudad en la que realizará una amplia labor como artista entre 1520 y 1525, meses antes de su repentina muerte. Encargos puntuales (documentados) le llevan en esos años a Murcia y, de ser cierta la autoría del retablo de la Magdalena, quizás también a Jaén. Aunque la toma de contacto con esta ciudad pudo haberse producido en el mismo año de su llegada a España, en 1520, cuando antes de recalar en Granada, pasa por Jaén. Posiblemente en este año y en esta ciudad conocería a su futuro suegro, el entallador Juan López de Velasco, que se encontraba trabajando en la sillería del coro de la Catedral. La estrecha relación de Velasco con Jaén, pues realizó otros encargos para el cabildo catedralicio, puede explicar la presencia puntual de Florentino en la ciudad para ejecutar, por ejemplo, el retablo del Corpus de la Magdalena. Esto no deja de ser una hipótesis, pues, como se ha dicho, no existe rastro documental de la presencia de Florentino en Jaén. La atribución de Gómez-Moreno de este Cristo a Florentino radica también en parecidos razonables de esta talla con otros crucificados de la época que dejara el escultor en Granada, especialmente el llamado Cristo de San Agustín, de la cofradía homónima, y que actualmente aún procesiona en la Semana Santa de la ciudad de la Alhambra. También ciertas imágenes guardan similitudes con las del Santo Entierro, atribuido a Florentino, del Museo de Bellas Artes de Granada.
El otro artista a quien se atribuye el retablo que nos ocupa es JERÓNIMO QUIJANO (ca. 1495 - Murcia, 1563). El origen de Quijano hay que situarlo en el norte de España. Se formó, al parecer, con Felipe Bigarny en Burgos, durante la segunda década del siglo, y con éste llegó a Granada en 1521. Aquí conoció a Jacobo Florentino y a su suegro, López de Velasco (ya en Granada y trabajando con su yerno en el retablo de la Santa Cruz de la Capilla Real), posiblemente la persona que le abriría las puertas del encargo que recibió para la continuación de la obra escultórica de la sillería del coro de la Catedral de Jaén a partir de 1524. De ser de Quijano, y no de Florentino, correspondería a estos años (1524-26) el Cristo del Corpus de Jaén. 
La relación entre Quijano y Florentino se mantuvo, pues Quijano sucedió a Jacobo en la maestría de la Catedral murciana a la muerte de éste, en 1526, continuando las obras de la torre y la ornamentación de la sacristía. La huella artística de Florentino en Quijano es más que evidente, lo que ha generado ciertos problemas a la hora de adjudicar algunas obras. La influencia italianizante de Florentino confluye en Quijano con la flamenca de Bigarny, rasgos ambos que se pueden rastrear en este grupo escultórico. Las novedades manieristas son introducidas en España por estos artistas extranjeros, las cuales combinadas con las tradiciones locales (el uso de la madera policromada y sobredorada con pan de oro, la religiosidad exaltada hispana…) están en el origen de la corriente emocional de la imaginería religiosa española iniciada por Berruguete, Juni, o nuestros Florentino y Quijano. El Cristo del Corpus de Jaén es un buen ejemplo en donde se funde casi de manera natural el gótico y el manierismo que distorsionan las figuras y exacerban los gestos buscando una imagen piadosa que conmueva.
El retablo ha sufrido cambios de ubicación que han tenido como consecuencia diversas mutilaciones y modificaciones en su aspecto. Inicialmente se ubicaba en el muro lateral izquierdo de la iglesia de la Magdalena, al otro lado del cual se encuentra el patio de abluciones de la primitiva mezquita. En el año 1929, con motivo de la Exposición Iberoamericana, el retablo fue trasladado a Sevilla para formar parte del Pabellón de Jaén. Volvió a su ubicación original, pero para entonces ya había perdido el fondo en bajorrelieve mencionado anteriormente, que fue sustituido por unos paneles de madera. Posteriormente el retablo fue trasladado al lateral izquierdo del altar mayor y el fondo de madera fue sustituido por otro de papel con una decoración adamascada. En 1966, tras formar parte de la exposición denominada "Recursos turísticos de la provincia de Jaén" y debido a que comenzaban obras de restauracion en la iglesia, pasó, en calidad de depósito, al Museo Diocesano de la Catedral, permaneciendo allí hasta 1988, en que de nuevo es trasladado a la iglesia de la Magdalena y ubicado de nuevo en el lateral izquierdo del altar mayor.
En 1996 se procede a su restauración por parte de Doña Mª Paz Barbero con financiación de la Dirección General de Bienes Culturales de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Tras dicha restauración, el calvario pasa a una nueva localización en los pies del templo parroquial, sobre el muro de piedra y junto a la puerta de entrada. Finalmente, y desde hace poco tiempo, ocupa el testero frontal de la nave del lado del Evangelio (izquierda).



BIBLIOGRAFÍA:

- Abades, Jesús. El retablo del Corpus Christi en Jaén. En www.lahornacina.com

- López-Guadalupe, Juan Jesús. Un crucificado italiano en España: el Cristo de San Agustín de Granada. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid, 1997. 

- VVAA. Guía artística de Jaén y su Provincia. Sevilla, 2005.

- VVAA. La Catedral de Jaén. Enciclopedia visual. Jaén, 2006.

 

ENLACES:

Bienes Culturales. Junta de Andalucía




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