El Poblado y la Necrópolis Ibérica de "Castellones de Ceal". HINOJARES


Vista de la meseta y promontorio donde se halla el yacimiento de Castellones de Ceal (Hinojares)
(foto: archivo propio)

Pocos municipios en Andalucía pueden presumir del legado arqueológico con el que cuenta Hinojares, un pequeño pueblo situado en la comarca de la Sierra de Cazorla, en el Sureste de la Provincia de Jaén.
A unos 5 km. del casco urbano, por la vieja carretera que une Hinojares y Huesa, se llega a la aldea de Ceal, en cuyas inmediaciones se encuentra uno de los poblados ibéricos más importantes excavado hasta la fecha en el Sureste español: "Los Castellones de Ceal". El poblado tuvo una gran importancia como lugar de paso entre el valle del Guadalquivir y el sureste de la Península. Las cerámicas que se conservan en el Museo Provincial de Jaén, datadas en el siglo IV a.C. y originarias de Grecia, nos hablan, por su calidad, de que Castellones no sólo debió ser un punto intermedio en la mencionada ruta sino también un refinado centro urbano donde la acumulación de excedentes y un elevado nivel cultural permitía la adquisición y disfrute de estos y otros bienes.

Mapa de situación de "Castellones de Ceal"

Localización: SE de la Provincia de Jaén
Comarca: Sierra de Cazorla
Muncipio: Hinojares
Cronología: siglo VI - II a.C. (República romana)
Etapas: Bronce / Hierro
Culturas: Íbera / Romana
Material: Cerámicas y objetos metálicos fundamentalmente
Localización del material: Museo Provincial de Jaén / Museo Arqueológico de Úbeda.


¿CÓMO LLEGAR?

Castellones de Ceal se encuentra muy cerca de la carretera A-315 Torreperogil-Baza. En el punto kilométrico 54 se halla el desvío que nos conduce hasta la aldea de Ceal. Se trata de la antigua y maltrecha carretera entre Hinojares y Huesa. Pasada la aldea, la carretera asciende hasta una meseta donde se encuentran los restos del poblado, aproximadamente a unos 500 m. de distancia de Ceal.

DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL ENTORNO

Castellones de Ceal ocupa una meseta ligeramente inclinada hacia el Oeste y coronada por unos riscos pétreos en el extremo Este que le dan nombre al lugar ("Castellones"). Se trata de un promontorio delimitado al Norte por el río Ceal y al Oeste y Sur por el valle del río Guadiana Menor (siendo el Ceal afluente del Guadiana Menor), produciéndose la confluencia de ambos justo a los pies de dicho promonotorio . La altura media del asentamiento es de 520 m. sobre el nivel del mar.

Meseta donde se encuentra el yacimiento de Castellones de Ceal vista desde el Sur.
Fotografía tomada desde el valle del río Guadiana Menor (archivo propio)

Se trata de una zona complicada desde el punto de vista orográfico. El curso del Guadiana Menor ha excavado un valle profundo que deja escarpes y elevados promonotorios a sus lados, lo que tradicionalmente ha complicado las comunicaciones. Sin embargo, esto no supuso un impedimento para que en época íbera y romana pasara por aquí una de las rutas comerciales más importantes del Sur de la Península.
Si bien hoy en día el paisaje que se puede contemplar es subdesértico, no fue así en la época en la que este asentamiento estuvo en funcionamiento.

Valle del Río Guadiana Menor desde la meseta de Castellones de Ceal.
A la izquierda, la nueva carretera entre Huesa e Hinojares.
(foto: archivo propio)


HISTORIA DE UN DESCUBRIMIENTO

El descubrimiento de este poblado y su correspondiente necrópolis fue un hecho fortuito ocurrido a mediados de los años 50 del siglo XX cuando se construyó la carretera sobre el antiguo camino entre Hinojares y Huesa, que pasaba por la aldea de Ceal.
Las primeras excavaciones tuvieron lugar en mayo de 1955 por Doña Concepción Fernández Chicarro y Don Antonio Blanco Freijeiro, que volvieron a excavar en septiembre de 1959.
Entre los años 1985 y 1991, se realizaron varias campañas de excavación arqueológica dirigidas por Doña Teresa Chapa Brunet y Don Juan Pereira Sieso.

CASTELLONES DE CEAL EN LA HISTORIA

Aunque hubo un asentamiento previo, constatado gracias a una serie de tumbas descubiertas, que se remonta al siglo VI a.C., al parecer éste no prosperó y fue abandonado. 
El poblado que nos ocupa se funda en torno al 400 a.C., ya en época ibérica. El porqué de la elección de este lugar es una cuestión más o menos clara si echamos un vistazo al panorama geopolítico del momento. Castellones de Ceal, ubicado en el curso medio del Guadiana Menor, se encontraba en una zona fronteriza entre dos grandes territorios ibéricos: el de los Bastetanos, cuyo centro sería Basti (actual Baza -Granada-), y el de los Oretanos, cuyo núcleo radicaría en la todopoderosa Cástulo (actual Linares -Jaén-). Ubicado en el curso medio del Guadiana Menor, Castellones controlaría este pasillo, la ruta comercial más corta entre las áreas mineras de Sierra Morena y los puertos marítimos del SE peninsular (especialmente Cartago Nova -Cartagena, Murcia-), ruta jalonada por otros núcleos de importancia como Tútugi (Galera -Granada-) o Tugia (Toya -Peal de Becerro, Jaén-) que nos han legado igualmente abundantes restos e interesantes estructuras funerarias.

Mapa del SE de la Península en el que se aprecian los territorios de los Bastetanos y los Oretanos en época Ibérica
(s. IV a.C.), así como el asentamiento de Castellones de Ceal
y otros núcleos de importancia.
(mapa de elaboración propia sobre tecnología de google maps)

El asentamiento proporcionaría protección, descanso y alimento a las caravanas cargadas de mercancías. Y aquí se encuentra precisamente la clave de la importancia de los restos encontrados en Castellones. La prestación de estos servicios conllevaría la recepción por parte de la elite del poblado de una serie de objetos de lujo, entre los que se encontrarían las ricas cerámicas griegas, de extraordinaria calidad, halladas en las tumbas de la necrópolis. Castellones se convertiría así, a pesar de su reducido tamaño, en un centro a la altura idológica y tecnológica de otros núcleos mayores de las áreas circundantes de la Bastetania y la Oretania, de los que seguramente dependía, teniendo una relación más directa con Tugia (Toya, Peal de Becerro). Así lo evidencia, por ejemplo, una tumba principesca excavada en la necrópolis de los Castellones que, aunque más humilde, guarda similitudes con la famosa cámara funeraria hallada en aquél otro asentamiento.
La decadencia del lugar vino con la llegada de Roma y la paulatina desaparición del modelo político ibérico. Los romanos, más pragmáticos, tendieron a favorecer las rutas de comunicación y comerciales más cómodas, marginando las que suponían un mayor grado de dificultad y desgaste, caso de la que discurría por el valle del Guadiana Menor, que por su orografía sólo permitía la circulación de caballerías fundamentalmente, y no de carros. La red de calzadas obvió esta zona comprendida entre el SE de la actual Provincia de Jaén y NE de la de Granada, con las indudables consecuencias negativas que ello conllevó para la economía de Castellones. Un incendio, fortuito o provocado, arrasó las casas de la última etapa, marchándose la mayoría de los vecinos hacia otros lugares y quedando tan sólo un núcleo residual que pronto se extinguiría. Estamos en el siglo II a.C., época republicana, y Castellones jamás volvería a resurgir de sus cenizas.


DESCRIPCIÓN DEL ASENTAMIENTO

Restos de la muralla de Castellones de Ceal
(foto: archivo propio)

Castellones de Ceal es un poblado fortificado (oppidum). El tipo de vivienda que se construía, con espacios generalmente rectangulares, constaba de piedra en el arranque de los muros, completándose el resto de los mismos en altura a base de adove o tapial. Los techos se hacían con ramaje impermeabilizado con barro y se sostenían sobre vigas de madera de pino, todo ello atado con cuerda de esparto. Tanto el interior como el exterior de las casas se encalaban, aplicándose el color rojo a los zócalos de piedra. Disponían de un patio abierto o semicubierto para almacenaje y animales domésticos.
El urbanismo era irregular. Las viviendas se distribuían en terrazas dada la inclinación de la meseta, ocupando la zona más alta del cerro y ofreciendo un aspecto abigarrado. La necrópolis se situaría en la zona más baja de la meseta.

Reconstrucción de una vivienda
("El Hábitat Ibérico Tardío en los Castellones de Ceal". Victorino Mayoral Herrera)


LA VIDA Y LA MUERTE EN CASTELLONES DE CEAL

En cuanto a las actividades agrarias del asentamiento, en las zonas bajas junto al valle se practicaba, como hoy, la agricultura, tanto de secano como de regadío. El cultivo más importante fue el cereal (trigo y especialmente cebada) y se ha constatado la presencia del olivo en las últimas fases del asentamiento (época romana). Los habitantes de Castellones criaban ganado ovino y caprino (también vacas, cerdos y gallinas en menor medida), practicaban la pesca fluvial en los cursos cercanos y la caza en los montes circundantes (ciervos, jabalíes). La ubicación de Castellones le aseguraba unos recursos abundantes: frutos, madera, caza y pastos de verano en las montañas de Cazorla, esparto y matorral en la ribera de los cursos fluviales, tierras fértiles y, por supuesto, agua.
Gran parte de la información de la que se dispone y por la cual sabemos la historia de los vivos, procede sin embargo del estudio y análisis de las sepulturas donde se enterraron a los muertos. La necrópolis de Castellones de Ceal ha sido sin duda el área más investigada en estas últimas décadas. Al igual que las viviendas, tampoco el cementerio guardaba un orden concreto, superponiéndose las sepulturas unas a otras a lo largo del tiempo. Eso sí, todas guardan una disposición Este-Oeste. Pero existen ciertas estructuras funerarias de empaque bien delimitadas, aisladas y respetadas por la construcción de tumbas posteriores. Esto nos indica una clara jerarquización social que, de la vida, se traslada también a la muerte. El rito funerario era por cremación en unas piras de madera colocadas en fosas ovaladas de poca profundidad llamadas "ustrinas" o "quemaderos". Las cenizas se introducían en cistas cerámicas y eran enterradas. Los tipos de tumbas podían ir desde la más humilde -un simple hoyo en la tierra calzado con piedras que hacían de sostén de la urna- hasta las más ricas (y más escasas), consistentes en cámaras hechas con mampostería de piedra, a veces decoradas en su interior. Algunas de estas tumbas eran individuales, en otras se ha constatado la presencia de varios individuos, lo que nos llevaría a considerar asociaciones familiares. En el interior de las tumbas, especialmente de estas últimas, se despositaba el ajuar, una serie de objetos de diversas clases que habían pertenecido en vida al individuo en cuestión.

Reconstrucción de una tumba tumular
(Victorino Mayoral Herrera)


CULTURA MATERIAL

Los restos hallados en este importante yacimiento son abundantes y nos hablan de un refinamiento cultural ligado a las influencias externas dada la función del poblado de apoyo a la importante ruta comercial descrita que por aquí pasaba.
La cerámica es el tipo de cultura material más sobresaliente en el yacimiento: vasos, cráteras, ánforas, platos... y un largo etcétera de tipologías conforman este variado universo patrimonial de Castellones. Comparten un denominador común: la factura griega, con tonalidades ocres y barniz brillante, decoraciones geométricas y figurativas (en este último caso para las piezas más exquisitas). En cualquier caso se trata de piezas de gran calidad. No obstante, los habitantes del poblado también utilizaban el torno y elaboraban piezas propias.
La gran mayoría de estos objetos de vajilla se utilizaron para contener alimentos y líquidos (vino y aceite, que eran productos de lujo en época ibérica) para más tarde pasar a formar parte de los ajuares funerarios.
También se han encontrado elementos metálicos, de oro y plata (joyas y apliques para adornar la ropa) y en bronce y hierro, éstos últimos de muy diversas clases, especialmente objetos de uso cotidiano (agujas, pesas) de tipo bélico (armas, cascos) y para las tareas agrarias (anzuelos, herramientas).
Es interesante también la presencia de pequeñas esculturas en piedra. Se han documentado una de un toro y otra de un posible ciervo que se situaban en el área de la necrópolis y que, en cualquier caso, nos hablan de la expresión monumental de símbolos religiosos.

Vasijas cerámicas de Castellones de Ceal en una vitrina del Museo Provincial de Jaén
(foto: archivo propio)
 
Kílyx griego (copa para beber vino), con el dibujo de una lechuza, símbolo de la Diosa Atenea.
 Museo Provincial de Jaén
(foto: archivo propio)

.
Detalles de la decoración figurativa en dos cráteras de origen griego de Castellones de Ceal. Museo Provincial de Jaén
(fotos: archivo propio)
 
Ánfora con motivos geométricos. Museo Provincial de Jaén
(foto: archivo propio)


Agujas y útiles de bronce. Museo Provincial de Jaén
(foto: archivo propio)

Apliques de bronce recubiertos de una lámina de plata, para decorar la ropa.
Museo Provincial de Jaén
(foto: archivo propio)

Pendientes de Oro. Museo Provincial de Jaén
(foto: archivo propio)




Bibliografía:
 
- Blanco Freijeiro, Antonio. Cerámica Griega de los Castellones de Ceal. Archivo Español de Arqueología, 1959. 
- Mayoral Herrera, Victorino. El Hábitat Ibérico Tardío de Castellones de Ceal. Complutum, 1996.
- VVAA. Un Yacimiento Ibérico en los Límites del Adelantamiento: Los Castellones de Ceal. Anuario del Adelantamiento, 2004.
- VVAA. Jaén, Pueblos y Ciudades. 1997.

    

Iglesias de Jaén. Iglesia de San Pedro Ad Víncula de ESCAÑUELA


Fachada principal de la Iglesia Parroquial de San Pedro Ad Vincula de Escañuela
(foto: archivo propio)

Escañuela es una pequeña localidad de la Campiña jiennense situada en el Oeste de la Provincia. La historia no ha legado patrimonio artístico de relieve a Escañuela, que no cuenta con edificios civiles o religiosos de interés. Sólo destaca en el centro de su casco urbano un pequeño y sencillo templo parroquial dedicado a San Pedro Ad Vincula. Pero ¿cuál es el origen de esta singular advocación?


EL ORIGEN DE UN NOMBRE

Tras su conquista por las huestes de Fernando III, San Pedro de Escañuela -nombre como se conocerá a este pueblo hasta el siglo XIX-, será integrado en el alfoz de Arjona, pasando en el siglo XIV a la jurisdicción del Señorío de los Torres y Portugal, junto con Villardompardo. Más tarde sus señores lograrían el título de condes, denominándose al Condado con el nombre de esta última villa.  Precisamente de su vinculación con el citado señorío proviene la singular denominación originaria del pueblo así como de su parroquia.
La Curia Vaticana concedió al pueblo el privilegio de que pudiera denominarse San Pedro de Escañuela en respuesta a los diezmos que los señores de Villardompardo pagaban directamente al Papa de Roma. Aquí radica el origen de la devoción que en Escañuela se tiene por San Pedro ad Vincula -San Pedro encadenado-, patrón de la localidad, advocación que hace referencia al periodo que el "príncipe de los apóstoles" pasó en la cárcel, tras lo cual fue liberado milagrosamente por un ángel que rompió sus cadenas. Por este motivo, el escudo de Escañuela reproduce las armas del Vaticano: tiara papal y llaves de San Pedro, y debajo aparecen además las cadenas que hacen alusión a la peculiar advocación a la que aquí se le profesa culto. Las fiestas de Escañuela tienen lugar en torno al día 1 de Agosto, onomástica de San Pedro ad Vincula, conociéndose en la comarca como las fiestas de "La Víncula".

Talla en madera policromada de San Pedro Ad Vincula, patrón de Escañuela,
que preside el presbiterio de la iglesia
(foto: archivo propio)


Escudo de Escañuela en el que están reflejadas las armas del Vaticano y las cadenas de San Pedro
(foto: archivo propio)


HISTORIA DEL TEMPLO PARROQUIAL

En el Sínodo de Jaén del año 1311 ya se menciona la parroquia de Escañuela integrada en el Arciprestazgo de Arjona, jurisdicción eclesiástica a la que ha seguido perteneciendo hasta la actualidad -salvo un breve periodo de tiempo en el siglo XX en que estuvo adscrita al de Torredonjimeno- a pesar de la incorporación del lugar al Señorío de los Torres y Portugal a mediados del siglo XIV. 
Por estas fechas, el edificio que albergaba dicha parroquia era de reducidas dimensiones, sólo una pequeña ermita anexa a un cementerio.
Se sabe que en el siglo XVII se acometen unas obras en el templo sufragadas por la Cofradía que para dar culto a los santos mártires Bonoso y Maximiano de Arjona se había fundado en 1628 en la parroquia de Escañuela.
A finales del siglo XVIII se proyecta ampliar la iglesia dado el aumento de población que había experimentado la localidad en las últimas décadas. Pero las obras se dilatarán en el tiempo a lo largo de casi un siglo. Dan comienzo en 1792, pero sufren un parón debido a la escasez de fondos producida por la guerra de independencia. A finales de 1860 se proyecta una definitiva ampliación según planos del arquitecto Vicente Serrano Salaverry. Desde el gobierno, reinando entonces Isabel II, se libró una partida de 48.550 reales para las obras, aunque el dinero no llegó hasta 1864. En 1865 se traslada el cementerio de la población a las afueras, con lo que queda espacio libre para empezar a construir. Pero el estallido de la revolución de "La Gloriosa" supone de nuevo un retraso en las obras, que no se reanudan hasta 1880 bajo la dirección de José María de Cuenca, finalizándose ya en esta década.
Ya en el siglo XX, un terremoto a finales de los años 60 destruye el chapitel de la torre y parte del presbiterio, reformándose entonces el templo acorde con la reforma litúrgica impulsada por el Concilio Vaticano II.
La última intervención en la iglesia tuvo lugar entre los años 1993 y 1994 de la mano del arquitecto Luis Alonso Salcedo, con la reforma del presbiterio, la capilla de la Virgen de los Dolores, patrona de la localidad, y la torre campanario.

LA IGLESIA DE SAN PEDRO AD VINCULA

La falta de una autonomía municipal hasta bien entrado el siglo XIX, la ausencia de una burguesía o nobleza local capaces de emprender obras edilicias de empaque y la crónica escasez de recursos estarían entre los principales motivos que explican la pobreza artística de un pueblo como Escañuela, que sin embargo hunde las raíces de su Historia en la Edad del Cobre.
Como se ha dicho anteriormente, la Iglesia de San Pedro Ad Vincula de Escañuela es una construcción sencilla y de pequeñas proporciones. Tanto es así que la altura del cuerpo principal del edificio no supera a la de las viviendas circundantes. Encalada toda ella, rompe sin embargo la hegemonía del blanco el color albero presente en esquinas y cornisas. Tiene orientación Este-Oeste, siendo la fachada principal la correspondiente al lado Sur o de la Epístola -que da a una amplia plaza-, con un marcado carácter horizontal en claro contraste con la verticalidad de la airosa torre campanario, desproporcionada en altura con respecto al resto del edificio. Se refuerza en este lado con dos contrafuertes en piedra vista, siendo el elemento más destacado la sobria portada, descentrada y situada hacia los pies, adintelada, con simple moldura de piedra y un relieve en el mismo material sobre la puerta que representa a San Pedro y el ángel en el referido episodio de su milagrosa liberación (Hechos 12, 6-11), con la fecha de 1862 en el centro. Tuvo esta portada un aire clasicista suprimido en la reforma de finales de los 60. También la torre campanario adquirió en esas fechas su fisonomía actual, marcada por la incorporación de una linterna en su parte superior que le confiere un cierto toque oriental. De planta cuadrada, consta de tres cuerpos, albergando todos vanos de medio punto, ciegos en los dos primeros, con campanas en el último.

Relieve en piedra sobre la puerta de entrada al templo
(foto: archivo propio)

Torre campanario desde el Nordeste
(foto: archivo propio)

Interiormente, el edificio consta de una única nave rectangular, articulada en tramos, de cubierta adintelada y tejado exterior a dos aguas. El presbiterio se cubre con bóveda de cañón con lunetos y se remata en ábside con cuarto de esfera nervada. Preside el conjunto una bella talla de San Pedro Ad Vincula en madera policromada. Una serie de capillas-hornacina con arcos de medio punto se reparten en los muros laterales, destacando la de la Virgen de los Dolores, más profunda, de cubierta adintelada.
Es interesante la pila bautismal en piedra, de taza octogonal, probablemente del siglo XVI.

Nave del templo de San Pedro Ad Vincula
(foto: archivo propio)


Capilla mayor y presbiterio de la iglesia en forma de ábside
(foto: archivo propio)


Bibliografía:

- Rubio Fernández, Juan. Breve Historia de Escañuela. Jaén, 1997
- VVAA. Jaén. Pueblos y Ciudades. Jaén, 1997.


En los fogones de Jaén. EMPANADA DE BONITO.

Antes de que empiecen los calores y nos pensemos dos veces poner el horno, vamos a hacer esta receta sencilla.



 Fotos: Mª Cristina Gimeno Ramos.


Ingredientes:

- Masa quebrada, de la que no sube (2 unidades).
- Dos latas de bonito del norte, en aceite de oliva.
- Dos huevos duros.
- Tomate frito casero en aceite de oliva.
- Un huevo, para pintar la empanada.


Modo de hacerlo:

Descongelar, como indican las instrucciones, la masa quebrada. Con un rodillo estirar la masa, no demasiado para que no se rompa.
Una vez cocidos los huevos, los troceamos y mezclamos con el bonito y con el tomate frito. Podéis hacer un sofrito de cebolla, pimiento y tomate, si lo preferís, yo lo hacía así hasta que descubrí el tomate frito casero y sale muy buena también.
En la bandeja del horno colocamos una hoja de papel vegetal y encima una de las láminas de masa. Extendemos la mezcla y repartimos sin que llegue a los bordes, al menos dejamos un centímetro sin rellenar.
Ponemos encima la otra lámina como tapadera. Unimos los bordes, fijaros en las fotos. Nos queda pintar la empanada con el huevo batido y por último pinchamos la masa con un tenedor para que salga el aire  cuando esté cociendo y no se hinche.
Precalentamos el horno a 180º y metemos la empanada. Horneamos hasta que esté doradita.


Buen provecho






Por los pueblos de Jaén. LA IRUELA


LA IRUELA

Escudo de La Iruela
Localización: En el SE de la Provincia de Jaén
Comarca: Sierra de Cazorla
Superficie: 123,97 km2.
Población: 2132 hab. (2012)
Densidad: 17,2 hab./km2.
Altitud: 989 m.
Límites: Al N. con Santo Tomé, al NE. con Santiago-Pontones, al S. con Cazorla, al NO. con Chilluévar.
Gentilicio: Irolense // Ciruko-ka
Distancia a la capital: 106 km.
Aldeas: Burunchel, Arroyo Frío, El Palomar.



Vista parcial de La Iruela desde su castillo
(foto: archivo propio)


SITUACIÓN GEOGRÁFICA. ECONOMÍA

El término municipal de La Iruela es de orografía abrupta y pueden diferenciarse en él dos partes, separadas por una cuerda montañosa perfectamente alineada de Sur a Norte. La zona Este del municipio se corresponde con la sierra profunda, donde un recién nacido río Guadalquivir se encajona, con dirección Sur-Norte, entre altas montañas. Aquí predomina el pinar denso, que representa prácticamente la mitad de la superficie del término municipal, y la fauna propia del Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas. El núcleo más poblado de esta parte es Arroyo Frío, con 267 hab. (2013), que supera con creces el millar en el periodo estival dado el carácter turístico de la pedanía por su situación privilegiada en el corazón del parque natural. Ello ha supuesto, en las dos últimas décadas, una masificación en la construcción, inadmisible desde el punto de vista ecológico.

Arroyo Frío y el valle del Guadalquivir en su cabecera desde el mirador de Las Palomas.
Como telón de fondo, montañas de Cazorla y Segura
(foto: archivo propio)

La zona Oeste del municipio, al otro lado de las montañas, supone la vertiente occidental de la Sierra de Cazorla que va suavizando su orografía hasta topar con el propio Río Guadalquivir, una vez que éste ha abandonado ya el macizo montañoso y se dispone a discurrir entre la Loma de Úbeda, por un lado, y las sierras de Las Villas, Cazorla y Mágina, por otro. Se trata de la parte más poblada, donde se encuentran la cabecera municipal, La Iruela, con 931 hab. (2013) y Burunchel, la aldea de mayor población con 652 hab. (2013). Predomina aquí el cultivo del olivar, que supone un 25% de la superficie total del municipio, seguido de cultivos de huerta y frutales.

Vista  hacia el Norte de las estribaciones de la Sierra de Cazorla desde el castillo de La Iruela,
zona de olivares y huertas. Al fondo, la aldea de Burunchel.
(foto: archivo propio)

Vista parcial del término municipal hacia el Sur. En primer término, la aldea de Burunchel.
Al fondo, La Iruela.
(foto: archivo propio)

El comportamiento de la población activa en el municipio es de clara tendencia estacional, pues son muchos los trabajadores que se ocupan en el sector servicios en época estival, especialmente la hostelería (recordemos la amplia oferta del Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas en este sentido), y en las tareas agrícolas el resto del año, destacando la campaña de la aceituna en invierno.


HISTORIA

Los primeros restos de poblamiento en el término municipal de La Iruela corresponden con la Edad del Cobre (III milenio a.C.) y debió ser intenso a juzgar por la cantidad de materiales encontrados. Algunos asentamientos de esta fase cultural son el "Molino de las Rejas" y la "Cueva de la Mocha". Como ocurre en otras zonas serranas, existe prácticamente un vacío poblacional durante el siguiente milenio, teniendo que buscar evidencias ya en los primeros siglos antes de nuestra era. A partir del siglo II a.C. se advierte un aumento considerable del número de asentamientos, lo cual quizás responda a un proceso de colonización de esta zona. Se revitalizan viejos lugares como "Molino de las Rejas", y surgen otros nuevos, de entre los que destacan "Nubla" y "Molino Cañamares", muchos de los cuales arrancan su poblamiento en el ibérico tardío y, pasando por la época romana, perduran hasta la medieval islámica.
El actual núcleo de La Iruela pudo surgir precisamente en esta última época. Durante la dominación islámica fue una alquería rodeada de una cerca ya en el siglo XI y a la sombra de un husun o castillo de posición inexpugnable.

Vista del conjunto del Castillo y las ruinas de la Iglesia de Santo Domingo de Silos
(foto: archivo propio)

En 1231 La Iruela es conquistada por tropas de Fernando III, monarca que cede estos territorios del sureste de la actual provincia de Jaén al Arzobispado de Toledo, creándose en estos momentos el Adelantamiento de Cazorla, gran señorío vinculado a los prelados toledanos que disfrutaba de ciertos privilegios por su situación fronteriza con el reino de Granada, aunque soportaba también onerosas cargas. Finalizada la conquista de la zona, el arzobispo de Toledo, Don Sancho de Castilla, estructura el Adelantamiento designando tres villas que ejercerán la función de centros territoriales: Cazorla, Quesada e Iznatoraf; aunque a partir del siglo XIV será Cazorla el verdadero centro político, económico y militar del Adelantamiento. El resto de las localidades fueron entregadas como aldeas a una u otra de aquellas tres referidas. Así, La Iruela pasa a formar parte del alfoz de Cazorla como aldea en 1256.
En 1378 el arzobispo Don Pedro Tenorio le concede a la Iruela definitivamente su título de villazgo, después de algunos enfrentamientos con su villa matriz, unos enfrentamientos que no cesarán a lo largo de toda la Edad Moderna motivados por la pertenencia de terrenos comunes y que no se solventarán hasta el definitivo deslinde  de términos municipales ya en los albores de la contemporaneidad.

Portada de la Iglesia de Santo Domingo de Silos, del siglo XVI, hoy en ruinas.
(foto: archivo propio)

Durante el siglo XVI hubo un breve periodo en el que La Iruela dejó de pertenecer a la mitra toledana. Se dio esta coyuntura cuando el emperador Carlos V cedió La Iruela a su secretario, el ubetense Don Francisco de los Cobos, donación que no terminó por consolidarse pues, tras varios pleitos, en 1606 la villa pasó a depender nuevamente del Arzobispado de Toledo. Bajo esta jurisdicción, en la que los prelados controlaban la vida municipal y nombraban alcaldes, escribanos y otros oficiales de justicia, permaneció hasta agosto de 1811 cuando las Cortes de Cádiz suprimieron los señoríos jurisdiccionales y el Adelantamiento de Cazorla se extingue.
Continuará, eso sí, el control espiritual, hasta la definitiva incorporación de estas parroquias a la Diócesis de Jaén en la tardía fecha de 1958.


PATRIMONIO HISTÓRICO-ARTÍSTICO

La riqueza del patrimonio que la Historia le ha legado, su especial ubicación natural que no pasa desapercibida, y el telón de fondo que suponen las montañas del mayor Parque Natural del país, hacen de La Iruela una de las localidades más bellas de la Provincia de Jaén, lo que le valió su declaración como Conjunto Histórico-Artístico en 1985. Especial mención merecen su viejo Castillo, encaramado en un difícil roquedo, y a sus pies las ruinas de la antigua Iglesia de Santo Domingo de Silos, un conjunto arquitectónico impresionante y único por el paisaje que lo rodea y las connotaciones románticas que desprende. 

Castillo

Vista del Castillo antes de su restauración
(foto: archivo propio)

Se encuentra enclavado en una escarpada peña. Su origen es musulmán con reformas posteriores cristianas. Consta de tres niveles. Al inferior, prácticamente desaparecido, se accede por una torre-puerta de obra cristiana de finales de la Edad Media y que sirvió de campanario para la iglesia de Santo Domingo, que se levantó junto a ella. El nivel intermedio es el alcazarejo, que consta de cuatro torreones unidos por un lienzo de muralla, todo ello en obra de calicanto. Una de las torres protegía la entrada en recodo a este recinto, que poseía además un aljive en el patio de armas. Coronando la cresta rocosa, la torre del homenaje, de pequeñas dimensiones y prácticamente insexpugnable, con dos pisos interiores. Desde ella se tiene un absoluto control del territorio circundante.

Ruinas de la Iglesia de Santo Domingo de Silos

Vista de la cabecera del viejo templo de Santo Domingo
(foto: archivo propio)

Referimos anteriormente en el capítulo de la Historia que Don Francisco de los Cobos, secretario de Carlos V, fue agasajado por el monarca con la concesión de esta villa, arrebatándosela así, durante un tiempo, al todopoderoso Arzobispado de Toledo. Fue precisamente bajo la tutela de la familia Cobos, y gracias a su mecenazgo artístico, cuando se mandó edificar dentro del recinto del castillo una iglesia. Inspirada en los modelos vandelvirianos, este templo sufrió la vorágine del enemigo francés cuando en 1810 se le prende fuego en respuesta a la pésima acogida que tuvieron los invasores por parte de los moradores de La Iruela. Hoy sólo quedan los muros perimetrales y algunos restos de su decoración interna.

Capilla en la cabecera de la Iglesia de Santo Domingo de Silos
(foto: archivo propio)



Casa Consistorial

Antiguo Pósito, actual Ayuntamiento de La Iruela
(foto: archivo propio)

Se trata de un sobrio edificio de estilo mudéjar toledano que antiguamente fue pósito de grano y a mediados del siglo XIX fue reconvertido en ayuntamiento. Muy reformado en la actualidad, su origen se remonta a mediados del siglo XV.

Otros Lugares de Interés

El templo nuevo, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, es de una sola nave, se erigió en los años 60 del siglo XX y su fachada guarda cierto aire regionalista.
La torre del Reloj se sitúa en la parte alta de la localidad. Es en realidad un torreón de planta cuadrada que debió formar parte del recinto amurallado de la población. Se instaló en ella el reloj municipal y en su terraza una estructura de hierro para albergar una campana.

Torre del Reloj en la parte alta de La Iruela
(foto: archivo propio)

Fachada principal del templo de la Inmculada Concepción
(foto: archivo propio)

Torre de La Quebrada
(foto: archivo propio)

La arquitectura militar se completa con la torre de Nubla, de origen ibérico y construcción medieval, y la torre de la Quebrada, sobre un risco casi inaccesible, con función de vigilancia.
De las ermitas de La Iruela podemos destacar la de Nubla, San Martín, Los Desamparados y el eremitorio de la Magdalena, esta última un cusioso ejemplo de ermita rupestre con probable origen en el siglo XVI.
La Fuente del Molino, de la primera mitad del siglo XX, ocupa un lugar preeminente en la plaza de su nombre, un delicioso lugar del casco histórico de La Iruela a los pies del cerro del castillo.

Fuente y plaza del Molino
(foto: archivo propio)

FIESTAS, COSTUMBRES, GASTRONOMÍA 

Los santos patronos de La Iruela son Santo Domingo de Silos, que se celebra el 20 de diciembre, y la Inmaculada Concepción, el día 8 del mismo mes. Pero las fiestas mayores del pueblo tienen lugar hacia finales de Agosto en honor a Nuestra Señora de los Desamparados, trayéndose a la Virgen desde su ermita.
También se celebra a San Antón, encendiendo las tradicionales hogueras en la víspera del 17 de Enero. San Blas es tenido por muy milagroso. La imagen se trae de su ermita de Nubla los días previos a su onomástica, el 3 de Febrero, día en que se procesiona por las calles de la localidad.
Las fiestas de Burunchel se celebran del 23 al 25 de Agosto en honor a San Julián y la Inmaculada y las de Arroyo Frío en honor a la Asunción de la Virgen en torno al 15 de Agosto.
La Semana Santa siempre se ha celebrado con devoción en La Iruela. Se han perdido por desgracia las representaciones teatrales que se hacían para conmemorar la pasión de Cristo, en las que algunos vecinos prestaban la voz a las propias imágenes procesionales con diálogos y cánticos en lo que fue un auténtico y sentido ritual piadoso. En la actualidad caben destacar dos emotivos momentos de la Semana Santa irolense: cuando el Nazareno y la Dolorosa suben en procesión hasta el castillo el Jueves Santo por la noche, y cuando en la mañana del Domingo de Resurrección Jesús y su Madre sen encuentran en la plaza del pueblo.

Nuestra Señora de los Dolores de La Iruela
(foto: archivo propio)

Del rico folclore local se conserva el fandango "robao" de La Iruela, muy movido, cuyo nombre proviene de los giros que hacen las parejas hacia los bailaores que tienen a sus lados.
La cocina tradicional de este pueblo participa de la que es propia de esta comarca serrana de Cazorla, con platos típicos como los "talarines" y la "gachamiga", guisos de los llamados farináceos por ser la harina su principal ingrediente, aunque es el "rin ran" la insignia de la cocina de La Iruela, una especie de puré o revuelto hecho a base de patata, cebolleta, ñora, bacalao, huevo cocido, ajo, comino y, por supuesto, aceite de oliva (la elaboración de este plato la puedes encontrar en este blog pinchando aquí: En los fogones de Jaén: RIN RAN).


Rin Ran, plato típico de La Iruela
(foto: archivo propio)


Bibliografía:

- VVAA. Jaén, Pueblos y Ciudades. Jaén, 1997.

Enlaces:

- Ayuntamiento de La Iruela 


El Castillo de La Iruela sobre la escarpada roca
(foto: archivo propio)