martes, 1 de octubre de 2013

Los tesoros de la Catedral de Jaén. LA ANUNCIACIÓN



Tabla de La Anunciación
Exposición permanente de Arte Sacro. Catedral de Jaén
(foto: archivo propio)

Título: La Anunciación
Autor: Anónimo
Cronología: Primera mitad del siglo XVI
Técnica: óleo
Soporte: tabla
Medidas: 90 x 47 cm.
Localización: Exposición permanente de Arte Sacro. Santa Iglesia Catedral de la Asunción de la Virgen.
Municipio: Jaén


LA ANUNCIACIÓN

La Anunciación es uno de los episodios más trascendentales de la Historia de la Salvación, en el cual el arcángel Gabriel anuncia a la Virgen María que va a ser madre del Redentor. Este momento es reflejado en el evangelio de Lucas (Lc 1, 26-38): "Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en tu seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin». María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre tí y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquélla que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue".


LA TABLA DE LA ANUNCIACIÓN DE LA CATEDRAL DE JAÉN

Es ésta una pintura de marcados rasgos hispano-flamencos. Fechada en la primera mitad del siglo XVI, se desconoce su autor y la forma en la que llegó al templo catedralicio.
Dada la importancia que reviste este acontecimiento sagrado, el tema de la Anunciación ha sido representado con mucha frecuencia en el arte cristiano a lo largo de los siglos.
Su iconografía pictórica sigue un modelo arquetípico, especialmente a partir de finales de la Edad Media y comienzos del Renacimiento. Esta obra es fiel reflejo de ello. La Virgen María aparece arrodillada, en un interior arquitectónico, en el lado derecho de la composición, y el arcángel Gabriel irrumpe desde el exterior, en el extremo opuesto de la misma. Sobrevolando estas dos figuras se distingue una paloma blanca, que simboliza al Espíritu Santo, en el centro de un sol que despide haces de luz, más intensos los dirigidos hacia la figura de la Virgen, que podemos identificar con el poder de Dios Padre. Además de lo expuesto, la escena se completa con otros símbolos, como un jarrón con flores, concretamente un ramo de azucenas, situado en el centro de la composición separando ambas figuras. Las azucenas hacen referencia a la pureza, inocencia y belleza de la Virgen María.
A pesar del título de la obra, el anuncio de Gabriel a María ya se ha producido y el Hijo de Dios ha quedado encarnado en el seno de su Madre. Lo sabemos por la actitud del arcángel, que se postra de rodillas en señal de adoración, y también por la expresión serena de la Virgen, que sigue a la tribulación de la celestial visita, por lo que observamos cómo María queda en un estado de reflexión, patente en su mirada perdida, dirigida hacia abajo, absorta en sus pensamientos, asumiendo su nueva condición de Madre del Altísimo.
Se trata de una pintura de transición. Aún son apreciables rasgos medievales, visibles, por ejemplo, en el uso del dorado en la capa y aureola de la Virgen y en el cetro que sostiene el arcángel Gabriel. Sin embargo, esta tabla nos ofrece ya elementos modernos desde el punto de vista estilístico, como es el tratamiento de los pliegues de la túnica del arcángel, más naturales y carentes de la rigidez propia del gótico; por otro lado, el autor, para crear sensación de profundidad, no duda en situar la escena en un suelo con baldosas en damero y enmarcada en una arquitectura plenamente renacentista, donde sobresale el ventanal del fondo, con arco de medio punto, que da al exterior.



Bibliografía:

- Martínez Rojas, Francisco Juan. La Catedral de Jaén. La Exposición Permanente de Arte Sacro. Tomo V. Jaén, 2006. 


  

No hay comentarios:

Publicar un comentario