Del Jaén perdido... Nazarenus Jiennensis. Nuestro Padre Jesús Nazareno de LINARES


Nuestro Padre Jesús Nazareno en la Iglesia de San Francisco.
Fotografía tomada en el año 1890.


BREVE HISTORIA DE LA COFRADÍA

Mientras en otras villas y lugares de la actual Provincia de Jaén la fundación de Cofradías para dar culto a Jesús Nazareno surgieron en el seno de Conventos de la Orden Carmelita, en el caso de Linares será en el Convento de San Francisco de Asís, fundado en 1554, donde tenga lugar el alumbramiento de la Cofradía llamada "de Santa Elena". Esta advocación hacía referencia a la emperatriz Elena, madre de Constantino, que mandó excavar en Jerusalén, en el lugar del Gólgota donde había sido crucificado Jesucristo, para encontrar la "Vera Cruz" o Verdadera Cruz, como así dice la leyenda que sucedió (véase el anterior artículo de esta sección: El Nazareno de Mancha Real). De ahí que, con populares denominaciones como "de las Cruces" o "de los Nazarenos", se les conociera también a estas cofradías instituidas para dar culto a Jesús con la cruz a cuestas.
La Cofradía linarense surgió en fecha indeterminada en la segunda mitad del siglo XVI, es decir, entre la fundación del convento franciscano en 1554 y 1601, año del que datan sus primeros estatutos, siendo obispo de Jaén Don Sancho Dávila y Toledo.
El siglo XVIII será de especial esplendor para la cofradía, convirtiéndose ya entonces en la más popular de Linares y llegándose incluso a realizar pujas entre los hermanos para sacar la imagen, como demuestra un documento de 1754.
En el año 1772 ingresa en la Cofradía el Ilustre Intendente Don Pablo Antonio José de Olavide, fundador de las Colonias de Sierra Morena, el cual propuso el nombramiento de Hermano Mayor Honorario al entonces príncipe Don Carlos de Borbón, futuro rey Carlos IV, quien en agradecimiento le concedió a la Cofradía el título de "Real".
Al año siguiente, en 1773, se reforman los estatutos, que de nuevo serán renovados en julio de 1909, fecha en la que la cofradía cambia su nombre por el "Cofradía de Nuestro Padre y Redentor Jesús Nazareno".

LA ANTIGUA IMAGEN DEL NAZARENO Y LOS ACONTECIMIENTOS QUE LLEVARON A SU DESAPACIÓN

La ola de anticlericalismo que inunda España en las fechas previas a la proclamación de la II República el 14 de Abril de 1931, afecta sin duda a las cofradías linarenses. Especial mención merecen los acontecimientos vividos el Viernes Santo, 3 de Abril de dicho año, en que la imagen del Nazareno es la única en salir en procesión gracias al celo del pueblo linarense, que exige al alcalde de la ciudad la celebración del acontecimiento, presidiendo él mismo el cortejo. Para más seguridad, un grupo de cuarenta o cincuenta personas de etnia gitana rodearon el trono del Nazareno en todo el recorrido, sustituyendo los cirios por garrotes. Curiosamente, la misma situación descrita vuelve a tener lugar en la Semana Santa de 1933, ya que en el año anterior, en 1932, no sale ninguna procesión a la calle. Tampoco en 1934 y siguientes, hasta llegar a la fatídica fecha de 1936 en que estalla la Guerra Civil.
La fotografía que ilustra la cabecera del artículo es bastante antigua, data del año 1890 y nos muestra la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno en su templo de San Francisco. Posiblemente no sea la original que tuviera en sus inicios la cofradía, pues esta talla tiene rasgos barrocos y por sus rasgos estilísticos se puede atribuir a algún escultor de la escuela granadina del XVII. De gran porte y mirada perdida hacia el suelo, la elegante talla viste una magnífica túnica de terciopelo morado bordada en oro, y se complementa con peluca de pelo natural y corona de espinas en plata trenzada. Fue destruida, al igual que la titular mariana de la cofradía, Nuestra Señora del Mayor Dolor, durante la Guerra Civil. La Iglesia de San Francisco, por encontrarse junto al edificio de Correos y Telégrafos, no fue incendiada, pero todos sus altares e imágenes son sacadas a la plaza y quemadas en una pira. Sólo quedó la cruz del Nazareno.
Tras la contienda, en 1940, la cofradía encarga una nueva talla de Jesús Nazareno al escultor cordobés Juan Martínez Cerrillo. Hubo dos corrientes en la sustitución de las obras perdidas. Por un lado estaban las cofradías que pidieron a los escultores la realización de tallas que se parecieran a las destruidas. Por otro lado, y quizás con el ánimo de olvidar el triste pasado inmediato, otras cofradías dieron carta blanca a los artistas, resultando imágenes que poco o nada tenían que ver con las de antaño. El nuevo Nazareno para Linares habría que incluirlo en las imágenes del primer grupo, realizando Cerrillo una obra muy cercana a la desaparecida en la guerra. Finalmente esta imagen sería donada a la Parroquia de la Inmaculada de la Estación Linares-Baeza, constituyéndose en torno a la misma una cofradía. El escultor cántabro Víctor de los Ríos sería el encargado de realizar una nueva talla del Nazareno para Linares en 1960.

Junta directiva de la Cofradía junto a la imagen del Nazareno.
Fotografía de finales del siglo XIX


NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO Y LINARES

El Nazareno y Linares suponen un complejo tándem de profundas raíces folclóricas, históricas y sociales. Es la devoción más arraigada en el pueblo, que lo venera con Fe inquebrantable desde hace casi cinco siglos, desde que los frailes franciscanos alentaran el fervor por Jesús con la Cruz a cuestas. Ya desde el siglo XVI se celebraba el llamado "Sermón de los Nazarenos", un simulacro relacionado con el episodio de la Sentencia a Cristo, que protagonizaban los propios frailes y algunos vecinos. Tras la representación, tenía lugar la procesión a la que acudían los hermanos con túnica, corona de espinas y cruz de madera al hombro. Desde tiempo inmemorial también se procedía a cunducir la imagen hasta el antiguo ejido de San Sebastián -zona en la que actualmente se levanta la iglesia de San Agustín-, donde por la mañana Jesús Nazareno bendecía con su brazo articulado y por tres veces campos y personas en un momento de íntimo recogimiento y respeto. Esta ceremonia continúa celebrándose en la actualidad, aunque el escenario se ha cambiado por la Glorieta de América, al final del Paseo de Linarejos.
En cualquier caso, antes y ahora, la multitud se agolpa ante Cristo Nazareno, Linares entero baja la cabeza, reza, llora, aclama a su imagen predilecta. Desde que aparece por la puerta de San Francisco entre las sombras de la madrugada hasta que regresa a su casa en el mediodía del Viernes Santo, una marea humana devota acompaña, cual Cirineo, al Señor de Linares.
Precisamente en los años de la II República que referíamos anteriormente, años de ausencia de las queridas imágenes de pasión por las calles linarenses, el diario "La Unión", en 1934, hacía una melancólica semblaza de la Semana Santa de la ciudad. De la Cofradía del Nazareno se podía leer: "Cuenta con mayor número de devotos que otras imágenes, prueba evidente de ello es que desde las cinco de la mañana hasta las doce dura el desfile por las calles. En la de Tetuán resulta imposible detenerse para presenciar el desfile sin disponerse a permancer apretujado por los millares de personas".

Nuestro Padre Jesús Nazareno impartiendo la bendición
en el Ejido de San Sebastián. Año 1890.
  
Bibliografía:

- Jiménez Delgado, Francisco. Del Jaén Perdido. Jaén, 2007.
- VVAA. La Semana Santa en el Recuerdo. Diario Jaén, Caja Sur.
- VVAA. Ser Cofrade I. Jaén, 2003.
- VVAA. Ser Cofrad II. Jaén, 2004.



    

En los fogones de Jaén. JUDÍAS PINTAS CON OREJA Y CHORIZOS.


Hoy un plato muy contundente, "judías pintas con oreja y chorizos", antes de que nos dejen estos fríos.





Fotos: Mª Cristina Gimeno Ramos.



Ingredientes:

- 300 grs. de judías pintas.
- Una oreja de cerdo.
- Dos chorizos que estén secos.
- Un tomate maduro.
- Un pimiento verde pequeño.
- Una cebolla pequeña.
- Un par de dientes de ajo.
- Una ñora o un trozo de pimiento rojo.
- Una zanahoria.
- Una patata grande.
- Cardillos.
- Una hoja de laurel.
- Unos granos de pimienta.
- Una cucharadita de pimentón dulce.
- Colorante alimenticio.
- Aceite de oliva virgen.
- Sal.

Modo de hacerlo:

Ponemos las judías con agua en la olla exprés, junto con la hoja de laurel y dejamos que hierva. Vamos espumando, es decir, quitamos la espuma que sueltan las judías al hervir.
Mientras, en una sartén, ponemos un poco de aceite, como dos o tres cucharadas, sin pasarse para que no quede el potaje grasoso. Freímos la oreja y los chorizos hechos trozos, y después vamos añadiendo la cebolla, los ajos, el pimiento verde y el rojo, todo ello picadito. Cuando la cebolla esté transparente, añadimos el tomate, previamente rallado, la zanahoria, la patata y los cardillos, troceados. Los cardillos los podéis comprar en conserva o bien congelados.
Por último le echamos unos granos de pimienta negra y la cucharadita de pimentón. Damos unas cuantas vueltas, procurando que el pimentón no se queme.
Añadimos este refrito a la olla donde tenemos las judías cociendo. Salamos y tapamos la olla y dejamos cocer durante quince o veinte minutos. Aunque eso depende de la calidad de las judías.


Buen provecho

   

 


El Cristo del Corpus de JAÉN


CRISTO DEL CORPUS

(foto: archivo propio)


Tipología: Grupo escultórico en altorrelieve (salvo la figura de Cristo, en bulto redondo), perteneciente a un retablo desaparecido.

Autor: Jerónimo Quijano?

Fecha: 1520-1525

Localización: Iglesia de Santa María Magdalena, Jaén.

Material: madera policromada

Medidas: 225 x 300 x 28 cm.


Este grupo escultórico es lo único que queda de un retablo encargado por la ya extinta cofradía del Corpus Christi (de ahí su nombre), radicada en la Iglesia de Santa María Magdalena de la capital jiennense en el siglo XVI. El material empleado por el escultor fue la madera de nogal, policromada y estofada, dorada en algunas zonas al agua y en otras al aceite, y con aplicación de elementos de plata y brocados en las vestiduras.
En la escena, que en otro tiempo estuvo enmarcada por un paisaje en bajorrelieve realizado en yeso policromado que mostraba la ciudad de Jerusalén, hoy desaparecido, se representa a Jesús muerto en la Cruz, única figura del grupo escultórico en bulto redondo. Supone el eje de simetría perfecto entre los dos abigarrados grupos de figuras -éstas en altorrelieve- que, más abajo y a cada lado de la cruz, se disponen de forma muy equilibrada, a pesar de haber siete imágenes en el lado izquierdo frente a sólo cino en el derecho.

Cristo del Corpus. Catálogo Monumental de España. Enrique Romero de Torres. 1913. 
La fotografía, ligeramente cortada en sus lados izquierdo y superior, nos muestra el bajorrelieve de fondo con las murallas de Jerusalén, hoy desaparecido.

En el lado izquierdo, la protagonista es la Virgen María, que se desmaya en su dolor siendo sostenida por el discípulo amado, San Juan, y por María Cleofás -madre de Santiago "el menor", Simón y Judas Tadeo, apóstoles de Jesús- que, según los Evangelios, era pariente de la Virgen. María Salomé, madre de Santiago "el Mayor" y Juan, asiste desconsolada a este drama. Detrás, a la izquierda, Nicodemo y José de Arimatea parecen mantener una conversación, mientras otra mujer -ésta sin identificar- mira hacia el crucificado con gesto dramático. En el grupo de personajes de la derecha, destaca María Magdalena, arrodillada al pie de la Cruz, la cual abraza, mirando hacia arriba a Jesús. Dos sayones judíos y dos soldados romanos -el de la derecha, que porta una lanza o pica, posiblemente identificado con Longinos- completan la escena. Dicha identificación responde a las facciones mucho más dulces, juveniles, amables en definitiva, de este soldado frente a la patente fealdad de los sayones judíos y el carácter anónimo del otro soldado romano, cuyo rostro queda parcialmente tapado. Unos rasgos, por tanto, de belleza idealizada, que el autor concede al soldado arrepentido y converso de las Escrituras.

Detalle de la Virgen María (centro), San Juan (izquierda) y las Santas Mujeres (derecha)
(foto: archivo propio)

La imponente figura de Cristo, ya muerto en la Cruz, es fruto de un magnífico estudio anatómico. Presenta las manos semicerradas, con los dedos flexionados, y un artístico paño de pureza. No tiene corona de espinas, ni potencias, y la cruz a la que se haya sujeto mediante tres clavos, posee una curiosa forma de "tau", tras haber perdido la parte superior, y está decorada en ambos travesaños con una greca dorada.

Detalle del rostro de Cristo
(foto: archivo propio)

Como se dijo al principio, este grupo escultórico formaba parte de un retablo encargado por la cofradía del Corpus Christi para la Iglesia de Santa María Magdalena. Está fechado a principios de los años veinte del siglo XVI (1520-1525), perteneciente, por tanto, al estilo renacentista. 
De autor anónimo hasta la fecha, dos son los artistas de cuya gubia pudo haber salido este conjunto. Tradicionalmente se ha atribuido a JACOPO TORNI, también llamado "EL FLORENTINO" o "el Indaco" (Florencia, 1476 - Villena, Alicante, 1526). Concretamente se trata de una atribución del prestigioso arqueólogo e historiador granadino Manuel Gómez-Moreno Martínez. El problema reside en que Florentino no posee ninguna obra reconocida en Jaén. Viene a España procedente de Italia en el año 1520, dato que conocemos por testimonio de su hijo, y en ese mismo año, en el mes de octubre, ya se encuentra trabajando en la Capilla Real de Granada, ciudad en la que realizará una amplia labor como artista entre 1520 y 1525, meses antes de su repentina muerte. Encargos puntuales (documentados) le llevan en esos años a Murcia y, de ser cierta la autoría del retablo de la Magdalena, quizás también a Jaén. Aunque la toma de contacto con esta ciudad pudo haberse producido en el mismo año de su llegada a España, en 1520, cuando antes de recalar en Granada, pasa por Jaén. Posiblemente en este año y en esta ciudad conocería a su futuro suegro, el entallador Juan López de Velasco, que se encontraba trabajando en la sillería del coro de la Catedral. La estrecha relación de Velasco con Jaén, pues realizó otros encargos para el cabildo catedralicio, puede explicar la presencia puntual de Florentino en la ciudad para ejecutar, por ejemplo, el retablo del Corpus de la Magdalena. Esto no deja de ser una hipótesis, pues, como se ha dicho, no existe rastro documental de la presencia de Florentino en Jaén. La atribución de Gómez-Moreno de este Cristo a Florentino radica también en parecidos razonables de esta talla con otros crucificados de la época que dejara el escultor en Granada, especialmente el llamado Cristo de San Agustín, de la cofradía homónima, y que actualmente aún procesiona en la Semana Santa de la ciudad de la Alhambra. También ciertas imágenes guardan similitudes con las del Santo Entierro, atribuido a Florentino, del Museo de Bellas Artes de Granada.
El otro artista a quien se atribuye el retablo que nos ocupa es JERÓNIMO QUIJANO (ca. 1495 - Murcia, 1563). El origen de Quijano hay que situarlo en el norte de España. Se formó, al parecer, con Felipe Bigarny en Burgos, durante la segunda década del siglo, y con éste llegó a Granada en 1521. Aquí conoció a Jacobo Florentino y a su suegro, López de Velasco (ya en Granada y trabajando con su yerno en el retablo de la Santa Cruz de la Capilla Real), posiblemente la persona que le abriría las puertas del encargo que recibió para la continuación de la obra escultórica de la sillería del coro de la Catedral de Jaén a partir de 1524. De ser de Quijano, y no de Florentino, correspondería a estos años (1524-26) el Cristo del Corpus de Jaén. 
La relación entre Quijano y Florentino se mantuvo, pues Quijano sucedió a Jacobo en la maestría de la Catedral murciana a la muerte de éste, en 1526, continuando las obras de la torre y la ornamentación de la sacristía. La huella artística de Florentino en Quijano es más que evidente, lo que ha generado ciertos problemas a la hora de adjudicar algunas obras. La influencia italianizante de Florentino confluye en Quijano con la flamenca de Bigarny, rasgos ambos que se pueden rastrear en este grupo escultórico. Las novedades manieristas son introducidas en España por estos artistas extranjeros, las cuales combinadas con las tradiciones locales (el uso de la madera policromada y sobredorada con pan de oro, la religiosidad exaltada hispana…) están en el origen de la corriente emocional de la imaginería religiosa española iniciada por Berruguete, Juni, o nuestros Florentino y Quijano. El Cristo del Corpus de Jaén es un buen ejemplo en donde se funde casi de manera natural el gótico y el manierismo que distorsionan las figuras y exacerban los gestos buscando una imagen piadosa que conmueva.
El retablo ha sufrido cambios de ubicación que han tenido como consecuencia diversas mutilaciones y modificaciones en su aspecto. Inicialmente se ubicaba en el muro lateral izquierdo de la iglesia de la Magdalena, al otro lado del cual se encuentra el patio de abluciones de la primitiva mezquita. En el año 1929, con motivo de la Exposición Iberoamericana, el retablo fue trasladado a Sevilla para formar parte del Pabellón de Jaén. Volvió a su ubicación original, pero para entonces ya había perdido el fondo en bajorrelieve mencionado anteriormente, que fue sustituido por unos paneles de madera. Posteriormente el retablo fue trasladado al lateral izquierdo del altar mayor y el fondo de madera fue sustituido por otro de papel con una decoración adamascada. En 1966, tras formar parte de la exposición denominada "Recursos turísticos de la provincia de Jaén" y debido a que comenzaban obras de restauracion en la iglesia, pasó, en calidad de depósito, al Museo Diocesano de la Catedral, permaneciendo allí hasta 1988, en que de nuevo es trasladado a la iglesia de la Magdalena y ubicado de nuevo en el lateral izquierdo del altar mayor.
En 1996 se procede a su restauración por parte de Doña Mª Paz Barbero con financiación de la Dirección General de Bienes Culturales de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Tras dicha restauración, el calvario pasa a una nueva localización en los pies del templo parroquial, sobre el muro de piedra y junto a la puerta de entrada. Finalmente, y desde hace poco tiempo, ocupa el testero frontal de la nave del lado del Evangelio (izquierda).



BIBLIOGRAFÍA:

- Abades, Jesús. El retablo del Corpus Christi en Jaén. En www.lahornacina.com

- López-Guadalupe, Juan Jesús. Un crucificado italiano en España: el Cristo de San Agustín de Granada. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid, 1997. 

- VVAA. Guía artística de Jaén y su Provincia. Sevilla, 2005.

- VVAA. La Catedral de Jaén. Enciclopedia visual. Jaén, 2006.

 

ENLACES:

Bienes Culturales. Junta de Andalucía




ANTONIO MACHADO y BAEZA. La estancia del poeta en la Provincia de Jaén


Antonio Machado

Hoy, día 22 de Febrero, se cumplen exactamente 75 años de la muerte de Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 26 de Julio de 1875 - Colliure, Francia, 22 de Febrero de 1939). Machado ha pasado a la Historia de la Literatura como uno de los poetas más universales que ha dado España, siendo el mejor representante, aunque algo ya tardío, de la llamada Generación del 98. Aprovechando la efeméride, realizaremos un recorrido por la huella que Antonio Machado dejó en la Provincia de Jaén, especialmente en la ciudad de Baeza donde residió desde Octubre de 1912 hasta Noviembre de 1919.

SU BIOGRAFÍA ANTES DE LLEGAR A BAEZA

Antonio Machado nació en 1875 en el sevillano palacio de Dueñas, alquilado a algunas familias modestas. A los ocho años se traslada con sus padres a Madrid, en donde residirá hasta 1906. En su etapa madrileña comienza sus estudios en la Institución Libre de Enseñanza, destacando entre sus profesores Giner de los Ríos. Posteriormente cursa sus estudios de bachillerato, de forma intermintente por los problemas económicos de la familia a raiz de la muerte de su padre. Es en esta época cuando se aficiona al teatro junto a su hermano Manuel, también poeta. Durante este periodo viaja a París en dos ocasiones, en 1899 y en 1902, precisamente para visitar a su hermano, pasando en ambos casos largas temporadas en la capital francesa. En esta etapa de su vida, además de iniciarse como literato, toma contacto con grandes personalidades de este mundo como Pío Baroja, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez e incluso Oscar Wilde en París. Colabora en infinidad de publicaciones y en 1903 sale a la luz su primera obra, "Soledades".
En 1906 consigue las oposiciones al puesto de catedrático de francés y elige como destino el instituto de Soria. En esta ciudad castellana conocerá a Leonor Izquierdo, con la que se casará en 1909, cuando ella contaba 15 años y él 34.



Antonio Machado y Leonor Izquierdo el día de su boda

En Julio de 1912 se publica "Campos de Castilla", obra en la que el autor se separa de los rasgos modernistas que presentaba su obra "Soledades" y del intimismo hacia el que había evolucionado en "Soledades, galerías y otros poemas", acercándose a las inquietudes patrióticas de los autores de la Generación del 98. En efecto, ha mantenido una amplia correspondencia epistolar con Miguel de Unamuno y algunas de sus ideas se reflejan en este libro.
El 1 de Agosto de este mismo año, su joven esposa Leonor muere de tuberculosis, enfermedad que había contraído hacía más de un año, lo que sume a Machado en una profunda depresión. Es entonces cuando solicita su traslado a Baeza.


SU ETAPA EN BAEZA

Paseo de Alfonso XII. Baeza
Portfolio Fotográfico de España. Provincia de Jaén. Casa Editorial Alberto Martín. 1911

Otro Viaje

Ya en los campos de Jaén,
amanece. Corre el tren
por sus brillantes rieles,
devorando matorrales,
alcaceles,
terraplenes, pedregales,
olivares, caseríos,
praderas y cardizales,
montes y valles sombríos.
Tras la turbia ventanilla,
pasa la devanadera
del campo de primavera.
La luz en el techo brilla
de mi vagón de tercera.
Entre nubarrones blancos,
oro y grana;
la niebla de la mañana
huyendo por los barrancos.
¡Este insomne sueño mío!
¡Este frío
de un amanecer en vela!…
Resonante,
jadeante,
marcha el tren. El campo vuela.
Enfrente de mí, un señor
sobre su manta dormido;
un fraile y un cazador
—el perro a sus pies tendido—.
Yo contemplo mi equipaje,
mi viejo saco de cuero;
y recuerdo otro viaje
hacia las tierras del Duero.
Otro viaje de ayer
por la tierra castellana
—¡pinos del amanecer
entre Almazán y Quintana!—
¡Y alegría
de un viajar en compañía!
¡Y la unión
que ha roto la muerte un día!
¡Mano fría
que aprietas mi corazón!
Tren, camina, silba, humea,
acarrea
tu ejército de vagones,
ajetrea
maletas y corazones.
Soledad,
sequedad.
Tan pobre me estoy quedando
que ya ni siquiera estoy
conmigo, ni sé si voy
conmigo a solas viajando.

Campos de Castilla (versión de 1917).

Este poema vendría a ser el punto de inflexión entre dos épocas en la vida de Antonio Machado: Soria y Baeza. A esta última llegó el poeta como profesor de francés para dar clase en el Instituto de Bachillerato de la ciudad en Octubre de 1912, tras concederle el traslado desde el instituto de Soria. En la pequeña ciudad castellana, el recuerdo de Leonor se había hecho excesivamente insoportable y Machado tiene que marcharse.
Durante siete años, hasta 1919, el poeta enseña gramática francesa en el Instituto de Bachillerato instalado en la antigua universidad baezana, donde toma posesión el día 1 de Noviembre, siendo director del centro Don Leopoldo de Urquía.

Claustro de profesores del Instituto de Baeza
Antonio Machado aparece sentado el tercero por la derecha

¿Y por qué Baeza? En principio, por lo mismo que fue a Soria: porque no le quedaba más remedio. Él a donde siempre quiso ir era a Madrid. De hecho, a la muerte de Leonor, inició algunas gestiones para encontrar un empleo en Madrid, pero Don Francisco Giner, su antiguo maestro, no pudo satisfacerle en este favor, y Machado decidió entonces ocupar una vacante en el instituto de Baeza.
Baeza supone el reencuentro con su tierra andaluza natal, aunque la situación anímica tras la muerte de su esposa es de completo abatimiento. La ciudad andaluza no le gustará nada al principio. Tampoco empezó con buen pie. En primer lugar está lo de la estación de ferrocarril. El hecho de que ésta (Linares-Baeza empalme) estuviera nada menos que a 17 km. del casco urbano -cuando Machado creía que estaba en el propio núcleo-, no sentó nada bien a nuestro poeta. En segundo lugar está la anécdota a su llegada al instituto y preguntar por el director, Don Leopoldo de Urquía -por cierto amigo de Machado por vínculos familiares de su Sevilla natal-. El conserje del centro le contestó a Don Antonio que sentía que Don Leopoldo no pudiera haber ido a esperarlo a la estación y que estaba en la agonía. Machado se puso pálido y el conserje lo tranquilizó diciéndole que "La Agonía" era una tasca donde los profesores se reunían para "tratar" de asuntos concernientes al instituto.
En fin, dejando a un lado estos chascarrillos, en Baeza se encontrará con una Andalucía provinciana, aburrida, que el poeta verá con ojos muy críticos, "...un pueblo húmedo y frío, / destartalado y sombrío, / entre andaluz y manchego" (Poema de un día. Meditaciones rurales. 1914).  
En una carta escrita a Miguel de Unamuno en 1913 expone sus impresiones sobre Baeza: "Tengo motivos que usted conoce para un gran amor a la tierra de Soria; pero tampoco me faltan para amar a esta Andalucía donde he nacido. Sin embargo reconozco la superioridad espiritual de las tierras pobres del alto Duero. En lo bueno y en lo malo supera aquella gente. Esta Baeza, que llaman Salamanca andaluza, tiene un Instituto, un Seminario, una Escuela de Artes, varios colegios de segunda enseñanza, y apenas sabe leer un treinta por ciento de la población. No hay más que una librería donde se venden tarjetas postales, devocionarios y periódicos clericales y pornográficos. Es la comarca más rica de Jaén y la ciudad está poblada de mendigos y de señoritos arruinados en la ruleta. La profesión de jugador de monte se considera muy honrosa. Es infinítamente más levítica y no hay un átomo de religiosidad. Hasta los mendigos son hermanos de alguna cofradía. Se habla de política -todo el mundo es conservador- y se discute con pasión cuando la Audiencia de Jaén viene a celebrar algún juicio por jurados. Una población rural, encanallada por la Iglesia y completamente huera. Por lo demás, el hombre del campo trabaja y sufre resignado o emigra en condiciones tan lamentables que equivale al suicidio. A primera vista parece esta ciudad mucho más culta que Soria, porque la gente acomodada es infinitamente discreta, amante del orden, de la moralidad administrativa y no faltan gentes leídas y coleccionistas de monedas antiguas. En el fondo no hay nada. Cuando se vive en estos páramos intelectuales, no se puede escribir nada suave, porque necesita uno de la indignación para no helarse también. Además, esto es España más que el Ateneo de Madrid".
No hay que buscar una descripción objetiva de la ciudad en estas líneas, más bien una impresión subjetiva e incluso pasajera, fruto de la desolación por sus circunstancias personales. Pero también en Baeza encontrará amigos, contertulios, y retoma una rutina similar a la de sus días en Soria.
Vive con su madre durante el primer año y, además de la enseñanza, las ocupaciones del poeta serán componer, escribir, estudiar, pasear, recordar... Son años melancólicos. Asiste por las tardes a las tertulias que tenían lugar en la rebotica del farmacéutico Adolfo Almazán, también profesor de gimnasia en el instituto. Las más de las veces prefería su soledad, y se le podía ver, abstraído, sentado en el café de "La Perla" o dando largos paseos por la muralla o la carretera de Úbeda. Así lo recuerda Rafael Laínez Alcalá, alumno aventajado de Machado en el instituto de Baeza, oriundo de Peal de Becerro, y que más tarde cultivaría también la poesía y la docencia como su profesor: "Solíamos encontrar a Don Antonio solo, sentado bajo el olmo de la Puerta del Conde o en alguno de los bancos que, más lejos, se apoyan en la espalda de la plaza de toros, allí por el Egido (...) todavía lo recuerdo, apoyado con sus dos manos en su cayado, como tantas veces, llenos los ojos de lejanía, inmóvil...". 
En 1915 comienza los estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid como alumno libre, estudios que finalizará en 1918. Durante su etapa de Baeza verán la luz algunas de sus obras: "Páginas Escogidas" (1917), "Poesías Completas" (1917) y la segunda edición de "Soledades, Galerías y otros poemas" (1919). Por otra parte, no cesó en sus colaboraciones con revistas y publicaciones de Soria, Madrid e incluso de Baeza, en el semanario reformista Idea Nueva, que comienza su andadura en febrero de 1914, teniendo no obstante una vida efímera (dos años y medio). Además, la etapa de Baeza será la más prolífica desde el punto de vista epistolario, teniendo correspondencia con lo más granado de la intelectualidad de este tiempo, también con su madre y sus hermanos (30 cartas se conservan de este periodo).
La rutina de Antonio Machado se rompe un día de 1916 con la llegada de un grupo de estudiantes granadinos que, acompañados por su profesor de arte, Don Martín Domínguez Berrueta, visitan Baeza. Entre esos estudiantes iba un joven Federico García Lorca. Visitaron el Instituto, y Berrueta, amigo de Machado, presentó a éste a sus alumnos de la Facultad de Letras. Al atardecer se organizó una reunión en el casino para que Machado leyera poemas y Federico tocara el piano, pues la primera vocación de Lorca fue la de músico y no la de poeta (para más información acerca de la visita de García Lorca a Baeza, véase el artículo Federico García Lorca y Jaén en este mismo blog).
Como se ha apuntado anteriormente, Machado obtuvo la licenciatura en Filosofía y Letras en 1918. Sabía que la única forma de salir de Baeza era tener títulos. No puede más, está cansado de sus continuos viajes a Madrid. El 7 de septiembre de 1919 solicita el Instituto de Segovia, el cual le es concedido el 30 de octubre. En noviembre abandona Baeza y, tras pasar unos días en Madrid, el 26 de este mismo mes viaja a Segovia, donde comienza a ejercer como catedrático el 1 de diciembre, empezando, así, una nueva etapa en su vida. Segovia queda más cerca de Madrid, y puede vivir una vida intelectual más plena. Él mismo confiesa en una carta dirigida a Juan Ramón Jiménez: Llevo ocho años de destierro y ya me pesa esta vida provinciana en que acaba uno por devorarse a sí mismo.... Pero, en cualquier forma, Machado se huebiese sentido incómodo, extraño y descontento en cualquier otro lugar del mundo que, como Baeza, hubiese sido elegido como residencia ante el imperioso deseo de abandonar Soria. Su etapa en Baeza fue triste, sí, pero en su soledad pudo desarrollar gran parte de su producción poética cumbre. Por otra parte, se convirtió en una influencia decisiva para Lorca en los diversos contactos que tuvieron en Baeza.


MACHADO Y SU RELACIÓN CON JAÉN

Durante los años en que vivió en Baeza, Antonio Machado se interesó por visitar algunos lugares de la Provincia de Jaén. No obstante, tenemos evidencias de escasas excursiones, habida cuenta del largo periodo de estancia aquí.
Iba Don Antonio con frecuencia a Úbeda, a veces incluso caminando, por la cercanía. Esta ciudad aparece en sus versos repetidamente. Hubo un paraje natural de encinas situado a mitad de camino de Baeza a Úbeda donde descansaba el poeta en sus paseos a esa ciudad. Cualquiera de ellas pudo ser la "encina negra" de sus poemas. A finales de los años ochenta, muchas de aquellas encinas próximas a la carretera fueron taladas por razones urbanísticas y de comunicación.
En 1913 hizo una excursión a Sierra Mágina acompañado por Juan Camps, Adolfo Almazán y el pintor Florentino Soria, amigos suyos de Baeza. Hicieron una visita concretamente a Jimena, el paraje de Cánava y alcanzaron la cumbre del Aznaitín, montaña muy presente en sus poemas. Fueron guiados por el entonces alcalde de Jimena, Don Miguel Salcedo. El paisaje de Sierra Mágina se hace tremendamente familiar a la retina de Machado, precisamente por ser estas montañas el horizonte de Baeza hacia el Sur, al otro lado del valle del Guadalquivir.


Plaza y torre del homenaje del castillo de Jimena
Portfolio Fotográfico de España. Provincia de Jaén. Casa Editorial Alberto Martín. 1911

En otra excursión, esta vez a la Sierra de Cazorla en 1915, Machado estuvo acompañado por su hermano Manuel, algunos amigos de Baeza y su alumno de Peal de Becerro, el mencionado Rafael Laínez. Su objetivo era visitar el nacimiento del río Gudalquivir.
Esta "escapada" dejó una huella más profunda desde el punto de vista poético que las demás. De los lugares por los que pasa, Torreperogil, Peal de Becerro, deja constancia en la segunda parte de su poema "Los Olivos". Especialmente duro resulta al hablar del primer pueblo, Torreperogil, dando una visión sórdida, tremendista, negra..., que seguramente no lo fuera tanto. Anticlerical y crítico, excepcionalmente naturalista, aquí de nuevo se constatan impresiones influenciadas por su estado anímico. Pasado el tiempo, volvería Machado a acordarse de Torreperogil y, quizás para compensar la dureza empleada en "Los Olivos", esta otra composición, tan sólo de tres versos, presenta otro estilo, aunque un tanto declamatorio: "¡Torreperogil! / ¡Quién fuera una torre, torre del campo / del Guadalquivir!".

Los Olivos

II


A dos leguas de Úbeda, la Torre
de Pero Gil, bajo este sol de fuego,
triste burgo de España. El coche rueda
entre grises olivos polvorientos.
Allá, el castillo heroico.
En la plaza, mendigos y chicuelos:
una orgía de harapos…
Pasamos frente al atrio del convento
de la Misericordia.
¡Los blancos muros, los cipreses negros!
¡Agria melancolía
como asperón de hierro
que raspa el corazón! ¡Amurallada
piedad, erguida en este basurero!…
Esta casa de Dios, decid hermanos,
esta casa de Dios, ¿qué guarda dentro?
Y ese pálido joven,
asombrado y atento,
que parece mirarnos con la boca,
será el loco del pueblo,
de quien se dice: es Lucas,
Blas o Ginés, el tonto que tenemos.
Seguimos. Olivares. Los olivos
están en flor. El carricoche lento,
al paso de dos pencos matalones,
camina hacia Peal. Campos ubérrimos.
La tierra da lo suyo; el sol trabaja;
el hombre es para el suelo:
genera, siembra y labra
y su fatiga unce la tierra al cielo.
Nosotros enturbiamos
la fuente de la vida, el sol primero,
con nuestros ojos tristes,
con nuestro amargo rezo,
con nuestra mano ociosa,
con nuestro pensamiento
—se engendra en el pecado,
se vive en el dolor. ¡Dios está lejos!—.
Esta piedad erguida
sobre este burgo sórdido, sobre este basurero,
esta casa de Dios, decid, oh santos
cañones de von Kluck, ¿qué guarda dentro?



Campos de Castilla (versión de 1917).

Ermita de la Virgen de la Misericordia y cipreses. Torreperogil, 1929.
(foto: Torreperogil Postales, página de Facebook)

Más amable resulta en esta otra composición, escrita en este mismo viaje ya en plena serranía, donde más calmado y espiritualmente más libre, escribe:

Mariposa de la Sierra

A Juan Ramón Jiménez,
por su libro Platero y yo.

¿No eres tú, mariposa,
el alma de estas sierras solitarias,
de sus barrancos hondos,
y de sus cumbres agrias?
Para que tú nacieras,
con su varita mágica
a las tormentas de la piedra, un día,
mandó callar un hada,
y encadenó los montes
para que tú volaras.
Anaranjada y negra,
morenita y dorada,
mariposa montés, sobre el romero
plegadas las alillas o, voltarias,
jugando con el sol, o sobre un rayo
de sol crucificadas.
¡Mariposa montés y campesina,
mariposa serrana,
nadie ha pintado tu color; tú vives
tu color y tus alas
en el aire, en el sol, sobre el romero,
tan libre, tan salada!…
Que Juan Ramón Jiménez
pulse por ti su lira franciscana.


Sierra de Cazorla, 28 de mayo de 1915.


Las Fuentes del Guadalquivir
Portfolio Fotográfico de España. Provincia de Jaén. Casa Editorial Alberto Martín. 1911


En 1917, posiblemente a finales del verano, Antonio Machado realizó una excursión al Santuario de la Virgen de Tíscar, en Quesada, cuando regresó a Baeza al término de sus vacaciones familiares en Madrid para reanudar sus tareas académicas. Aunque se desconocen los nombres de los amigos que lo acompañaron en aquel viaje, la impresión que causaron en su alma aquellos agrestes parajes está sobradamente comprobada por el famosísimo poema que dedicó a la Virgen de la Sierra, a la Señora de Tíscar, que reproducimos más adelante.

Santuario de Nuestra Señora de Tíscar, en Quesada
Portfolio Fotográfico de España. Provincia de Jaén. Casa Editorial Alberto Martín. 1911


  
No se tiene constancia de que Machado visitara la capital, Jaén. El propio poeta en “Vida”, un texto que acompañaba a su “Poética” incluida en la famosa antología de Gerardo Diego "Poesía Española. Antología 1915-1931", donde en realidad traza un perfil viajero de su vida hasta ese momento, dice haber viajado desde su baezano lugar de residencia "a casi todas las ciudades de Andalucía". A ciencia cierta estuvo en Córdoba, Granada y Sevilla. Pero no sabemos nada sobre Jaén.
 

LUGARES MACHADIANOS EN BAEZA:

1. Casa en Calle Gaspar Becerra

Casa donde vivió Antonio Machado en Baeza
(foto: archivo propio)

En esta casa residió el poeta durante los años en que vivió en Baeza. Se trata de una casa sencilla, de bajo, dos plantas principales y cámara. El inmueble hace esquina entre las calles Gaspar Becerra, donde tiene la puerta de entrada, y el pasaje Cardenal Benavides, y queda por este lado justo enfrente de la fachada del monumental ayuntamiento de la ciudad. También en esta fachada se colocó, en 1975 y por parte del Centro de Iniciativas y Turismo de Baeza, una placa de azulejos en recuerdo del centenario del nacimiento de Antonio Machado.
No obstante, el poeta se alojó durante los primeros meses en la habitación número 15 del hotel Comercio, hoy desaparecido, y que se situaba en la Calle San Pablo.

2. Instituto Santísima Trinidad

Fachada de la antigua Universidad de Baeza, más tarde Instituto Santísima Trinidad,
donde impartió clase Antonio Machado
(foto: archivo propio)

Su lugar de trabajo se encuentra en pleno centro histórico de la ciudad. Este instituto, ubicado en el edificio renacentista que fuera sede de la antigua Universidad de Baeza, ha conservado la documentación administrativa relacionada con el periodo de docencia de Antonio Machado en este centro y ha recuperado, asímismo, el aula, convertida en museo en 1980, donde impartía clase de francés el entrañable Don Antonio.

Aula-museo de Antonio Machado en la antigua Universidad
(foto: archivo propio)

3. Plaza de Santa María y Catedral

Antonio Machado nos dejó en su poema “Apuntes”, reproducido más adelante, algunas estrofas dedicadas al edificio más emblemático de Baeza, la Catedral, situada muy cerca del instituto donde daba clases. En la Catedral se encuentra el cuadro de San Cristóbal, el conocido “San Cristobalón” del poema citado, pintado por Pedro Gallo en 1736.

4. Paseo de las Murallas

Se encuentra al Sur de la ciudad, y era uno de los lugares preferidos por Antonio Machado para pasear, uno de sus entretenimientos casi de diario. Desde aquí se contemplan unas maravillosas vistas del valle del Guadalquivir y de las montañas de Sierra Mágina y Sierra de Cazorla, un paisaje, en definitiva, muy presente en su obra.

Vista del paseo de las Murallas desde la torre de la Catedral de Baeza.
Al fondo, el valle del Guadalquivir y las montañas de Sierra Mágina
(foto: archivo propio)


EN RECUERDO DEL POETA... MONUMENTOS Y PLACAS CONMEMORATIVAS

1. Placa en la casa donde vivió Antonio Machado

(foto: archivo propio)

En la casa donde transcurrió la estancia de Antonio Machado en Baeza se colocó (facqhada que da a la calle Cardenal Benavides), en 1975 y por parte del Centro de Iniciativas y Turismo de Baeza, una placa de azulejos para conmemorar el centenario del nacimiento del poeta.

2. Escultura de Antonio Machado en calle San Pablo

(foto: archivo propio)

La escultura, de cuerpo entero representa a Don Antonio sentado en un banco con las piernas cruzadas y leyendo un libro. Está hecha en bronce por el artista Antonio Pérez Almahano en el año 2009. Se sitúa en la calle San Pablo, junto al Casino Nuevo.

3. Placa en la fachada del Instituto Santísima Trinidad

 (foto: archivo propio)

Pequeña placa conmemorativa del paso de Antonio Machado como profesor por este centro educativo. Se inauguró en 2012, cuando se cumplieron cien años de la llegada de Machado a Baeza. Contiene su rostro de perfil, en bajorrelieve y en material de bronce, y uno de sus más famosos versos escrito en tres idiomas (castellano, inglés y francés): "Caminante no hay camino, se hace camino al andar".

4. Busto en el patio de la sede de la UNIA

Se trata de un busto, realizado en bronce, del autor Melchor Zapata, realizado en 1999. Se sitúa en el patio de la sede "Antonio Machado" de Baeza de la Universidad Internacional de Andalucía.

5. Monumento a Antonio Machado en el Paseo de las Murallas

(foto: archivo propio)

Se trata de un monolito cúbico realizado en piedra abierto en sus cuatro lados para mostrar una cabeza en bronce del poeta, del autor Pablo Serrano, del año 1966. Está orientada al sur, por lo que la mirada de Machado se pierde en el inmenso valle del Guadalquivir que se extiende más abajo y en las sierras circundantes...


JAÉN EN LA POESÍA DE ANTONIO MACHADO 


Noviembre 1913

Un año más. El sembrador va echando
la semilla en los surcos de la tierra.
Dos lentas yuntas aran,
mientras pasan la nubes cenicientas
ensombreciendo el campo,
las pardas sementeras,
los grises olivares. Por el fondo
del valle del río el agua turbia lleva.
Tiene Cazorla nieve,
y Mágina, tormenta,
su montera, Aznaitín. Hacia Granada,
montes con sol, montes de sol y piedra.

(Campos de Castilla, versión de 1917).


CAMINOS

De la ciudad moruna
tras las murallas viejas,
yo contemplo la tarde silenciosa,
a solas con mi sombra y con mi pena.
El río va corriendo,
entre sombrías huertas
y grises olivares,
por los alegres campos de Baeza.
Tienen las vides pámpanos dorados
sobre las rojas cepas.
Guadalquivir, como un alfanje roto
y disperso, reluce y espejea.
Lejos, los montes duermen
envueltos en la niebla,
niebla de otoño, maternal; descansan
las rudas moles de su ser de piedra
en esta tibia tarde de noviembre,
tarde piadosa, cárdena y violeta.
El viento ha sacudido
los mustios olmos de la carretera,
levantando en rosados torbellinos
el polvo de la tierra.
La luna está subiendo
amoratada, jadeante y llena.
Los caminitos blancos
se cruzan y se alejan,
buscando los dispersos caseríos
del valle y de la sierra.
Caminos de los campos...
¡Ay, ya no puedo caminar con ella!

(Campos de Castilla, ed. 1917)
 

APUNTES

I
Desde mi ventana
¡campo de Baeza,
a la luna clara!
¡Montes de Cazorla,
Aznaitín y Mágina!
¡De luna y de piedra
también los cachorros
de Sierra Morena!

II
Sobre el olivar
se vio a la lechuza
volar y volar.
Campo, campo, campo.
Entre los olivos,
los cortijos blancos.
Y la encina negra,
a medio camino
de Úbeda a Baeza.

III
Por un ventanal
entró la lechuza
en la catedral.
San Cristobalón
la quiso espantar,
al ver que bebía
del velón de aceite
de  Santa María.
La Virgen habló:
Déjala que beba,
San Cristobalón.

IV
Sobre  el olivar,
se vio a la lechuza
volar y volar.
A Santa María
un ramito verde
volando traía.
¡Campo de Baeza
soñaré contigo
cuando no te vea!
 
(Nuevas canciones, 1924)


VIEJAS CANCIONES

I
A la hora del rocío,
de la niebla salen
sierra blanca y prado verde.
¡El sol en los encinares!
Hasta borrarse en el cielo,
suben las alondras.
¿Quién puso plumas al campo?
¿Quién hizo alas de tierra loca?
Al viento sobre la sierra,
tiene el águila dorada
las anchas alas abiertas.
Sobre la picota
donde nace el río,
sobre el lago de turquesa
y los barrancos de verdes pinos;
sobre veinte aldeas,
sobre cien caminos...
Por los senderos del aire,
señora águila,
¿dónde vais a todo vuelo tan de mañana?


II
Ya había un albor de luna
en el cielo azul.

¡La luna en los espartales,
cerca de Alicún!
Redonda sobre el alcor,
y rota en las turbias aguas
del Guadiana Menor.
Entre Úbeda y Baeza
—loma de las dos hermanas:
Baeza, pobre y señora;
Úbeda, reina y gitana—.
Y en el encinar,
¡luna redonda y beata,
siempre conmigo a la par!


 III
Cerca de Úbeda la grande,
cuyos cerros nadie verá,
me iba siguiendo la luna
sobre el olivar.
Una luna jadeante,
siempre conmigo a la par.
Yo pensaba: ¡bandoleros
de mi tierra!, al caminar
en mi caballo ligero.
¡Alguno conmigo irá!
Que esta luna me conoce
y, con el miedo, me da
el orgullo de haber sido
alguna vez capitán.


IV
En la sierra de Quesada
hay un águila gigante,
verdosa, negra y dorada,
siempre las alas abiertas.
Es de piedra y no se cansa.
Pasado Puerto Lorente,
entre las nubes galopa
el caballo de los montes.
Nunca se cansa: es de roca.
En el hondón del barranco
se ve al jinete caído,
que alza los brazos al cielo.
Los brazos son de granito.
Y allí donde nadie sube,
hay una virgen risueña
con un río azul en brazos.
Es la Virgen de la Sierra.



(Nuevas Canciones, 1924)



APUNTES PARA UNA GEOGRAFÍA EMOTIVA DE ESPAÑA

I
¡Torreperogil!
¡Quién fuera una torre, torre del campo
del Guadalquivir!

II
Sol en los montes de Baza.
Mágina y su nube negra.
En el Aznaitín afila
su cuchillo la tormenta.

III
En Garciez
hay más sed que agua;
en Jimena, más agua que sed.

IV
¡Que bien los nombres ponía
quien puso Sierra Morena
a esta serranía!

V
En Alicún se cantaba:
“Si la luna sale,
mejor entre los olivos
que en los espartales.”

VI
Y en la sierra de Quesada:
“Vivo en pecado mortal:
no te debiera querer;
por eso te quiero más”

VII
Tiene una boca de fuego
Y una cintura de azogue.
Nadie la bese.
Nadie la toque.

Cuando el látigo del viento
Suena en el campo: ¡amapola!
(como llama que se apaga
o beso que no se logra)
su nombre pasa y se olvida.
Por eso nadie la nombra.

Lejos, por los espartales,
más allá de los olivos,
hacia las adelfas
y los tarayes de río,

Con esta luna de la madrugada,
¡amazona gentil del campo frío!...



(Poesías Completas, ed. 1928)




BIBLIOGRAFÍA:

- Baltanás, Enrique. Antonio Machado. Nueva Biografía. Jaén, 2000.
- VVAA. Jaén. Pueblos y Ciudades. Jaén, 1997.



ENLACES: