¡¡"Jaén desde mi Atalaya" cumple DOS AÑOS!!

Y van ya dos primaveras, nunca mejor dicho, de este jaenero blog que tantas satisfacciones me ha dado por el momento. "Jaén desde mi Atalaya" se ha convertido ya en una ocupación casi diaria para mí, con mucho gusto por cierto, pues en verdad me siento muy orgulloso del trabajo realizado hasta la fecha. Y ese orgullo me lo reportais vosotros, los lectores, que os preocupais cada día de conocer algo más sobre esta Bella desconocida que es nuestra tierra, Jaén. Más de 55.000 visitas en estos dos años. Me da un poco de vértigo esta cifra, que jamás pensé en alcanzar en tan poco tiempo, pues ello me transmite la responsabilidad, que acepto de muy buen grado, de seguir descubriendo Jaén a propios y foráneos, pues ese fue el objetivo inicial y el que me sigue moviendo ahora.
Las redes sociales, Facebook y Twitter, han resultado imprescindibles como herramientas de difusión de los contenidos del blog. Son ya much@s los seguidores de "Jaén desde mi Atalaya" en dichas redes y el número sigue aumentando día a día. Gracias, por tanto, a todos ellos, y como no, a la comunidad bloguera jiennense y regional, por apostar por este blog y mostrarlo al mundo. 
Y Gracias a mi entorno inmediato, familia y amigos, que me apoyaron desde un principio en este proyecto. En especial a mi madre, María Cristina Gimeno, colaboradora del blog desde hace un tiempo y que con su sabrosa sección culinaria se ha hecho un hueco más que importante entre l@s seguidores de este blog, pues las recetas que nos brinda son de las entradas más leídas según las estadísticas, lo cual me llena de orgullo. Ella está ilusionada y decidida a continuar poniendo en nuestros fogones un toque tradicional, a la vez que novedoso, y os agradece a tod@s, en especial a las mujeres, la buena acogida que le habeis dado.
Continuaremos con las mismas secciones, y con otras nuevas que tengo en mente, aumentando la lista de pueblos presentes en el blog hasta llegar a los 97. 

Gracias de nuevo. Espero que sigais estando ahí. Esto no tendría sentido sin vosotr@s.

Un abrazo, Jaén, desde mi atalaya...


La romería de Santa Lucía en CAMPILLO DE ARENAS


Santa Lucía en su ermita de Puerta de Arenas
(foto: archivo propio)

Puerta de Arenas y Autovía A-4
(foto: archivo propio)

EL LUGAR: LA PUERTA DE ARENAS

Cada Domingo de Pentecostés, los campilleros y campilleras tienen una cita romera ineludible en un singular paraje del entorno de Campillo de Arenas. La devoción por Santa Lucía es ancestral en este pueblecito de Sierra Mágina, y un tanto mítico -me atrevería a decir- el lugar donde se desarrolla la fiesta en su honor. Si se toma el camino de Granada desde Jaén, la carretera se va adentrando entre las montañas del Sur de la Provincia, siguiendo el curso del río Guadalbullón. Unos kilómetros antes de llegar a Campillo de Arenas, un enorme peñasco cae en desfiladero sobre el cauce del río y el paso se hace estrecho e intrincado. Es la llamada Puerta de Arenas, enclave ya mencionado por geógrafos y, sobre todo, viajeros, desde el siglo XVI.
Prosa pero también imagen -fundamentalmente algunos dibujos o grabados del siglo XIX- nos han dado una idea de la dificultad o el peligro que entrañaba esta angosta garganta para personas y carruajes, con el sempiterno acecho de bandoleros y asaltantes. Pero la centuria decimonónica no sólo nos ha legado la evocadora imagen romántica de este lugar. El progreso que, en ciertos sentidos, comenzó en España un tímido despertar mediado el siglo, trajo consigo una mejora de las comunicaciones que en la Puerta de Arenas se tradujo en la construcción de un túnel en 1840 -reinando Isabel II- que, casi siglo y medio después, ha cedido el testigo a otros más modernos a través de los cuales pasa hoy la autovía A-4.

HISTORIA DE LA DEVOCIÓN
LAS ERMITAS DE SANTA LUCÍA

Cuenta la tradición que un viajero ciego que viajaba en diligencia, al pasar por Puerta de Arenas y oír las alabanzas que sus compañeros de viaje hacían del lugar y no poder verlo, pidió a Dios por intercesión de Santa Lucía, abogada de los invidentes, que le devolviera la vista para admirar tan bello lugar. El viajero recuperó la vista en el acto y, en agradecimiento por el milagroso hecho, colocó un cuadro de la Santa en una hornacina practicada en la roca del desfiladero. 
Los datos de carácter histórico más antiguos que nos hablan de esta devoción se remontan a 1837, y se encuentran en la correspondencia mantenida por el entonces párroco de Campillo de Arenas, don Pedro Francisco Ruiz, con el Obispado de Jaén, para normalizar los cultos en honor de la Santa. Había un problema añadido, y es que, según dicha correspondencia, los bandoleros que se refugiaban en estas sierras en la primera mitad del XIX convirtieron el cuadro en blanco de sus trabucos, destrozándolo. Dice, por cierto, la tradición oral que los bandidos perdieron la vista por castigo divino y escarmiento.
El Obispado concedió licencia para la construcción de una ermita en honor a Santa Lucía que, gracias a los generosos donativos de los devotos campilleros, se pudo levantar entre 1855 y 1857 junto a la antigua hornacina y el túnel por el que transcurría la nueva carretera y que había sido inaugurado unos años antes. El día 13 de Enero de 1858 el Obispado concede permiso para poder celebrar misa en la ermita, por lo que a partir de entonces es costumbre celebrar la Eucaristía el 13 de cada mes caiga en el día de la semana que caiga. La primera romería se celebra en 1900, cuando se funda la Hermandad.
Después de aquella primera ermita, se han construido otras dos más en el mismo solar, una en 1973 y la que podemos contemplar actualmente, de mayores dimensiones que las anteriores, cuyas obras comenzaron en 1995, culminándose al año siguiente, e inaugurándose por el Sr. Obispo de la Diócesis de Jaén, Don Santiago García Aracil, en 14 de Marzo de 1998.
Por su parte, la imagen de Santa Lucía data de 1904, cuando es adquirida por la Hermandad una talla en madera policromada de escuela granadina de mediano tamaño para sustituir a una pequeña imagen anterior que se encontraba en muy mal estado de conservación, y que fue trasladada a la Iglesia Parroquial de Campillo. Esta imagen antigua se había colocado en 1853 en la hornacina que se había abierto en la roca y había pasado a presidir el altar mayor de la nueva ermita en 1858. La imagen actual ha sido restaurada en 2006 en el taller Legno Restauro de Úbeda. Procesiona sobre un pequeño trono en madera con apliques plateados y cuatro candelabros de metal plateado de tulipas de cristal, que data del año 1961.

Ermita de Santa Lucía de Campillo de Arenas
(foto: archivo propio)

LA ROMERÍA
 
Como se ha dicho, la romería tiene lugar el Domingo de Pentecostés, por lo que cada año varía la fecha de su celebración. Pero los actos festivos comienzan el día anterior, organizados por la Hermandad en colaboración con el Ayuntamiento de la localidad. El sábado por la mañana hay repique general de campanas y disparo de cohetes. Por la tarde, desfile por las calles de la banda de música, carretas y hermanos romeros, que ponen rumbo al Santuario. Una vez allí, tiene lugar una ofrenda floral en la Ermita, el rezo del Santo Rosario y la lectura del Pregón. Una verbena popular nocturna cierra los actos de este día.El Domingo despunta con una diana floreada por las calles de Campillo y la salida oficial de la Hermandad hacia la Ermita. A mediodía se celebra la Eucaristía. La jornada de convivencia transcurre en este bello paraje con la degustación de los buenos productos de la tierra, hasta que por la tarde llega el momento más esperado, la procesión de Santa Lucía por los alrededores de la Ermita, acompañando a la imagen cientos de personas, no sólo de Campillo, sino de toda la comarca, que se dan cita en Puerta de Arenas este día movidos por esta devoción tan extendida en Sierra Mágina.

IMÁGENES DE LA ROMERÍA 2012



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FOTOGRAFÍAS: JESÚS MOLINA GIMENO


Bibliografía:

- Fernández Hervás, Enrique. La Romería de Santa Lucía y el lugar de La Puerta de Arenas. 2001.
- Rubio Fernández, Juan. Fiestas Populares de la Provincia de Jaén. Jaén, 2003.
- VVAA. Romerías de Jaén. Jaén, 1998.


 

Iglesias de Jaén. Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Fuensanta de FUENSANTA DE MARTOS


Parroquia de Nuestra Señora de la Fuensanta de Fuensanta de Martos
(foto: archivo propio)

Se halla Fuensanta rescostada en un valle de la Sierra Sur de Jaén, junto al río y al manantial que son el origen mismo de su existencia. Justo donde mana el agua desde el interior de la tierra, los moradores del lugar construyeron una fuente, llamada "de la Negra", que sacralizaron colocando una imagen mariana de la Virgen que emerge de las aguas.
Si desde el punto de vista antropológico y de la tradición, esta surgencia de agua es el elemento más apreciado por los fuensanteños, desde la óptica artística y arquitectónica, el bien de mayor valor del municipio lo constituye la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Fuensanta, que posiblemente de forma consciente se construyó en el mismo eje de la fuente, al otro lado del río, también santo, cuyas aguas provenientes de las altas sierras de La Pandera riegan este fértil valle.
El edificio es renacentista, del siglo XVI, y viene a sustituir a una antigua ermita que se situaba junto al manantial citado y que quedó destruida por una riada. Al nuevo templo se trasladó la imagen que se veneraba en la ermita, Nuestra Señora de la Fuensanta, aunque es ésta una advocación que se extendió popularmente de manera errónea, siendo la verdadera la de Nuestra Señora de las Mercedes. Desde su erección, la Parroquia de Fuensanta dependió de la de Santa Marta de Martos hasta el día 1 de Septiembre de 1847 en que alcanzó su independencia, siendo su primer párroco Don José de Córdoba.

Nuestra Señora de la Fuensanta, o de las Mercedes, titular de la Parroquia y patrona de la Villa
(foto: archivo propio)

La obra carece de alardes estilísticos y es de reducidas proporciones. La planta es rectangular o de salón y presentaba originalmente una sola nave. En el siglo XIX se le añadió otra en el lado derecho o lado de la Epístola, con capillas hornacinas en el muro -siguiendo el ejemplo del paramento opuesto en la nave original-, y separándola de esta última con una serie de arcos formeros apuntados -siguiendo la estética neogótica de la época- que apoyan en sobrias columnas de orden toscano. Se cubre esta nave con bóveda de cañón rebajada, mientras la principal lo hace con techumbre de madera que no obstante queda oculta tras una decoración de estuco. El presbiterio se cubre con bóveda de cuarto de esfera sobre pechinas, decorada al fresco con una pintura que muestra a Dios Padre emergiendo de entre las nubes. A través del retablo mayor, obra contemporánea de escaso valor artístico, se abre un hueco de arco de medio punto que comunica con el pequeño camarín de la Virgen.
Tiene un coro en los pies, elevado sobre la puerta de entrada, y atravesado en su lado izquierdo por el volumen prismático de la torre. Destaca también en el interior una antigua pila baustismal en piedra con una taza de grandes dimensiones, quizás de la misma época que la propia iglesia.

Interior del templo parroquial. Naves principal y lateral
(foto: archivo propio)

Altar y Retablo Mayor
(foto: archivo propio)

Dios Padre. Pintura al fresco de la bóveda del Presbiterio
(foto: archivo propio)

Pila bautismal de piedra. Interior del templo parroquial.
(foto: archivo propio)

La iglesia se encuentra empotrada entre otras construcciones que la rodean, salvo su fachada principal en los pies, y unos metros de la lateral del lado del Evangelio. Exteriormente, el edificio es muy austero, realizado en buena sillería regular. Tiene dos portadas muy sencillas, una en el lateral mencionado, de arco de medio punto, y otra la principal, más grande, también de arco de medio punto sobre sencillas pilastras que ostenta en su clave una Cruz de Calatrava en relieve, recuerdo de la pertenencia de Fuensanta a esta Orden Militar. Tras una moldura que divide la totalidad de la fachada en dos cuerpos, remata el conjunto un ventanal adintelado. Esta portada aparece descentrada como consecuencia de la ampliación del templo en el XIX, apreciándose el diferente color y disposición de la piedra en el nuevo módulo, ubicándose en él un ventanal alargado y un óculo superior.
El elemento más destacado es la torre, en la esquina entre las dos portadas, que surge del propio cuerpo del templo, superándolo en altura, añadiendo un tercer cuerpo para campanario, aunque éste ya construido en ladrillo. Se abren en él cuatro vanos de arco de medio punto para albergar las campanas, cubriéndose con tejado a cuatro aguas. Sobre el tejado, una pequeña estructura de hierro sujeta otra campana y una cruz-veleta.
Durante el año 2008, la Iglesia sufrió una serie de remodelaciones, especialmente en las deterioradas cubiertas.

Fachada lateral del templo
(foto: archivo propio)

Torre campanario
(foto: archivo propio)

Fachada principal de la Iglesia
(foto: archivo propio)


Bibliografía:

- VVAA. Jaén, Pueblos y Ciudades. Jaén, 1998.
- VVAA. Guía Artística de Jaén y su Provincia. Sevilla, 2005.

    

En los Fogones de Jaén. ALBÓNDIGAS EN SALSA

El plato de hoy es un poquito más elaborado, pero no es nada difícil. Tiene una preparación previa muy importante, aunque no por ello es complicado.

Fotografía: María Cristina Gimeno Ramos 


Ingredientes para aliñar la carne:

- 1/2 kilo de carne picada (mezcla de cerdo y ternera).
- Sal.
- Perejil.
- Nuez moscada.
- Pimienta molida.
- 4 ó 5 ajos.
- Vino Blanco.
- 3 huevos.
- Pan rallado, el que admita.

Ingredientes para la salsa:

- 1/2 vaso de aceite de oliva virgen, de los pequeños.
- Una cebolla.
- Dos ajos.
- Dos o tres tomates maduros.
- Una cucharada sopera de maizena o harina.
- Unas hebras de azafrán.
- Una hoja de laurel.
- Colorante alimentario.
- Una pastilla de caldo.
- Sal. 
- Vino blanco.
- Patatas para freír (para acompañar).

Modo de hacerlo:

El paso previo es aliñar la carne, para lo cual utilizaremos un bol grande. La salaremos en primer lugar, luego añadiremos los ajos y el perejil muy picaditos. Le rallaremos la nuez moscada y la pimienta molida. Por último el vino blanco, un buen chorreón. Tapamos el bol con una parella (trapo de cocina) y dejamos macerar al menos dos o tres horas.

Batimos los huevos y mezclamos con la carne aliñada. Añadimos el pan rallado, poco a poco, con cuidado de que la mezcla quede blandita para hacer las bolas. Freímos y reservamos.

En una sartén  calentamos aceite para hacer un refrito con la cebolla, los ajos y los tomates, todo muy picadito. Cuando esté  el refrito le añadimos una hoja de laurel, pimienta en grano y medio vaso de vino blanco. Disolvemos una cucharada de maizena en un vaso de agua y le ponemos también un poco de colorante y se lo añadimos al refrito con las hebras de azafrán y la pastilla de caldo de carne. Echamos otro vaso de agua y dejamos que hierva. Rectificamos de sal.

Cuando esté la salsa vamos echando las albóndigas en la sartén y las cocemos un poco más en la salsa.

Acompañamos el plato con unas patatas fritas.


Buen provecho