viernes, 30 de noviembre de 2012

Castillos y Atalayas de Jaén. La Muralla Ciclópea de IBROS



Muralla Ciclópea de Ibros
(foto: archivo propio) 

¿CÓMO LLEGAR?

Se encuentra Ibros en el antiguo camino de Baeza a Linares, en uno de los pliegues de la Loma de Úbeda, en el área central de la Provincia de Jaén. Cuando se transita por la carretera que cruza la población, casi en la salida ya en dirección a Linares, nos llamará la atención un cartel que reza: "Muralla Ciclópea". Si seguimos la indicación, tomando por tanto dirección hacia la carretera de Canena, haciendo esquina con las calles Pilar y Castillo, se halla esta singular construcción. Dada la reciente inauguración de la Autovía A-32 Linares-Úbeda, es muy probable que el visitante utilice ya esta moderna vía, por lo que para llegar a Ibros habrá de tomar la salida 22 en Canena y coger la carretera local que une estas dos poblaciones y que sale de la antigua N-322.

UN POCO DE HISTORIA

Algunos testimonios identifican Ibros con la antigua Iberis o Ibris, de más que probable origen ibero. Precisamente la muralla de grandes piedras que nos ocupa es un buen testimonio de ello, reforzado además por el descubrimiento en 1918 de un enterramiento íbero de incineración con urna funeraria y armamento, situado a escasos 300 m. de distancia del casco urbano en la carretera de Canena. Ello permitió hacer una primera aproximación a la datación de la propia muralla, en algún momento entre el siglo II y I a.C. En esos momentos tardíos de la cultura ibérica, los romanos ya se encuentran en tierras del Guadalquivir y se imponen nuevos modelos de ocupación del paisaje, en los que parece que estas grandes estructuras defensivas son sitios estratégicos que delimitan y controlan territorios, caminos, fuentes de agua, e incluso campos de cultivo. De ahí que los romanos conserven y reparen estas estructuras para seguir utilizándolas, empleando muy a menudo mano de obra indígena, así como sus técnicas constructivas.
Fue Don Manuel de Góngora, en su Viaje literario por las provincias de Granada y Jaén, escrito en 1860, quien afirmó que la muralla de Ibros era de fábrica ibérica. Por primera vez, en tierras de Jaén, un resto arqueológico era definido ibero solamente por su tipología formal. Había sido Góngora catedrático y vicedirector del Intituto de Bachiller de Jaén entre 1854 y 1858 y, aunque ese último año marchó a Granada a ocupar la cátedra de Historia Universal en la Facultad de Filosofía y Letras, continuó vinculado a la Provincia de Jaén como Inspector de Antigüedades. Precisamente los restos documentados en Jaén serán uno de los pilares básicos de su obra Las Antigüedades Prehistóricas de Andalucía (1868), en la que la muralla ibreña aparece descrita y dibujada: "la forman inmensos sillares, alguno colocado en la parte superior, de tres metros y sesenta centrímetros de longitud por un metro y sesenta y tres centímetros de ancho. Sus piedras, tendidas en lechos horizontales, recuerdan célebres construcciones de Boecia, de Samos, de Micenas...".

Muralla Ciclópea de Ibros
Manuel de Góngora y Martínez. Antigüedades Prehistóricas de Andalucía (1868)

La muralla se encuentra en la zona Norte del casco urbano de la localidad y en una de sus cotas más bajas. Resulta un emplazamiento lógico desde el punto de vista estratégico ya que defendía la parte más vulnerable y más cercana a los cauces de dos arroyos cuyas aguas se juntan unos metros más abajo: el Arroyo de Valdehermosa y el Arroyo de los Bancos.
El muro circundaba la totalidad, o al menos parte, del perímetro de un poblado que, por la disposición de la muralla, debió ser de planta cuadrangular. Su grosor podría indicar la existencia de un camino de ronda en la parte superior de la misma para la vigilancia, completándose ésta con torres que jalonaban la estructura. La existencia de torres en esta muralla en concreto se conoce gracias a un documento del año 1647 por el cual el rey Felipe IV hacía donación de la alcaldía del castillo de Ibros a Don Juan Rus y Arcos, familiar del Santo Oficio, vecino de Jaén y natural de Ibros, que se comprometía con tal cesión a reedificarlo, apareciendo en la descripción que se hace del castillo la alusión a "...dos torres descubiertas". Dichas torres, bien podrían ser originales ibéricas, bien ser elementos añadidos posteriormente, ya en época medieval.
De hecho, durante el periodo musulmán parece que la fortificación sigue ocupada, de acuerdo con los restos de lápidas funerarias encontradas, así como en época cristiana, cuando pasa a estar bajo jurisdicción de Baeza por orden de Fernando III a mediados del siglo XIII. En 1358 el rey Pedro I entrega el barrio de Ibros donde se encontraba el castillo a Día Sánchez de Quesada, por lo que la aldea queda dividida en dos: Ibros el Rey, de realengo, perteneciente a Baeza, e Ibros el Señorío, unos años más tarde adscrito al Señorío de Santisteban del Puerto de la familia Benavides. En 1477, los Reyes Católicos ordenan el traspaso de la fortaleza al mariscal y corregidor Pedro de Ribadeneyra en un proceso de control de las fortificaciones del reino de Jaén ante el desorden existente por la lucha de bandos nobiliarios que tenían en los diferentes castillos sus puntos de apoyo, en especial en la comarca de la Loma.
A partir del siglo XVI debió ocurrir el progresivo desuso y abandono de estas defensas, como lo constata el documento antes citado de 1647 en el que se declara que el castillo está ruinoso y hundidas algunas de sus estancias. Será en el siglo XVIII cuando la muralla quede integrada en el inmueble que hoy podemos observar junto a ella, sirviendo de cerramiento del patio de la vivienda. El 3 de Junio de 1931, la Muralla de Ibros es declarada Monumento Nacional. Finalmente, en 1985, la Junta de Andalucía adquiere el inmueble anexo y en Octubre de 1986 procede a su restauración. 

Muralla Ciclópea de Ibros
Enrique Romero de Torres. Catálogo Monumental y Artístico de la Provincia de Jaén (1923)

LA MURALLA CICLÓPEA

La Muralla está realizada a base de grandes piedras de tipo arenisco superpuestas en hiladas, piedras que han sido trabajadas para mejorar su acople en un sabio e interesante sistema constructivo que, originalmente, no llevaba argamasa. Precisamente el tamaño de los sillares le ha dado su nombre actual, enmarcándose realmente en una arquitectura de tipo megalítico.
Son dos los lienzos de muralla los que se conservan, conformando un ángulo recto. El lado mayor (lienzo Oeste), que da a la Calle Castillo, mide 14,50 m., mientras que el menor (lienzo Norte), que da a la Calle Pilar, mide 12,55 m. En la parte interna a la muralla, estas medidas cambian por el grosor de la misma, siendo de 11,20 m. y 10,20 m. respectivamente. La anchura de la muralla oscila entre los 2 m. y los 6 m., y su altura entre los 3,80 y 3,95 en su parte expterior, mientras que en el interior alcanza los 3 m. Es en la esquina, en donde se unen los dos muros, el lugar en el que se aprecia la mayor robustez de la muralla, confiriéndole un aspecto sólido.
Se asienta sobre la roca viva, que también ha sido tallada en forma de grandes megalitos para aprovecharla como parte de la muralla. Se aprecia este afloramiento rocoso en la parte que da a la calle Pilar, donde ofrece la muralla su mayor amplitud y altura, dado el desnivel que presenta la otra calle por la que discurre (Castillo). Precisamente en el lienzo que da a esta última calle existe, unido al original y a continuación del mismo, un trozo de muro reciente de piedras irregulares y más pequeñas. Por otra parte, las piedras de menor tamaño que en la actualidad rellenan llagas y el mortero de cemento que las une, se corresponden con reparaciones posteriores. La muralla también se ha visto afectada por el hecho de haber sido utilizada como cantera hasta épocas recientes.
La Muralla Ciclópea de Ibros constituye, junto a la del Cerro de Santa Ana de Torredelcampo o la de Larva, las más antiguas muestras de fortificaciones militares prehistóricas de la Provincia de Jaén.   
 
Vista frontal de la Muralla Ciclópea de Ibros. Calle Pilar
(foto: archivo propio)

Detalle de los sillares de la Muralla Ciclópea de Ibros
(foto: archivo propio)


Bibliografía:

- Eslava Galán, Juan. Castillos y Atalayas del Reino de Jaén. 1999.
- Ruiz Rodríguez, Arturo. De la muralla de Ibros al lobo de Huelma: Jaén en la lenta construcción de una identidad para los iberos. I.E.G., 2001.
- VVAA. Jaén. Pueblos y Ciudades. Jaén, 1997.
- Web del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.


   

miércoles, 28 de noviembre de 2012

En los fogones de Jaén. BERENJENAS RELLENAS

En un artículo del periódico Ideal, de mediados de octubre, se hablaba de unas jornadas gastronómicas para promocionar la berenjena de gran arraigo en la cocina de Andújar. El objetivo de etas jornadas es el de "difundir y preservar un producto muy arraigado tanto en la huerta de la zona, como en la cocina iliturgitana desde tiempos ancestrales". Después de leer este artículo se me ocurrió introducir esta receta cuyo ingrediente principal es la berenjena de Andújar. Quiero, con ello, poner mi grano de arena  para promocionar los productos de nuestra tierra que son los que dan el sabor especial a nuestros platos.

Foto: Mª Cristina Gimeno

Ingredientes:

- Dos berenjenas. 
- 200 gr. de carne picada (puede ser de pollo, cerdo o ternera). 
- Dos tomates maduros rallados o 4 ó 5 cucharadas de tomate frito. 
- Una cebolla. 
- Un pimiento verde. 
- Cuatro sabanitas de queso.

 Para hacer la béchamel:

- 25 gramos de mantequilla. 
- 25 gramos de harina de trigo. 
- Un vaso de leche (un cuarto de litro). 
- Aceite de oliva virgen extra de Andújar. 
- Sal. 
- Pimienta negra molida. 
- Nuez moscada.

Modo de hacerlo:
 
Pon a calentar el horno a 200ºC. Corta las berenjenas en dos mitades a lo largo y con un cuchillo haz cortes profundos en su carne. Haz los cortes a lo largo y lo ancho pero sin romper la piel de la berenjena. Pon las cuatro mitades en la bandeja de horno (con la piel para abajo), añade un poco de sal a cada mitad y un chorrito de aceite. Mete en el horno y deja que se hagan de 20 a 30 minutos.
Pica la cebolla muy fina. En una sartén pon 4 cucharadas de aceite y sofríe la cebolla.
Mientras se fríe, lavamos el trozo de pimiento verde y lo picamos muy fino. Añadimos el pimiento a la sartén con la cebolla y dejamos freír unos cuantos minutos más.
Ahora cogemos la carne picada, en este caso he escogido una mezcla de cerdo y ternera. Cuando el pimiento esté listo añade la carne a la sartén y echa otra pizca de sal y deja al fuego hasta que pierda el color a cruda.
Sacar las berenjenas del horno, si están listas. Con cuidado de no quemarte, saca toda la carne de las berenjenas con la ayuda de un cuchillo o cuchara y con mucho cuidado de no romper la cáscara, pues nos servirán de base. Pica bien toda la carne de la berenjena y añade a la sartén. Déjalas unos minutos al fuego junto con todo lo demás.
A continuación añadimos el tomate natural rallado y dejamos cinco minutos, y si es tomate frito le damos unas cuantas vueltas para mezclar . Pasado este tiempo apaga el fuego, añade varias vueltas de molinillo de pimienta negra, prueba de sal y reserva el relleno.

Prepara la béchamel de la siguiente manera:
·  Pon en un cazo a calentar la leche.
·  En otro cazo derrite la mantequilla a fuego lento.
·  Cuando esté derretida añade la harina y deja que se cueza. Si la dejas poco tiempo la béchamel sabrá a harina cruda, por eso es importante dejar que la harina coja algo de color, aunque sin llegar a dorarla ni quemarla.
·  Ahora remueve bien, con una espátula de madera, la harina con la mantequilla hasta que la mezcla se desprenda de las paredes.
·  Cuando la leche esté caliente viértela sobre la mezcla y aparta del fuego.
·  Ahora toca remover constantemente hasta que desaparezcan los grumos de la béchamel. Luego cocina a fuego medio-lento durante unos 5 minutos.
·  Solo queda echar una pizca de sal y rallar un poco de nuez moscada sobre la béchamel.

Mezcla la béchamel con el relleno, reparte entre las cuatro mitades y, por último, pon encima una sabanita de queso y listo para gratinar.

Buen provecho




miércoles, 21 de noviembre de 2012

Iglesias de Jaén. Iglesia de Nuestra Señora de la Expectación, Santuario del Santo Cristo de Burgos. CABRA DEL SANTO CRISTO


Aspecto exterior de la Iglesia de Nuestra Señora de la Expectación de Cabra del Santo Cristo
(foto: archivo propio)

Antecedentes de la fundación del templo parroquial de Cabra

Cabra del Santo Cristo, localidad situada en la parte oriental de la comarca de Sierra Mágina, en el Sureste de la Provincia de Jaén, comenzó a ser un núcleo de entidad ya en el siglo XVI. Desde la conquista por Fernando III de la pequeña aldea y su castillo en 1245, la población de Cabrillas, como se llamaba entonces, fue intermitente y, cuando la hubo, escasa, dada la cercanía de la frontera con el reino nazarí de Granada. Estas tierras fueron cedidas al Concejo de Úbeda en 1254, reinando Alfonso X. Pero hasta 1492, una vez conquistada Granada, no se produjo la plena y libre disposición de dichas tierras (excelentes dehesas para el ganado) por parte del Concejo de aquella ciudad. A partir de entonces, ganaderos ubetenses se fueron asentando en el poblado, acrecentándolo. El proceso se aceleró a raíz del mandato del emperador Carlos V en 1545 permitiendo el asentamiento de 50 vecinos, creándose entonces el primer Concejo y el priorato de la Iglesia parroquial, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Expectación. También es nombrado el primer cura párroco, Don Gabriel Gila.

Vista general del templo de Cabra del Santo Cristo
(foto: archivo propio)

La llegada del lienzo del Santo Cristo de Burgos

Tras la ocupación de un primer templo provisional, las obras del actual comenzaron a finales del siglo XVI. Pero la falta de recursos económicos hizo que las obras transcurrieran muy lentamente. En 1637 ocurrirá un hecho que cambiará, no sólo el curso de la construcción del edificio, sino también de la historia de Cabra. La víspera del 20 de Enero del mencionado año, llegó a la población y pidió posada un arriero que transportaba un lienzo con la imagen del Santo Cristo de Burgos, imagen de Jesús crucificado muy venerada en aquella ciudad y en toda Castilla. Su destinatario era Don Jerónimo Sanvítores de la Portilla, natural de Burgos, muy devoto de esta imagen y que había sido enviado a Guadix para ocupar el puesto de corregidor de dicha ciudad, Baza y Almería. La realización del cuadro había corrido a cargo del pintor burgalés Jacinto Anguiano. La curiosidad de los huéspedes y dueños de la posada hizo que el arriero sacara el cuadro de la caja donde era portado, poniéndole María Rienda, la posadera, unas velas al Cristo que lo alumbraran toda la noche. A la mañana siguiente, María rezó devotamente a la imagen pidiéndole ser curada del brazo derecho, pues era manca, y lo pasó por el lienzo. Instantáneamente quedó sanada, echándose a la calle y proclamando a voz en grito el milagroso hecho. El cuadro fue llevado a la parroquia y venerado por los habitantes del pueblo, y a pesar de los requerimientos de su legítimo dueño para que le fuera devuelto, el cuadro quedaría ligado ya para siempre a la pequeña aldea de Cabrilla, que desde entonces pasó a denominarse Cabra del Santo Cristo. Si el lienzo permaneció en Cabra fue gracias a la rápida y eficaz intervención de dos individuos: el obispo de Jaén, cardenal Moscoso y Sandoval, que cedió una serie de privilegios al dueño, Señor Sanvítores, y el prior de la villa, el doctor Palomino de Ledesma y Aguilar, que hábilmente negoció entre las partes implicadas, dadas las expectativas económicas para su priorato que se desprendían de la permanencia de la imagen en Cabra.
 
Santo Cristo de Burgos que preside el retablo mayor de la Parroquia
(foto: archivo propio)

Maestros canteros en la Iglesia-Santuario de Nuestra Señora de la Expectación

Los beneficios económicos no se hicieron esperar. Cabra se convertiría en poco tiempo en uno de los santuarios más concurridos de la Andalucía oriental. Las obras del templo avanzan con gran rapidez. Éstas habían dado comienzo, curiosamente, por la zona de los pies, con trazas del afamado arquitecto Juan de Aranda y Salazar. Para finales del siglo XVII se habían completado la única y amplia nave del edificio, la fachada principal con su elegante portada -obra de Aranda y Salazar-, el monumental coro y la puerta lateral o "del Sol" -obras de Eufrasio López de Rojas-, así como los dos primeros cuerpos de la torre (Marcos Fernández Clavijo) y las cubiertas (Martín López Alcaraz).
Un nuevo milagro del Santo Cristo tiene lugar durante el transcurso de la procesión del año 1698 cuando el sagrado lienzo experimenta un extraño sudor, lo que es confirmado como sobrenatural por la autoridad eclesiástica. Ello se traduce en nuevos donativos y las obras del edificio continuarán a buen ritmo durante el siglo XVIII, levantándose entonces la cabecera (primera mitad de la centuria, obra de Juan Bolarín) y el airoso remate de la torre, ya en estilo neoclásico en la década de los noventa (siendo maestro de obras Ángel Vidal).

Lienzo que representa el Milagro del Sudor, que tuvo lugar en la procesión del año 1698.
Capilla lateral del templo.
(foto: archivo propio)

Descripción del edificio

La iglesia tiene la típica planta del templo contrarreformista barroco de una sola nave, cubierta con bóveda de cañón reforzada con arcos fajones. En los laterales se disponen capillas hornacinas (tres a cada lado) con arco de medio punto sobre impostas. El crucero se cubre con bóveda de media naranja sobre pechinas en las que se alojan pinturas de los cuatro Evangelistas, mientras el Presbiterio es una gran capilla hornacina en medio punto. El coro se sitúa a los pies, en alto y sobre gran arco carpanel.
Destaca en el interior el magnífico retablo mayor, obra barroca tallada por Francisco Briones y estofada por Luis de Melgares entre 1754 y 1761, pensada para acoger el lienzo del Santo Cristo de Burgos en el centro. Otros interesantes retablos de la misma época y de estética rococó son el de Nuestro Padre Jesús Nazareno y el de la Inmaculada Concepción, situados ambos en los laterales del principal. En el transepto, lado del Evangelio, se encuentra el antiguo retablo de la ermita de Santa Ana (desaparecida), obra del siglo XVIII, restaurado en 2015 por Antonio Custodio López, de Andújar. El patrimonio artístico de la Iglesia, muy mermado por diversas vicisitudes a lo largo de la historia -invasión francesa, guerra civil y las desafortunadas ventas de obras de arte por parte de algunos párrocos-, se completa con un púlpito de diferentes mármoles, y algunas pinturas: San Agustín y San Ambrosio, un Santiago Matamoros en la batalla de Clavijo y el lienzo que muestra el Milagro del Sudor, de ingenuo tratamiento, todas ellas obras del siglo XVII.


Nave principal del templo
(foto: archivo propio)

Vista del interior del templo hacia los pies. 
Interesante el púlpito, a la derecha de la fotografía. Al fondo, el coro en alto.
(foto: archivo propio)

Retablo Mayor del siglo XVII
(foto: archivo propio)

Retablo de Santa Ana, procedente de la ermita homónima desaparecida a principios del siglo XX
(foto: archivo propio)

Exteriormente, el edificio presenta sillería regular. La fachada principal tiene esquema triangular, siguiendo el perfil de la cubierta a dos aguas del edificio. En ella se abre una elegante portada en tres pisos. En el primero, arco de medio punto sobre impostas enmarcado por pilastras cajeadas, que sostienen un frontón partido que alberga, ya en el segundo piso, una hornacina con la imagen de la Virgen María, y sendos escudos laterales con las armas de la familia Sanvítores. Sobre la hornacina de arco de medio punto, frontón triangular inscrito en otro curvo ambos partidos por el escudo del Cardenal Moscoso y Sandoval. Remata el conjunto un gran vano de arco de medio punto enmarcado por moldura.
El planteamiento original de la fachada quizás incluyera la construcción de dos torres, quedando la de la derecha sin acabar, presentando en la actualidad un pilar algo escurialense decorado en el lateral por una voluta y rematado por una bola maciza. La torre, en el lado izquierdo, cuenta con tres pisos, de sencilla factura los dos primeros, concentrándose la decoración en el último, obra ya de finales del XVIII. Este campanario posee pilastras toscanas enmarcando vanos de medio punto retranqueados para albergar las campanas, uno en cada lado. Las esquinas están achaflanadas. Sobre la cornisa, un original remate con cupulilla semiesférica de anillos concéntricos.
La portada lateral, lado de la Epístola, llamada "del Sol" por su orientación Sur, es obra de López de Rojas y es de ejecución más sencilla que la principal. Sobre el arco de medio punto de acceso se abre un gran ventanal enmarcado por moldura y escudos laterales de nuevo de la familia Sanvítores. Sobre la cornisilla del ventanal, se alza el escudo del Obispo Andrade de Castro.  
La Iglesia fue declarada Bien de Interés Cultural en 1982.

Portada principal, obra de Juan de Aranda Salazar
(foto: archivo propio)

Portada lateral o "del Sol", en el lado Sur, obra de López de Rojas
(foto: archivo propio)

Panorámica parcial de Cabra del Santo Criso en la que sobresale la mole de su templo parroquial
(foto: archivo propio)


Bibliografía:

- Gila Medina, Lázaro. Cabra del Santo Cristo: Arte, Historia y el Cristo de Burgos. Granada, 2002.
- VVAA. Guía Artística de Jaén y su Provincia. Sevilla, 2005. 
- VVAA. Jaén. Pueblos y Ciudades. Jaén, 1997. 




jueves, 15 de noviembre de 2012

Fuentes de Jaén. La Fuente de los Chorros de ORCERA


Vista frontal de la Fuente de los Chorros de Orcera
(foto: archivo propio)

La Fuente de los Chorros se sitúa a las espaldas del templo parroquial 
de Nuestra Señora de la Asunción de Orcera
(foto: archivo propio)  

Es todo un placer pasear por las estrechas calles del casco antiguo de Orcera, población perteneciente a la comarca de la Sierra de Segura, al Noreste de Jaén. No en vano, Orcera ha sabido conservar la que posiblemente sea la mejor muestra de arquitectura popular de toda la Provincia. Uno de los rincones más atractivos del entramado urbanístico orcereño se encuentra a las espaldas de la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Presidiendo una recoleta plazuela ajardinada se encuentra esta fuente monumental de sencillas formas pero elegante traza.
Se desconoce la fecha de ejecución de esta fuente. Las Relaciones Topográficas de los pueblos de España, mandadas hacer por el rey Felipe II en 1575, en el apartado dedicado a Orcera, por aquel entonces arrabal de la villa de Segura de la Sierra, nos dan noticia de la existencia de una fuente en la plaza: "...de la dicha fuente de Sancta María (situada ésta a las afueras de la población en dirección a la vecina localidad de Benatae, junto al desaparecido monasterio franciscano de Santa María de la Peña) se toma y trahe el agua a la plaça de el dicho lugar donde ay una prinçipal fuente de dos cannos de hierro con su pilar de donde todo el pueblo se sirve y abreban sus bestias". Bien podrían referirse las Relaciones a esta fuente, que pudo construirse, por tanto, al tiempo de la propia Iglesia parroquial, en el siglo XVI, y posteriormente ser trasladada detrás del templo. Orcera vive a partir de la década de los 30 de esta centuria una renovación urbanística importante que tiene como centro neurálgico la plaza de la Alhóndiga en donde comienza a levantarse el templo parroquial. La fuente de los Chorros pudo, en definitiva, ser un elemento más de dicha renovación. No obstante, su aspecto clásico ha llevado a otros autores a fecharla en el siglo XVIII.

Escudo de Orcera en el centro de la fuente
(foto: archivo propio)

La fuente se encuentra empotrada en la fachada de una casa. Es de sillería en piedra, de diseño apaisado, formada por un gran frontis en cuya parte central se abren dos arcos de medio punto ciegos, de relleno en ladrillo, en los cuales se sitúan dos caños de bronce que afloran en el centro de unas rosetas de seis pétalos o puntas talladas en piedra, y que desaguan en piletas cuadradas. Sobre el cuerpo principal, un gran frontón triangular en cuyo centro está reproducido, también en piedra, el escudo de la villa, elemento añadido ya en el siglo XX. Rematan el frontón un conjunto de grandes piñas esculpidas sobre basamentos, una en el centro y las otras dos en las esquinas, decoración que se repetía en la baranda que estaba situada delante de la fuente como se puede comprobar en una fotografía antigua de principios del siglo XX que reproducimos a continuación. Precisamente en el mismo documento gráfico se aprecia el enorme pilar a los pies del conjunto, que fue suprimido en su restauración. Los bloques de piedra de este pilar fueron reaprovechados para construir la escalinata de acceso al templo parroquial.

Fuente de los Chorros en una fotografía de 1911. 
No aparece el escudo de la localidad (la cartela central está vacía) y se aprecia la baranda antigua jalonada de balaustres en piedra, así como el antiguo pilar.
Portfolio Fotográfico de España. Provincia de Jaén