domingo, 18 de mayo de 2014

Castillos de Jaén. El Castillo de Bélmez (BÉLMEZ DE LA MORALEDA)


Vista del castillo de Bélmez desde el Este
(foto: archivo propio)

Cuando escuchamos el nombre de Bélmez de la Moraleda, es inevitable que venga a nuestra mente el asunto de "las caras". Pero este pueblecito del Sur de la Provincia de Jaén es algo más que este famoso fenómeno paranormal. En este artículo nos ocuparemos hoy de uno de los bienes patrimoniales más importantes de la localidad: su Castillo.
A 3 kilómetros al norte del casco urbano de Bélmez de la Moraleda se encuentra la aldea de Bélmez, recostada en la ladera Este de Sierra Mágina, donde hallaremos el castillo dominando el curso alto del río Jandulilla, a 1.000 m. de altitud, en una posición preeminente sobre este angosto valle con disposición Norte-Sur.
Dicho valle ha supuesto un importante paso que ha comunicado a lo largo de los siglos el valle alto del Guadalquivir con las altiplanicies del septentrión granadino. Los musulmanes construyeron aquí un castillo que posteriormente se convertiría en un punto clave de control de la frontera entre el reino nazarí de Granada y el cristiano de Castilla.
Con este artículo no sólo se pretende mostrar la importancia histórico-artística de este preciado monumento, sino también dar la voz de alarma sobre el delicado estado de conservación del mismo, que requiere una intervención de urgencia. Largas y profundas grietas recorren los muros de este castillo. Pero lo peor es que la construcción ha sufrido derrumbes en los últimos años como demuestran las siguientes fotografías. Sería crucial que las autoridades competentes tomaran conciencia de la precariedad del estado del castillo de Bélmez y se decidieran a actuar ya.


 



















A la izquierda, la Torre del Homenaje en una fotografía de 2003. Aún se aprecia en el segundo piso un gran ventanal con bóveda de cañón en ladrillo.
A la derecha, fotografía de la torre en 2014. Se puede observar que la parte superior se ha derrumbado y el mencionado arco ya no existe



UN POCO DE HISTORIA


Vista de la aldea de Bélmez y su castillo
(foto: archivo propio)

De origen musulmán, posiblemente del siglo XIII, este castillo servía para controlar el paso por el mencionado valle del río Jandulilla, además de proporcionar refugio a la población de los asentamientos circundantes.
Cuando Fernando III conquista el valle alto del Guadalquivir, esta zona del Este de la serranía de Mágina iba a ser entregada a Baeza e incluida en su alfoz (término de una villa). Pero el pacto al que llegan Fernando III y Alhamar tras la conquista en 1246 de la ciudad de Jaén por el primero deja el castillo de Bélmez en territorio musulmán. Así, la fortaleza adoptará el papel en esta zona de último bastión del reino nazarí de Granada frente al reino de Castilla.
A finales de julio de 1316 el infante de Castilla don Pedro tomó la fortaleza después de 21 días de asedio, aunque fue recuperada nuevamente por los musulmanes en 1368, que aprovecharon la guerra civil que había en Castilla por el poder entre las grandes familias nobiliarias.
En 1431 y 1436 Andrés González de Santisteban, regidor de Baeza, intentó reconquistar esta plaza sin éxito, pues era punto de origen de razias que causaban graves perjuicios en territorio cristiano. Será en 1448 cuando se tome definitivamente el castillo, conquistado por hombres del concejo de Baeza mandados por Enrique Fernando de Villafañe.
La fortaleza pasa entonces al señorío de los Carvajales y se verá envuelta inevitablemente en la guerra civil castellana, con repetidos asedios en la segunda mitad del siglo XV por parte de los partidarios de ambos bandos, el real y el de la nobleza rebelde, dependiendo de en qué manos estuviera en esos momentos el castillo. Estos asedios se producen en 1464, por parte del infante Don Alfonso, en 1465 por Don Juan de Vera, y finalmente en 1476 por parte de Don Juan de la Cueva, segundo vizconde de Huelma y comendador de Bedmar y Albanchez.
En 1501 los Reyes Católicos donan el castillo de Bélmez y sus términos al concejo de Granada, a cambio de una compensación económica que dicho concejo tenía que pagar a Alonso de Carvajal, que a la sazón es nombrado alcaide vitalicio de la fortaleza. Pero esta decisión causará conflictos y en 1513 Bélmez vuelve al señorío de los Carvajales, que pagarán en este caso un censo a la ciudad de Granada.
Es en esta centuria, concretamente a partir de 1534, cuando lo que hoy es la aldea de Bélmez comienza su declive, pues se funda a unos tres kilómetros un nuevo asentamiento, el actual núcleo de Bélmez de la Moraleda, debido al arrendamiento que realiza Don Diego de Carvajal de nuevas tierras roturadas en el entorno del manantial de la Moraleda, junto al cual los campesinos repobladores comienzan a construir sus casas. El castillo se abandona, perdida ya su función, y comienza su ruina, pues las Relaciones Topográficas de Felipe II del año 1578 nos dicen que el castillo "está muy maltratado".
El castillo de Bélmez es declarado Bien de Interés Cultural en el año 1985.


EL CASTILLO DE BÉLMEZ

Ya hemos hablado al principio sobre la localización geográfica de este castillo, estratégicamente situado en el valle para el control del mismo. Pero el hecho de que se levanten grandes macizos montañosos a su alrededor, hizo que la fortificación se complementara con el apoyo de otras construcciones menores, también situadas estratégicamente sobre esta compleja orografía. Entre las más importantes están las atalayas del Sol, hacia el SE, y del Lucero, hacia el SO, ambas ya de factura cristiana. Además, Bélmez tenía comunicación visual directa con el castillo de Solera, al otro lado del valle en el cerro Morón, al SE. Este sistema militar de apoyo permitía un control más efectivo del territorio.

El castillo de Bélmez visto desde el Norte y su relación visual con otras fortificaciones cercanas
(foto: archivo propio)

Nuestro castillo se erige sobre un promontorio rocoso ligeramente amesetado de manera artificial cuando fue contruido. Se distinguen tres recintos bien diferenciados: la torre del homenaje, el alcazarejo y la albacara.

Plano del castillo de Bélmez
(Juan Eslava Galán)

La torre del homenaje es, a pesar de su estado ruinoso, el elemento mejor conservado. Se trata de una potente construcción de planta rectangular (18,5 x 14,80 m.) con muros de 3 m. de anchura. Hueca en su interior, se adivina no obstante que tuvo hasta tres niveles. El inferior lo constituye un amplio sótano, evidente teniendo en cuenta la altura a la que queda hoy por el interior la puerta principal de entrada a la torre. Probablemente tuviera un aljibe este sótano, aunque es difícil saberlo por la cantidad de material de relleno que existe y la abundante vegetación. El primer piso (nivel de suelo) es una sala alargada, originalmente cubierta con bóveda (quizás dos) como demuestran los arcos, ligeramente apuntados, que aún pueden verse en los muros perimetrales sur y este, y que la reforzaban. La sala tiene cinco huecos correspondientes a la puerta y cuatro saeteras ampliamente derramadas.
Al segundo piso se accedería por una escalera de dos tramos que ya no existe.
La obra es de mampostería regular con gruesos muros rellenos de ripio. Se empleó sillería regular para las esquinas y algunos vanos y puertas. En el interior, la mampostería es más menuda, utilizándose aquí además el ladrillo y el yeso.

Vista de la fachada de la torre del homenaje donde se abre la puerta principal de acceso
(foto: archivo propio)

Puerta de entrada a la torre del homenaje desde el interior de la propia torre
(foto: archivo propio)

 Interior de la torre del homenaje. Trompa o bovedilla, elemento que seguramente sostenía parte de la escalera que daba acceso al segundo piso.
(foto: archivo propio)

Interior de la torre del homenaje. Arcos en uno de sus muros
(foto: archivo propio)

El alcazarejo se construyó excavando parcialmente la cima del promontorio y, después de levantados los muros, rellenando interiormente el espacio para que el nivel del suelo intramuros quedase a la altura del adarve. Este recinto, presidido por la torre del homenaje, tiene forma rectangular. Existen además otros cinco torreones de menor tamaño. Cuatro de ellos son de planta cuadrada y 3,5 m. de lado. El quinto, de mayores dimensiones, es rectangular (8 x 5 m.).

Vista del Castillo por el NO. En primer plano, torreón rectangular -el de mayores dimensiones que se conserva tras la torre del homenaje- y parte del recinto del alcazarejo, en el que se aprecia, junto al torreón, una poterna. La gran torre del homenaje preside el conjunto.
(foto: archivo propio)

El tercer recinto del castillo es una extensa albacara, que ocupa un nivel inferior del cerro. De los muros de este recinto quedan escasos vestigios, no más del 5% del total, que apenas nos permitirían adivinar su trazado de no ser porque el fuerte talud que los precedía lo hace evidente. Los muros son de mampostería regular, rellenos de piedra y tierra.

Vista del castillo de Bélmez por el Sur. Rodeado con un círculo, un resto del recinto de la albacara
(foto: archivo propio)

Mientras que los recintos del alcazarejo y la albacara son de época musulmana, quizás del siglo XIII como se ha apuntado anteriormente, la torre del homenaje, sin embargo, es obra cristiana, del siglo XIV. Debió construirse concretamente entre 1316 y 1368 años en los que la fortaleza estuvo en manos cristianas antes de ser recuperada de nuevo por los nazaríes. 


Bibliografía:

- Eslava Galán, Juan. Castillo y Atalayas del Reino de Jaén. 1999
- Navidad Jiménez, Nicolás. Bélmez cristiano: siglos XV y XVI. Sumuntán, nº 9.
- VVAA. Jaén, Pueblos y Ciudades. Jaén, 1997.



3 comentarios:

  1. Es una pena que todos estos restos de la rica historia de Jaén , no se recuperen y sirvan para mantener la economía de la zona.

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  2. Acabo de pasar el puente de semana santa en Belmez de la Moraleda y he visitado tanto la Torre del Lucero como el Castillo de Belmez y es una pena que con la riqueza histórica, natural y paisajística de la zona, no se haga por recuperarlos porque ayudaria enormemente a darlos a conocer y por lo tanto a atraer turismo tan necesario para la pobre economía de la zona.

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  3. ¡Algo podrían hacer los regidores municipales!
    Por ejemplo: una Escuela Taller para su restauración.

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